Malvinas

El desembarco británico en Malvinas

El ex jefe del Ejército relata su experiencia en primera persona sobre el conflicto bélico de 1982.

Dolor. En la guerra murieron 649 argentinos y 255 británicos. Foto: cedoc

Desde el inicio de la guerra (1° de mayo) hasta el 20 de mayo, los británicos habían consolidado el dominio y el cerco aeronaval sobre las Islas, donde vivíamos los resultados de una improvisación total y serias carencias en víveres, munición, combustibles, sanidad y movilidad, entre otros efectos logísticos. Ello se potenció, porque altos mandos en el continente y en Malvinas, no se atrevieron a expresar opiniones y asesoramientos contrarios a las órdenes recibidas, pese a que los hechos así lo exigían. Recuerdo que Julián Marías dijo: "El grado de autoritarismo de un régimen se mide por el nivel de obsecuencia que demanda”. El desembarco y la iniciación del cerco terrestre era irreversible.

1. El enemigo disponía de total libertad de acción y medios como para desembarcar en varios lugares aptos para hacerlo. Varios jefes tácticos descartábamos que cualquiera que eligieran estaría lejos del alcance de una fuerza importante y de nuestra artillería. No nos harían el favor de desembarcar donde éramos más fuertes, pero lo harían en la isla Soledad. Entre los lugares más probables no se le asignó real importancia a la zona del estrecho de San Carlos (95 kilómetros de Puerto Argentino), a pesar de que un isleño había alertado que era el sitio más probable para el desembarco.

2. Menéndez descartó totalmente lo expresado y, entre otros conceptos, aseguró: "que en ese lugar la flota inglesa no iba a poder moverse con comodidad” (Túrolo, Carlos, Malvinas: Testimonios de su gobernador, pág. 83). En consecuencia, la entrada al estrecho ni siquiera fue minada. Jofre expresó lo mismo, pero: “Lo atribuyó al asesoramiento naval brindado antes del 1° de mayo (…) Durante esos estudios se concluyó que San Carlos no ofrecía características favorables para la operación de los buques”. Galtieri no fue ajeno a lo expresado y torpemente distrajo dos regimientos- que no entraron en combate- en la isla Gran Malvina, cuando al menos uno de ellos podría haber estado en San Carlos.

3. Los generales citados, y otros en el continente, quizás olvidaron la prescripción del británico Basil Henry Liddell Hart: “Nuestra experiencia ha revelado un gran número de campañas en las cuales lo indirecto de la aproximación es tan significativo como lo decisivo de sus resultados (…) Y es que a través de las épocas raramente se han logrado resultados efectivos en la guerra a menos que la aproximación tuviere tal sentido indirecto, que asegurara que el enemigo no estaría listo en tiempo para enfrentarla”.  

Un diario británico advierte sobre una posible “nueva invasión” de Argentina en las Malvinas

4. El general inglés Julián Thompson sobre la selección de San Carlos, dijo: "Un desembarco en cualquier parte de Puerto Stanley (SIC) probablemente caería dentro de las bien preparadas posiciones defensivas, alambradas y playas cubiertas por los fuegos de artillería. Además de las bajas entre la población civil y los daños a los edificios”. En realidad, no todas estaban bien preparadas, pero en términos generales estoy de acuerdo con Thompson. Era obvio que la cuestión principal para el enemigo era su capacidad para lograr hacer pie en la isla Soledad, mediante una “cabeza de playa” que les permitiera desembarcar tropas, armamento y la indispensable logística, sin oposición nuestra. Después de ello no tendríamos ninguna posibilidad, pero no se hizo nada para impedirlo.

5. Así las cosas, la zona de San Carlos quedó a cargo del teniente primero Carlos Esteban que disponía de solo sesenta y dos hombres con armas livianas, frente a una fuerza enemiga inicial estimada en más de tres mil hombres con apoyo aeronaval. Esteban solo tuvo cinco heridos y los británicos se estiman en ocho muertos, además dos helicópteros derribados y uno averiado. En esa encomiable acción también alertaron a Puerto Argentino, fueron testigos del ataque de nuestra Fuerza Aérea y Aviación Naval a la flota inglesa y lograron replegarse tras una marcha a pie de tres días y tres noches, en un terreno casi intransitable.

6. Operación secundaria o de engaño. Así fue calificada inicialmente –por los altos mandos– el desembarco, particularmente en el Ejército. Los hechos demostrarían lo contrario. La Task Force británica había establecido una cabeza de playa, sin oposición para consolidarla, avanzar y completar el previsible cerco terrestre. Estábamos seriamente limitados en la necesaria logística (movilidad, armamento, combustible, munición, helicópteros, etc.). La defensa de Puerto Argentino para el general Nicolaides “era una fortaleza inexpugnable”, pero en rigor era “una tela de cebolla”; desconocía que en el desembarco aliado a Europa por Normandía (Francia) el 6 de junio de 1944, las fuerzas alemanas, en posiciones fuertemente armadas, organizadas y fortificadas durante casi un año, con obstáculos de todo tipo y tropas excelentemente adiestradas, en un día de combate cedieron más de seis kilómetros de profundidad.

Las Malvinas son argentinas: los 5 argumentos jurídicos e históricos irrefutables que sostienen el reclamo de soberanía

7. Un disparate mayor fue que después consolidada la “cabeza de playa”, Menéndez solicitó al continente lanzar un regimiento de paracaidistas en las inmediaciones de Darwin (40 Km. de San Carlos) para contratacar. Se lo negaron. Hubiera sido una carnicería, dada la total superioridad aérea y antiaérea de enemigo. No me consta si lo asesoraron Jofre y Parada, este último fue un elemento decorativo en la guerra.

8. La mentira nunca es buena. Varios días después del desembarco, la acción comunicacional del Estado Mayor Conjunto, a cargo del almirante Leopoldo Suárez del Cerro, por medio de distorsionados y falsos comunicados continuaban engañando a nuestro pueblo sobre lo que sucedía en las islas: “¡Vamos ganando! En la guerra nos va muy bien. El frente se mantiene estable. Fuerzas propias con apoyo de la aviación neutralizan el avance inglés. Estamos destruyendo la flota. Las pérdidas del enemigo son cuantiosas”. Hitler también suprimió la verdad recurriendo a la censura y a los comunicados oficiales.

9. En la Guerra Mundial II, los británicos no estuvieron exentos de recurrir a la mentira, pero capitalizaron su experiencia. A fines de 1941, en Singapur, el alto mando entre otros conceptos aseguró: “Estamos muy bien preparados y confiados. Nuestras defensas son fuertes y nuestras armas suficientes. Destruiremos a nuestros enemigos (…) Vemos ante nosotros a un Japón consumido…”. Dos meses después, Singapur se rindió y setenta mil británicos pasaron varios años en campos de concentración japoneses.

10. El desembarco vislumbró el desenlace inevitable de la Guerra de Malvinas, que llevaría al cerco total (marítimo, aéreo y terrestre) que sin duda permitiría a los británicos imponer su voluntad de la manera más concluyente mediante la Batalla de Cerco y lograr el aniquilamiento perfecto.

*Exjefe del Ejército Argentino. Veterano de la guerra de Malvinas y exembajador en Colombia y Costa Rica.