Jauretche, el político y el intelectual
El 25 de mayo se cumplirá un nuevo año desde el fallecimiento de Arturo Jauretche, fecha que invita a recordar las dos facetas del pensador nacional.
Como es sabido, el 16 de septiembre de 1955 se produjo un golpe de Estado que derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón, dando origen así a la llamada “Revolución Libertadora”, marcando un período de casi dos décadas de inestabilidad política. Dejando a un lado este nivel institucional, lo que aquí nos interesa es lo que significó en la vida de un hombre en particular, Arturo Jauretche. Si hasta ese momento su trayectoria había estado centrada en la actividad política, a partir del señalado suceso comienza una nueva etapa en su vida, la de la labor intelectual. Precisamente, son estos dos aspectos fuertemente entrelazados en la vida de Jauretche los que abordaremos en esta nota.
Comencemos por recordar las primeras etapas de su vida. Nació el 13 de noviembre de 1901 en Lincoln, pueblo del noroeste de la provincia de Buenos Aires. Su familia era de clase media, con un padre empleado y una madre maestra. La escolaridad primaria la realizó en su pueblo natal, pero una parte de sus estudios secundarios los realizó en otro lugar de la provincia, Chivilcoy. En cuanto a los estudios superiores, Jauretche se dirigió a la Capital Federal donde ingresó a la Facultad de Derecho y después de unos estudios universitarios irregulares (por problemas económicos y actividad política) se recibió de abogado.
Con referencia a su actividad política, aunque resulte un tanto inverosímil dada su trayectoria posterior, en sus inicios Jauretche era conservador, siguiendo las huellas de su padre, adherente al Partido Conservador. Por cierto, ya en los años veinte, se encuadra dentro de los radicales yrigoyenistas y enrolado en esa vertiente, se produce en el país en 1930 un golpe de Estado que derroca precisamente al gobierno radical de Hipólito Yrigoyen. Al año siguiente, se realizan unas elecciones presidenciales en las cuales se impuso el binomio de la alianza política denominada “Concordancia”, Agustín P. Justo y Julio Roca (hijo), elecciones en las que la UCR (Unión Cívica Radical) se abstiene de participar por considerarlas fraudulentas.
Desde allí, se producen distintas sublevaciones contra el gobierno conservador de la época, como las encabezadas por el teniente coronel Pomar en 1931 y el teniente coronel Cattáneo en 1932. De estas asonadas, la que aquí importa tener en cuenta es la del teniente coronel Roberto Bosch hacia fines de 1933 en la cual interviene Jauretche. Al igual que en las otras sublevaciones, esta es derrotada y los militantes radicales que participaron en ella son encarcelados en Corrientes.
Detenido allí unos cuatro meses, nuestro autor escribe El Paso de los Libres, que es un extenso poema que narra la frustrada sublevación en que él había participado, escrito a la manera de la literatura gauchesca. Un detalle singular para mencionar, que al igual que su inicio político parece inverosímil, es quién fue el que escribió el prólogo: nada más ni nada menos que Jorge Luis Borges. Cabe hacer notar que este es el único antecedente como escritor de Jauretche previo a su labor ensayística posterior.
Por otro lado, 1935 marca un jalón importante en la trayectoria de nuestro autor ya que es el año en que junto con otros correligionarios crea una agrupación política que sería sinónimo del nacionalismo popular: FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina). A esta creación se llega porque a fines de 1934, en la Convención Nacional de la UCR, se oponían las posturas a favor y en contra de mantener la abstención electoral. Cuando el 2 de enero de 1935 en la Convención se decidió concurrir en el futuro a las elecciones, algunos radicales como el ensayista que reivindicaban la posición abstencionista formaron la mencionada agrupación, que se escinde de la UCR. El pensamiento de este grupo se verá reflejado en los denominados “Cuadernos de FORJA”, en la redacción de varios de los cuales interviene Raúl Scalabrini Ortiz, quien mantuvo una larga amistad con Jauretche. A diferencia de Scalabrini, es de hacer notar que nuestro autor no escribe ninguno de los citados “Cuadernos”.
Con posterioridad, en los años cuarenta, el grupo de FORJA finalmente decide disolverse y muchos de sus miembros se incorporan al peronismo, ocupando varios de ellos posiciones en el gobierno de la provincia de Buenos Aires durante la gobernación del coronel Domingo Mercante. En el caso de Jauretche, él queda a cargo de la presidencia del Banco de la Provincia de Buenos Aires. Sin embargo, en enero de 1950, por disidencias principalmente en cuanto a los cambios que se iban efectuando en la política económica, él renuncia a su cargo y luego se repliega a la vida privada sin intervenir en la escena pública hasta después del golpe de Estado de 1955.
