Día Mundial del Riñón 2026: claves para prevenir la enfermedad renal crónica y mejorar el acceso al tratamiento
La campaña global busca concientizar sobre la detección temprana de patologías renales ante el aumento de casos de insuficiencia crónica vinculados a factores de riesgo metabólicos.
El Día Mundial del Riñón se celebra cada segundo jueves de marzo como una iniciativa conjunta de la Sociedad Internacional de Nefrología (ISN) y la Federación Internacional de Fundaciones Renales (IFKF). Así, la jornada tiene como objetivo principal visibilizar la importancia de la salud renal y reducir la frecuencia y el impacto de la enfermedad renal.
Se sabe que la enfermedad renal crónica (ERC) es una afección progresiva caracterizada por la pérdida gradual de la función de los riñones a lo largo del tiempo. En sus etapas iniciales, la patología suele ser asintomática, lo que dificulta un diagnóstico oportuno sin análisis clínicos específicos. Esta falta de señales de alerta tempranas llevó a la comunidad médica a catalogarla como una "amenaza silenciosa" para la salud pública internacional.
A partir de los datos técnicos de la International Society of Nephrology, uno de cada diez adultos en el mundo padece alguna forma de daño renal. La prevalencia de esta condición aumenta significativamente con la edad, especialmente en personas que presentan cuadros de diabetes tipo 2 o hipertensión arterial. Estas dos condiciones son las responsables de la mayoría de los casos de insuficiencia renal terminal en los países desarrollados.
En Argentina, se realizan campañas en provincias para visibilizar el problema y fomentar estilos de vida saludables
En tanto, la organización detalló: "La detección temprana permite un manejo que puede retrasar o prevenir la progresión a la insuficiencia renal, lo que subraya la necesidad de programas de detección para poblaciones de alto riesgo", en su informe de directrices clínicas para el manejo de la salud renal.
Factores de riesgo y disparidades en el acceso
El acceso a los tratamientos de sustitución renal, como la diálisis y el trasplante, presenta brechas profundas entre los países de altos ingresos y aquellos en desarrollo. Mientras que en naciones desarrolladas la cobertura es casi universal, en regiones de bajos recursos el costo del tratamiento resulta prohibitivo para gran parte de la población.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se identificó que las enfermedades no transmisibles son las principales impulsoras de la carga de morbilidad renal. El sedentarismo, el consumo excesivo de sal en alimentos procesados y el tabaquismo aparecen como factores ambientales que agravan la predisposición genética o metabólica de los pacientes. La reducción del consumo de sodio es una de las recomendaciones más estrictas de los nefrólogos.
En el marco de la campaña, se promueven las denominadas "reglas de oro" para el cuidado de los órganos:
-Mantenerse activo y en forma.
-Controlar regularmente el nivel de azúcar en sangre.
-Monitorear la presión arterial.
-Comer sano y mantener el peso bajo control.
-Mantener una ingesta de líquidos saludable.
-No fumar.
-No automedicarse con fármacos antiinflamatorios de forma regular.
La prevención de la enfermedad renal crónica (ERC) se centra en controlar factores como diabetes, hipertensión y obesidad
El uso prolongado de analgésicos de venta libre, como el ibuprofeno o el naproxeno, puede afectar la filtración glomerular si se consumen sin supervisión médica. Algunos especialistas advierten que la automedicación es un hábito cultural arraigado que impacta directamente en la función renal de la población adulta joven.
Diagnóstico y biomarcadores de función renal
En ese marco, la medicina moderna utiliza dos indicadores principales para evaluar el estado de los riñones: la tasa de filtración glomerular estimada (eGFR) y la presencia de albúmina en la orina. La eGFR se calcula a partir de los niveles de creatinina en sangre y permite clasificar la enfermedad renal en cinco estadios, mientras que el análisis de orina detecta la albuminuria, es decir, la pérdida de proteínas a través de glomérulos dañados.
Sin más, en los casos más avanzados, el trasplante renal aparece como la alternativa terapéutica que ofrece mejores resultados y calidad de vida para el paciente, aunque su acceso está limitado por la escasez de donantes.
Tal como advierte la revista científica Kidney International Supplements, muchos pacientes no advierten que sus riñones están fallando hasta que la función se reduce por debajo del 25%. Para entonces, los desechos comienzan a acumularse en la sangre y aparecen síntomas como fatiga, hinchazón en los tobillos, náuseas o dificultad para respirar.
Por eso, los especialistas insisten en la importancia de los controles tempranos y la detección precoz.
MV
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