El verdadero sentido de La Odisea
El estreno de la muy comentada película de Christopher Nolan es una excelente oportunidad para reflexionar sobre el verdadero aspecto central del poema de Homero.
Recientemente se estrenó una de las películas más comentadas en la actualidad, La Odisea, que fue dirigida por el británico Christopher Nolan, quien además es el autor del guion. El film ha dado origen a numerosos debates, ya que algunas personalidades han cuestionado la adaptación de Nolan del poema de Homero, siendo una de ellas Emily Wilson, quien publicó en 2017 una traducción completa del texto al inglés. Si bien hemos visto la película y encontramos en ella aciertos y errores, no es nuestra intención en esta nota sumarnos a dichos debates. Mucho menos nuestro propósito es internarnos en la llamada “cuestión homérica”, es decir, la discusión sobre la real existencia de Homero y la verdadera identidad del autor de la Ilíada y La Odisea. No, nuestro objetivo es otro y para llegar a este rememoraremos previamente los más célebres episodios de la obra en cuestión.
Comencemos por recordar que después de la guerra de Troya, Odiseo (más conocido por su nombre latino, Ulises) emprende el regreso hacia Ítaca, su tierra, el lugar desde donde partió años atrás y en la cual lo esperan su esposa Penélope y su hijo Telémaco. Sin embargo, el viaje que en circunstancias normales habría durado apenas unas semanas termina extendiéndose durante muchos años; viaje en el cual Ulises debe enfrentarse a diferentes peligros que ponen a prueba continuamente su astucia.
La primera escala importante ocurre en la tierra de los lotófagos, donde los navegantes descubren un pueblo que se alimenta del loto, una planta cuyo fruto provoca el olvido. Como Ulises advierte el peligro de que quienes prueban dicha planta pierden inmediatamente el deseo de regresar a su patria, ordena a sus hombres volver a las naves.
Luego, los navegantes llegan a una isla donde encuentran una enorme caverna repleta de quesos, leche y ganado, y poco después viene el dueño de ese lugar, Polifemo, un gigantesco cíclope de un solo ojo, hijo de Poseidón. El cíclope encierra a los griegos dentro de la caverna bloqueando la entrada con una roca gigantesca y comienza a devorarlos. Frente a una fuerza imposible de vencer mediante el combate directo, Odiseo recurre a su inteligencia y le ofrece vino al gigante, quien nunca había probado una bebida semejante. El cíclope cae profundamente dormido, los griegos preparan una enorme estaca de olivo, la endurecen al fuego y la clavan en su único ojo dejándolo ciego.
Si bien habían cegado a Polifemo, los navegantes todavía debían escapar de la cueva. Como el cíclope deja salir a las ovejas de allí, pero antes palpa el lomo de cada una, Odiseo idea una nueva estratagema, atar a cada hombre bajo el vientre de un carnero, logrando de ese modo abandonar el lugar sin ser descubiertos. Sin embargo, Poseidón, Dios del mar y padre de Polifemo, desata su furia y ello explica muchas de las desgracias que de allí en adelante sufrirán Odiseo y sus hombres.
Otro de los lugares a los que luego llegan los navegantes es la tierra de los lestrigones, una raza de gigantes antropófagos, quienes atacan violentamente a los extranjeros arrojándoles enormes rocas desde los acantilados, destruyendo a muchas de las embarcaciones. Numerosos compañeros de Odiseo mueren aplastados o devorados por los gigantes, pero este logra salvarse ya que prudentemente había dejado su embarcación más alejada del lugar.
Emprenden entonces los navegantes nuevamente el viaje y llegan a un lugar habitado por la hechicera Circe, quien aparenta ser una amable anfitriona y les ofrece un banquete a los hombres de Ulises. Sin embargo, ese banquete está mezclado con filtros mágicos, lo cual lleva a que estos terminen convirtiéndose en cerdos. Por su parte, munido de una protección que lo hace inmune a los hechizos, nuestro héroe se enfrenta a Circe y la obliga a devolver la forma humana a sus hombres. Antes de partir nuevamente, la hechicera les indica el camino que deben recorrer ahora hacia el reino de los muertos, el inframundo, el Hades. Una vez llegados allí, Tiresias, el adivino, le menciona a Ulises las pruebas que aún deberá afrontar.
Luego, nuevamente en el reino de los vivos, el héroe debe encarar un diferente peligro, las sirenas. Estas criaturas atraen a los navegantes mediante una música tan hermosa que nadie puede resistirse a escucharla y quienes se acercan demasiado terminan estrellando sus barcos contra las rocas y mueren sin remedio. Para enfrentar este nuevo desafío, Ulises tapa con cera los oídos de todos sus marineros para impedir que escuchen la mencionada melodía y ordena que a él lo aten al mástil de la nave. Pasan entonces cerca de las sirenas y los navegantes se sobreponen a esta prueba y se alejan del lugar.
Después llega el paso por las llamadas Rocas Errantes, que eran enormes masas de piedra que chocaban entre sí destruyendo todo barco que intentara atravesarlas. Sabiendo de este peligro, Ulises propone pasar por otra ruta y dirigirse hacia un paso diferente, pero igualmente peligroso, ya que deberán pasar por un estrecho dominado por dos monstruos. A un lado del estrecho se encuentra Escila, una criatura espantosa de seis cabezas que acecha desde una gruta elevada, y del otro lado se halla Caribdis, un monstruoso remolino que varias veces al día absorbe enormes cantidades de agua para volver a expulsarlas con violencia.