Como mencionamos en el inicio de esta nota, el año 1955 marca un hito fundamental en la trayectoria de Jauretche. Si hasta ese año el autor había tenido básicamente una actividad como político, a partir de ese momento le suma su labor como intelectual. Nótese que decimos “suma”, es decir, no entendemos que abandona lo político, sino que a partir de allí lo político lo vuelca fundamentalmente en sus ensayos.
Con el derrocamiento del gobierno peronista, Jauretche vuelve a la escena pública y si bien por disidencias con el rumbo económico del gobierno había renunciado, una vez caído el peronismo sale en su defensa publicando en ese mismo año su primer texto. Se inicia así su período como un intelectual dedicado a la producción de ensayos, de los cuales aquí abordaremos el primero de la serie y los dos que consideramos más relevantes de su trayectoria.
El primer ensayo que da a conocer está dedicado a realizar una fuerte crítica sobre el análisis efectuado sobre la situación de nuestro país luego del gobierno peronista por Raúl Prebisch, un reconocido economista de la época. Cabe recordar que el gobierno peronista había presentado dos momentos con características claramente diferenciadas. En la primera parte del período, la Argentina había sido beneficiada por distintos factores. Sin embargo, una segunda parte muy diferente del período se inició hacia mediados de siglo, ya que distintos elementos habían llevado al país a padecer un marcado desequilibrio externo.
Cuando se produce la caída del peronismo, en los momentos iniciales de la denominada “Revolución Libertadora”, el primer presidente del nuevo gobierno, el general Eduardo Lonardi, nombró a Raúl Prebisch asesor financiero y económico, el cual elaboró distintos informes con la colaboración de economistas ortodoxos. El primero de estos trabajos, “Informe preliminar sobre la situación económica”, presentaba un panorama sombrío sobre la situación económica dejada por el peronismo. A ese diagnóstico elaborado por el economista, se enfrenta Jauretche con El Plan Prebisch. Retorno al Coloniaje, publicado en diciembre de 1955.
A lo largo de ocho capítulos, el ensayista va señalando sus puntos de discrepancia con Prebisch con respecto a la realidad económica de la época. Dada la índole de los aspectos tratados en la obra y la forma en que nuestro autor los aborda (numerosos datos y cifras sobre asuntos económicos que le otorgan un carácter más bien de tipo técnico), el ensayo presenta diferentes rasgos de los que se tornarán característicos en otros escritos suyos posteriores, como ser un estilo campechano y un tono socarrón.
Por otro lado, en 1957 aparece uno de los ensayos más importantes de su producción, Los profetas del odio, que diez años después, sufrirá variados cambios y un extenso agregado convirtiéndose en Los profetas del odio y la yapa. En su versión original, el texto presenta dos elementos que consideramos muy significativos: el más obvio, las críticas que dirige a otros intelectuales en particular y a la intelectualidad argentina en general (en sus términos, la intelligentzia), y otro menos obvio (y no siempre tenido en cuenta), la compleja postura que asume el ensayista frente al peronismo.
En cuanto a los intelectuales en particular, la obra presenta cinco capítulos dedicados a tres intelectuales: Ezequiel Martínez Estrada, Jorge Luis Borges y Julio Irazusta. De ellos, Jauretche destina la mayor cantidad de páginas al primero, ya que le dedica los tres primeros capítulos, mientras que a los otros intelectuales le adjudica un solo capítulo a cada uno.
Sobre los tres intelectuales a los cuales Jauretche dirige sus críticas, hay que hacer notar que estos presentan claras diferencias entre sí, pues son figuras que tenían distintas trayectorias. Sin embargo, estos tres autores tenían un punto de unión: habían realizado críticas al peronismo. En este sentido, si se recuerda que en esos momentos la llamada “Revolución Libertadora” se proponía una tarea “desperonizadora”, hay que ver en Jauretche una toma de posición defensiva de ese movimiento político, dirigiendo sus reproches a quienes lo atacaban. Hay que destacar que nuestro autor realiza esta defensa a pesar de las propias reservas que tenía sobre el peronismo.
Por otra parte, en cuanto a la “intelligentzia”, hay que recordar que esta noción originalmente aludía a ciertos grupos intelectuales de Rusia, hacia mediados del siglo XIX. Con esta noción, nuestro autor se refiere a los intelectuales que no tienen una visión propia de los problemas nacionales. En sus palabras: “He tratado de señalar esa constante de la ‘intelligentzia’ argentina que le ha impedido cumplir una función útil al país, (…) por su actitud simiesca y su incapacidad de creación que principia por el desconocimiento de los factores propios en juego”.
Sobre el motivo por el cual Jauretche usa esta noción, hay que señalar que la utiliza para establecer una clara diferencia con una “genuina inteligencia”, siendo esta última la que piensa que tiene una responsabilidad política y posee una visión abarcadora de los problemas nacionales. Desenmascarar esa “falsa inteligencia” (o sea, la “intelligentzia”) para que no sea confundida con una “verdadera inteligencia” parece ser el motivo que mueve al ensayista a escribir esta obra.
