Salud y prevención

Día Mundial de la Hepatitis: qué es la “VTV” hepática y qué estudios incluye

Un control médico, análisis de sangre y una ecografía permiten detectar infecciones y otras alteraciones hepáticas que suelen avanzar sin síntomas. Especialistas alertan por las personas que desconocen su diagnóstico y destacan la importancia de completar las vacunas contra las hepatitis A y B.

Hepatitis Foto: Imagen Web

Cada 28 de julio se conmemora el Día Mundial de la Hepatitis, una fecha destinada a generar conciencia sobre un conjunto de enfermedades que provocan la inflamación del hígado y que, sin un diagnóstico oportuno, pueden derivar en cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer. La jornada recuerda el nacimiento de Baruch Blumberg, científico que descubrió el virus de la hepatitis B y desarrolló una vacuna contra la infección.

Bajo el lema “Hepatitis: derribemos las barreras”, la campaña de 2026 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) busca facilitar el acceso a la prevención, los estudios y los tratamientos. El organismo informó que las hepatitis B y C crónicas causaron alrededor de 1,3 millones de muertes durante 2024, pese a que existen vacunas, pruebas diagnósticas y medicamentos capaces de evitar gran parte de esas consecuencias.

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En ese contexto, especialistas del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires recomiendan realizar, al menos una vez en la vida, una especie de “VTV” del hígado. La comparación con la Verificación Técnica Vehicular busca transmitir una idea sencilla: aunque una persona se sienta bien, es conveniente controlar periódicamente el estado de un órgano que puede sufrir daños durante años sin producir señales evidentes.

Qué es la “VTV” del hígado y qué estudios incluye

La evaluación comienza con una consulta clínica con un gastroenterólogo o hepatólogo, quien analiza antecedentes personales, medicación habitual, consumo de alcohol, alimentación, peso corporal, prácticas sexuales y posibles exposiciones a sangre. También puede indagar sobre transfusiones antiguas, tatuajes o procedimientos realizados sin condiciones seguras de esterilización.

El segundo paso comprende análisis de sangre para evaluar el funcionamiento hepático y determinar si la persona tiene anticuerpos o marcadores de infección por los virus de las hepatitis. Los estudios específicos deben ser indicados e interpretados por un profesional, ya que un resultado positivo de anticuerpos no siempre significa que exista una infección activa.

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La revisión puede completarse con una ecografía abdominal, que permite observar el tamaño y las características del hígado, detectar acumulación de grasa y reconocer algunas alteraciones estructurales. Sin embargo, la denominada “VTV” no constituye un protocolo médico único: el especialista define qué estudios necesita cada paciente y si deben incorporarse otras herramientas para medir fibrosis o daño hepático.

Quiénes deberían realizarse un control del hígado

Esteban González Ballerga, jefe de la División de Gastroenterología del Hospital de Clínicas, recomendó especialmente que las personas mayores de 50 años, aun sin antecedentes conocidos, se realicen al menos una vez una prueba para detectar hepatitis C. El control también cobra especial importancia para quienes recibieron transfusiones o trasplantes en décadas pasadas, compartieron agujas u otros elementos cortopunzantes, se realizaron tatuajes o piercings en condiciones inseguras, están en diálisis o tuvieron contacto con sangre.

La hepatitis C merece particular atención porque durante mucho tiempo puede no presentar síntomas. Según el especialista, se estima que cerca del 1% de la población podría tener la infección, pero muchas personas desconocen su condición y llegan a la consulta cuando el daño ya está avanzado. A diferencia de las hepatitis A y B, todavía no existe una vacuna contra este virus.

La buena noticia es que la hepatitis C puede curarse. Los antivirales de acción directa permiten completar tratamientos orales de ocho o doce semanas y alcanzan una efectividad cercana o superior al 95% de los casos, de acuerdo con el Ministerio de Salud y la OMS. El tratamiento oportuno reduce el riesgo de cirrosis, cáncer de hígado, trasplante y muerte. 

Vacunación contra las hepatitis A y B

La hepatitis A se transmite principalmente por vía fecal-oral, mediante el consumo de agua o alimentos contaminados o por contacto estrecho con una persona infectada. En la Argentina, la vacuna está incorporada al Calendario Nacional y se administra en una única dosis a los 12 meses de vida. González Ballerga advirtió que la cobertura habría descendido del 100% al 80% en los últimos dos años, lo que deja a una proporción de niños expuesta a contraer la enfermedad.

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La hepatitis B, en cambio, se transmite por sangre y otros fluidos corporales, mediante relaciones sexuales sin protección o de la persona gestante al bebé durante el parto. Puede volverse crónica y aumentar el riesgo de cirrosis y cáncer hepático. En la Argentina, los recién nacidos deben recibir una dosis dentro de las primeras 12 horas de vida, mientras que todas las personas que no estén vacunadas pueden comenzar o completar gratuitamente el esquema de tres dosis.

Una experiencia desarrollada en el Consultorio de Infecciones de Transmisión Sexual del Hospital de Clínicas mostró la importancia de revisar los esquemas. Entre 370 pacientes encuestados, 187 fueron considerados susceptibles por no estar vacunados o desconocer su situación: 78 comenzaron la inmunización contra la hepatitis B y 53 iniciaron la correspondiente a la hepatitis A. Los resultados mostraron una buena aceptación inicial, pero también la necesidad de reforzar el seguimiento hasta completar las dosis indicadas.

Qué otros tipos de hepatitis existen

Además de las variantes A, B y C, existe la hepatitis E, transmitida principalmente por agua o alimentos contaminados. Por lo general causa una infección aguda que se resuelve espontáneamente, aunque puede generar cuadros graves en embarazadas y personas inmunocomprometidas. También hay hepatitis no virales provocadas por el consumo excesivo de alcohol, determinados medicamentos o sustancias tóxicas, así como formas autoinmunes en las que el sistema inmunológico ataca al hígado.

Cuando aparecen síntomas, pueden incluir cansancio intenso, náuseas, vómitos, dolor abdominal, pérdida de apetito, orina oscura, materia fecal clara e ictericia, es decir, coloración amarillenta de la piel y los ojos. No obstante, la ausencia de esas manifestaciones no descarta una infección, por lo que los controles son fundamentales para detectar la enfermedad en sus primeras etapas.

Completar las vacunas contra las hepatitis A y B, utilizar preservativo, no compartir agujas ni elementos cortantes, lavarse las manos, consumir agua y alimentos seguros, limitar el alcohol, mantener una alimentación equilibrada y realizar actividad física son las principales medidas preventivas. La “VTV” hepática no reemplaza la consulta médica, pero puede convertirse en una oportunidad para conocer el estado del hígado, detectar enfermedades silenciosas y comenzar un tratamiento antes de que aparezcan complicaciones.