“Keiko Fujimori está triste y no creo que diga que hubo fraude”
Mientras el bando de Sánchez celebra un conteo rápido que vuelve a partir al país, el analista Kurt Mendoza examina el rostro triste de la líder de Fuerza Popular y anticipa un escenario de cautela ante una ventaja que parece irreversible.
El balotaje en Perú vuelve a exhibir una sociedad fracturada donde "las cifras han sido volteadas" a favor del candidato Roberto Sánchez. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el analista geopolítico Kurt Mendoza advirtió que nota "mucho desánimo" y un "gesto de resignación" en Keiko Fujimori, a diferencia de la elección pasada donde "gritó rápidamente fraude". Con un resultado ínfimo que tardará semanas en definirse, Mendoza concluyó que "el que celebra es el que se siente ganador y la que no celebra es la que va segunda".
Kurt Mendoza es un periodista, investigador y analista peruano, especializado en geopolítica y temas del Vaticano. Trabajó como jefe de prensa y comunicador oficial de la Conferencia Episcopal Peruana entre 2018 y 2023.
Vemos el caso de Perú preocupados en la Argentina. Vemos la polarización creciente; tememos que nos pase algo parecido el año próximo y de que tengamos un país absolutamente dividido con dificultad de poder reconciliarse. Todo parece indicar que Keiko Fujimori perdió las elecciones, lo contrario a lo que se suponía otra vez volver a pasar, que las encuestas indican, aunque en este caso por muy pequeña diferencia, una tendencia opuesta a la que se produce. Pero más allá de quién sea el ganador, dado que la diferencia es tan ínfima, lo que nuevamente vemos es una sociedad fragmentada. ¿Cómo lo están viviendo allí? ¿Cómo cree usted que esto va a terminar resolviéndose?
A esta hora, al haber pasado casi 48 horas de los comicios en Perú de la segunda vuelta del balotaje, todavía la situación no es clara. Las cifras han sido volteadas para Keiko Fujimori y, por lo tanto, el candidato Sánchez sería en estos momentos el ganador; pero todavía falta contar por lo menos un 3 o 4% de las actas de los centros de votación de las zonas de todo el Perú y, asimismo, ingresar las actas que vienen del extranjero, porque aquí no hay voto electrónico. Este es un ingreso manual de datos al sistema de cómputo y, además, faltan resolver 1.500 actas que han sido impugnadas.
Y eso va a tomar un tiempo: va a tomar dos, tres, cuatro semanas. Yo creo que la angustia, la incertidumbre de una parte del electorado todavía se va a despejar en un mes. El Jurado Nacional de Elecciones dijo un día antes de la votación, que está en calidad de confirmar que recién en el 15 de julio podría dar resultados definitivos. Entonces, en este escenario, lo que usted decía es muy importante porque, al margen del resultado, tenemos un país muy polarizado. El Perú vive así desde hace por lo menos tres quinquenios, con tres elecciones encima, y, al parecer, no hay todavía un camino para salir de esta alta polarización.
"Quien gane en Perú debe entender que ganó como mal menor"
Me imagino al Papa León XIV visitando Perú antes de fin de año en el medio de este contexto. ¿Cuándo asumiría el nuevo presidente? ¿Y qué cree que sucedería cuando el Papa peruano visite su país en el medio de este contexto de división política?
Sí, el nuevo presidente va a asumir el día de hoy del aniversario de nuestra independencia, el 28 de julio; es decir, dentro de dos meses. El presidente que sea va a tener una labor inmensa. No solamente tratar de estabilizar el país, que ya es bastante inestable a nivel político, social; tendrá que emprender rápidamente la organización de una visita papal que parece que se estuviera confirmando ya en esos días y que, según todos los cálculos, sería en noviembre. Así sea tanto Keiko Fujimori o Roberto Sánchez, va a venir en una situación muy, muy difícil, tan igual como vino el Papa Francisco en el 2018, donde teníamos un país igualmente polarizado entre el señor Pedro Pablo Kuczynski y la señora Keiko Fujimori. Era una época muy difícil en el Perú.