Como Odiseo ha sido advertido que no podrá salvarse de ambos peligros a la vez, decide entonces aceptar la alternativa menos dolorosa. Dado que el remolino ha de llevar a todos sus hombres a la muerte, nuestro héroe ordena pasar cerca de Escila, quien surge repentinamente y captura con sus diferentes cabezas a seis marineros. Este es uno de los momentos más dolorosos, ya que por primera vez la inteligencia de Ulises resulta insuficiente para salvar a todos.
Posteriormente, una última prueba espera a Odiseo y sus hombres en la isla de Helios, el Dios del Sol, en la cual pastan los rebaños sagrados y se les ha advertido a los navegantes que nadie debía toca a esos animales. Sin embargo, una larga tempestad impide abandonar la isla y las provisiones comienzan a agotarse, por lo cual, aprovechando la ausencia momentánea de Ulises, sus hombres sacrifican parte del ganado para alimentarse. La desobediencia desencadena la ira de Helios por lo que, apenas los navegantes reanudan el viaje, una terrible tormenta destruye el barco como castigo. Todos los marinos mueren ahogados y solo Odiseo consigue sobrevivir.
Por último, hallándose solo, el héroe aferrado a un madero y tras una larga travesía, logra llegar a una isla donde se encuentra la ninfa Calipso quien, enamorándose de Ulises, lo cuida, alimenta y sana sus heridas. Nuestro héroe pasará allí siete años, hasta que la intervención de la diosa Atenea logra que este sea finalmente liberado y pueda emprender su viaje a Ítaca.
Habiendo narrado hasta aquí los más célebres pasajes de la Odisea, queremos, ahora sí, plantear el aspecto central de esta nota. Excepto lo relativo a Calipso (que lo hemos relatado solo para dar la visión de cómo finaliza esa etapa del viaje de Ulises), todos los demás episodios constituyen una parte, solo una pequeña parte del total de la obra. Todas las diferentes peripecias que hemos relatado que sufren Ulises y sus hombres (que de hecho son las más conocidas por el público en general) componen apenas la sexta parte del total del poema homérico. En otros términos, queremos poner de relieve que lo que muchos pueden llegar a tener como la parte principal de la obra, en verdad está lejos de serlo.
La Odisea consta de veinticuatro cantos, los cuales suelen dividirse para su análisis en tres partes. La primera de ellas (cantos I a IV) se denomina “Telemaquía” y se centra en Telémaco, el hijo de Odiseo, y en la situación caótica en Ítaca por la ausencia prolongada de su padre. Allí, los pretendientes asedian el palacio, devoran la hacienda y presionan a Penélope, la esposa del héroe, para que se case con uno de ellos accediendo así a reinar en el lugar. Ante la prolongada ausencia del padre y siendo ya mayor, Telémaco inicia un viaje a diferentes lugares de Grecia para obtener noticias de Ulises.
Salteando por el momento la segunda parte (que es en la que queremos detenernos), la tercera (cantos XIII-XXIV) relata la venganza en Ítaca. Allí se cuenta cuando el héroe llega y se disfraza de mendigo, cuando se encuentra con Eumeo (un fiel porquerizo), e incluso con Telémaco, quien ha regresado a su tierra. Se trama entonces entre ellos la venganza, entrando Ulises disfrazado de mendigo al palacio. Allí, Penélope propone la prueba del arco, logrando solo Odiseo tensarlo. Se produce entonces el reconocimiento de su verdadera identidad y comienza la matanza de los pretendientes, pudiéndose reunir finalmente nuestro héroe con su esposa e hijo.
Volviendo entonces ahora sí a la segunda parte (cantos V a XII), en esta se narra el regreso de Odiseo, desde la isla en que se encuentra con la ninfa Calipso hasta llegar a Ítaca. Esta parte a su vez puede subdividirse en dos secciones diferenciadas.
En la primera subparte (cantos V a IX), se narra que Odiseo es retenido en una isla durante siete años por la ninfa Calipso hasta que es liberado por intervención de Atenea. Emprende entonces el héroe el viaje en solitario arribando a la tierra de los feacios, donde llega al palacio y es invitado a un banquete. Por otro lado, en la segunda subparte (cantos IX a XII), conocida bajo el nombre de “Apólogos”, en el lugar mencionado Ulises da a conocer su verdadera identidad y relata todas las peripecias sufridas con anterioridad por él y sus hombres. En otras palabras, allí narra todas las célebres aventuras anteriormente corridas por nuestro héroe (lotófagos, Polifemo, Circe, etc.); relato que en términos actuales denominaríamos como “flashback” y que está contenido en solo cuatro de los veinticuatro cantos del poema.
En suma, los monstruos no son el verdadero objetivo del viaje, sino las pruebas sufridas durante el recorrido. Ítaca es el sentido del viaje y por eso el poema termina cuando Odiseo recupera su lugar entre los suyos y restablece el orden de su reino, no cuando derrota al último monstruo. Polifemo, Circe, las sirenas o Escila son inolvidables, pero Homero no compuso un texto sobre monstruos, sino sobre un hombre que intenta volver a su lugar de origen. Al respecto, no está de más recordar que los griegos denominaban “nóstos” al regreso o vuelta al hogar y que, si a este “nóstos” se le une “algos” (que significaba dolor), obtendremos la palabra “nostalgia” que, como señala el diccionario, es “la pena de verse ausente de la patria”.
*Licenciado en Letras (UBA), Magíster en Sociología de la Cultura (UNSAM). IG @carloscampora100.
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