Por último, con referencia a Los profetas del odio, un aspecto importante a señalar es la postura de Jauretche frente al peronismo. Aunque algo extensa, aquí queremos citar lo que dice el propio autor, pues entendemos que es la mejor manera en que puede apreciarse cuál es realmente su postura: “Quiero dejar establecido que puedo tratar estos temas por encima de la posición de hombre de partido, sin negar el mío, que lo tengo y lo reivindico con orgullo, evitando las militancias cortas, para ver el país desde una perspectiva general. Desde esa perspectiva se percibe claramente que existe un movimiento nacional más amplio que las designaciones partidarias, que establecen diferencias de matiz y programáticas, pero que presuponen el supuesto básico de un pensamiento fundamental común”.
Es decir, el ensayista trata de tener una “perspectiva general” desde la cual entiende que existe un “movimiento nacional más amplio que las designaciones partidarias”, o sea, cabe entender que ese “movimiento nacional” incluye al peronismo, pero a la vez lo excede. En otros términos, Jauretche reconoce el aporte del peronismo, pero de ninguna manera ello quiere decir que sea un adherente incondicional a este movimiento político.
Sobre la relación entre Jauretche y el peronismo, queremos destacar que en Los profetas del odio hay una crítica implícita al propio Perón. Nuevamente, conviene citar las palabras de nuestro autor: “Se hizo de la doctrina nacional una doctrina de partido y de la doctrina de partido una versión exclusivamente personalista (…). Se quitó al militante la sensación de ser, él también, un constructor de la historia (…) y se impidió sistemáticamente la organización de abajo a arriba, sustituyéndola por otra de arriba abajo”. Si se lee con cuidado, aunque lo diga con otros términos, puede verse que nuestro autor cuestiona la obsecuencia que habría estimulado el gobierno peronista.
La tercera de las obras a la que queremos referirnos es, sin duda, la principal y más famosa de Jauretche, El medio pelo en la sociedad argentina, publicada en 1966. Sobre este ensayo, una cuestión básica para aclarar es el significado que el autor le otorga a la expresión “medio pelo”, pues ha sido motivo de confusión. En las propias palabras de Jauretche: “El medio pelo procede de dos vertientes. Los primos pobres de la alta clase y los enriquecidos recientes”. ¿Quiénes son “los primos pobres de la alta clase”? Aquellos que, habiendo pertenecido en anteriores momentos a la clase alta, se vieron envueltos en un declive económico, pero tratan de aparentar que todavía son lo que antes fueron. ¿Quiénes son “los enriquecidos recientes”? Básicamente, elementos de la clase media alta y de la burguesía de carácter industrial surgida con el peronismo.
En cuanto a la estructura del ensayo, este consta de dos partes principales. Por un lado, los primeros siete capítulos dedicados a examinar la evolución histórica y ciertos rasgos de las clases sociales en nuestro país; por otro lado, los restantes cinco capítulos que, a la vez que continúan refiriéndose a las clases sociales, están dedicados especialmente al tratamiento de diversos aspectos relativos al “medio pelo”. Para su análisis, el ensayista toma en cuenta tres clases (burguesía, clase media, clase obrera). Sin embargo, de estas tres clases hay dos a las que el autor dedica mayor atención, la burguesía y la clase media, que son las que le preocupan acorde con el proyecto político que sostiene.
Precisamente, con referencia a su proyecto político, resulta claro que el ensayista está lejos de proponer una lucha entre clases sociales. En efecto, en este ensayo retoma una idea ya expresada anteriormente en Los profetas del odio: “Ni el proletariado, ni la clase media, ni la burguesía, por sí solos pueden cumplir los objetivos comunes de lucha de la liberación nacional”. En consecuencia, para Jauretche, lo que se necesita es construir un gran frente policlasista donde estuviesen integrados los obreros, la clase media y una fracción de la burguesía. Para él esta sería la forma de derrotar a los intereses tanto nacionales como extranjeros que se oponen a un desarrollo pleno de nuestro país.
Es sabido que Jauretche ha sido considerado como el expositor más destacado de la línea del pensamiento político del nacionalismo popular, lo cual implica adoptar una postura que defienda los intereses nacionales.
Por cierto, de la lectura de sus ensayos son muchas las enseñanzas que pueden extraerse. Entre ellas, creemos que hay una que sobresale, insistentemente mencionada y que de alguna manera sintetiza a las demás: “Pensar la Argentina con ojos propios”. En momentos como los actuales en que cierto sector político propone un alineamiento automático, incondicional, subordinado a una potencia extranjera, no está de más citarla nuevamente: “Pensar la Argentina con ojos propios”.
*Doctor en Ciencias Sociales (UBA).
IG @carloscampora100.
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