Entonces, ojalá que no se repita ese contexto a ese nivel, pero sí, es un reto muy importante del Papa, que está muy identificado con el Perú, ha pasado aquí más de 20 años de su ministerio sacerdotal, tratar de establecer un puente, un mensaje, algo que permita superar las diferencias políticas en el Perú para establecer una agenda común de desarrollo, de una mejor economía para todos. Porque en el Perú, tan igual como en otros países de América Latina, hay una desigualdad social muy grande. Hay una desigualdad que no ha podido ser abordada por los últimos gobiernos.
En la Argentina el Papa Francisco no vino casualmente por esta polarización, y él temía ser interpretado a favor de unos o de otros. En cualquiera de los casos, en la Argentina, ¿el Papa Francisco era interpretado más cercano a los sectores más populares y más progresistas, y más distante del actual gobierno. En el caso de Perú, ¿existe una apropiación del Papa León XIV por alguno de los dos sectores en pugna?
Tengo la sensación de que el Papa, como ya se ha dicho antes, es una especie de bisagra. Es decir, es una persona con un sentimiento muy popular en Chiclayo, de donde él salió. La gente lo quiere mucho, pero el grupo conservador no lo mira mal; al contrario, lo mira muy bien, lo mira con simpatía, lo mira incluso mejor que Francisco. Entonces, yo creo que es un Papa perfectamente dibujado para esta situación. Es decir, está muy familiarizado con el sector popular, pero a la vez muy acoplado a un sector conservador. Es decir, va a tener esta capacidad de no caer mal en ninguno de los dos extremos y yo creo que eso lo vuelve una figura muy interesante si es que él finalmente decide venir y si es que esta visita se termina confirmando.
En Chiclayo, ¿hubo un resultado más contundente a favor de cualquiera de los dos candidatos que hoy están casi empatados?
Kurt Mendoza: Sí. El norte del Perú es un entorno fujimorista; ha votado a favor de Keiko Fujimori. Es uno de los grandes bastiones que ha tenido el fujimorismo a lo largo de estas tres últimas elecciones. Así como el sur es el sur más izquierdistas, el norte es profundamente conservador, fujimorista. Y tenemos este resultado. El Perú también está un poco partido en dos extremos.
Keiko Fujimori dijo que no hay ningún ganador. Al decirlo de esa manera, ¿está reconociendo, al plantear el empate técnico, el triunfo del oponente, aunque sea por poco?
Tengo la sensación, por lo que ha pasado en las últimas 48 horas, veo muy insegura a la candidata Fujimori. A pesar de que todavía no hay resultados oficiales y el conteo está muy pegado, la veo más bien con un gesto de resignación, un gesto de tristeza, mucho desánimo noto; y me da la sensación de que ella podría tener también esa sensación de que no habría o no hay los mejores cálculos para ella.
En cambio, el candidato Sánchez, en la misma noche que se dio a conocer este conteo rápido hecho por la encuestadora Ipsos junto a la ONG Transparencia, se mostró muy animoso, inclusive dio unas arengas políticas muy fuertes. Y Keiko, al contrario, no dio ningún gesto de celebración, a pesar de que las cifras estaban pegadas, y dijo que había que esperar un resultado final. Eso nos hace interpretar que el que celebra es el que se siente ganador y la que no celebra es la que va segunda.
¿Le asigna alguna posibilidad a que acepte lo que otras veces no se produjo, acepte el triunfo del ganador, aunque sea por poco, y comience un camino de reconciliación y de cooperación entre oficialismo y oposición en Perú?
Dudo muchísimo que esta situación se pueda dar; sin embargo, veo a Keiko Fujimori más calmada que en la elección pasada en la que gritó rápidamente fraude, y la veo muy calmada. Yo creo que ella podría estar evaluando aceptar los resultados, sea cual fuese, y tratar de establecer otro tipo de performance política que la pueda enrumbar hacia una quinta elección, porque yo sí creo que ella, si pierde, va a postular. Es una persona muy joven, ustedes la han visto con todas sus capacidades plenas, y yo creo que ella, si es que pierde, podría tener un quinto intento, yo no lo descartaría. Y me parece que podría tratar de establecer un comportamiento un poco más calmado y algún tipo de puente para sacar adelante el país en medio de este clima social bastante complejo.