Depredadores en peligro: la silenciosa crisis que amenaza a los tiburones argentinos
La imagen del tiburón como gran depredador oculta una realidad muy distinta en el Atlántico Sur. Varias especies sufren una fuerte presión pesquera, disminuyen sus poblaciones y enfrentan crecientes amenazas ambientales. El gatuzo, el tiburón más consumido en Argentina, ya fue catalogado en peligro crítico de extinción y especialistas reclaman cambios en los hábitos de consumo y mayores medidas de conservación.
Durante décadas, los tiburones fueron vistos como los grandes depredadores del mar. Sin embargo, en el Atlántico Sudoccidental el escenario parece haberse invertido: hoy son ellos quienes enfrentan una creciente amenaza.
La sobrepesca, la captura incidental, la pesca deportiva y el comercio de sus productos reducen las poblaciones de varias especies, comprometiendo el equilibrio de uno de los ecosistemas marinos más importantes de la región.
El tiburón "gatopardo" (Foto: CIC)
Los tiburones y las rayas zoológicamente pertenecen a la categoría de “condrictios”, peces que se caracterizan por tener esqueleto de cartílago en lugar de hueso. Y son el grupo de vertebrados marinos más amenazado del mundo debido al exceso de presión pesquera para su consumo. Además, por su lento crecimiento, reproducción sexual tardía y baja fecundidad, sus poblaciones no logran recuperarse.
Según los datos de ONGs conservacionistas, hoy, unas 50 especies de condrictios son objeto de la pesca comercial y recreativa en Argentina. Y es preocupante que el 71% de estas especies estén en alguna categoría de riesgo de extinción debido a la sobrepesca a pequeña y gran escala, evaluadas según los criterios de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Uno de los casos más preocupantes es el del gatuzo, el tiburón de mayor explotación comercial en Argentina y también el más consumido en el mercado interno, donde suele venderse incluso bajo nombres alternativos como "palo rosado". Según la organización WCS Argentina, muchas personas desconocen que están comprando carne de tiburón y que esa especie se encuentra actualmente en peligro crítico de extinción.
Tiburon Bacota - Carcharhinus brachyurus - (WCS / Andy Murch)
La gravedad del problema se refleja en la evolución de sus poblaciones. De acuerdo con la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el número de gatuzos disminuyó más de un 90% durante las últimas cuatro décadas. Se trata, además, de una especie endémica de Argentina, Uruguay y Brasil, por lo que su desaparición significaría una pérdida irreversible para la biodiversidad del Atlántico Sur.
Los especialistas explican que los tiburones presentan una característica biológica que los vuelve especialmente vulnerables frente a la explotación pesquera. A diferencia de la mayoría de los peces óseos, crecen lentamente, alcanzan la madurez sexual varios años después de nacer y tienen pocas crías en cada reproducción. En el caso del gatuzo, las hembras comienzan a reproducirse recién alrededor de los ocho años y los machos cerca de los siete, lo que dificulta enormemente la recuperación de las poblaciones cuando disminuyen.
La situación no preocupa únicamente por la supervivencia de una especie. Como predadores tope o intermedios de la cadena alimentaria, los tiburones ayudan a regular las poblaciones de otras especies y contribuyen al equilibrio de los ecosistemas marinos. Su desaparición puede desencadenar efectos en cascada que alteren la dinámica del océano y afecten incluso recursos pesqueros de importancia económica. Por eso, desde WCS Argentina impulsan campañas para desalentar el consumo de gatuzo y promover una elección más consciente en pescaderías y comercios.
Tiburon cazon (Credito Andy / WCS Argentina)
Mientras tanto, la comunidad científica continúa estudiando otras especies costeras del Mar Argentino, como el tiburón gatopardo, uno de los mayores tiburones que habitan las costas bonaerenses y cuya presencia constituye un indicador de la riqueza biológica del ecosistema marino. Comprender sus desplazamientos, hábitos reproductivos y áreas de alimentación resulta clave para diseñar políticas de conservación más eficaces frente a un escenario de crecientes presiones ambientales y pesqueras.
A las iniciativas nacionales se suman avances en el plano internacional. En 2025, el gatuzo fue incorporado al Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES), lo que obliga a demostrar que cualquier exportación proviene de pesquerías sostenibles. Paralelamente, su incorporación a la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias (CMS) busca fortalecer la cooperación entre los países que comparten estas poblaciones, bajo una premisa cada vez más evidente: la protección de especies que atraviesan fronteras solo puede lograrse mediante acciones coordinadas entre los Estados.
Gatuzo: el tiburón que muchos argentinos comen sin saberlo
A diferencia de la imagen popular que suele asociar a los tiburones con grandes depredadores oceánicos, el gatuzo es un pequeño tiburón costero que habita exclusivamente las aguas del Atlántico Sudoccidental, desde el sur de Brasil hasta la Argentina. En las pescaderías rara vez se comercializa con su verdadero nombre: suele ofrecerse como "palo rosado" u otras denominaciones, por lo que gran parte de los consumidores desconoce que está comprando carne de tiburón. Según el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), es la especie de tiburón con mayor explotación comercial del país y también la más consumida en el mercado interno.
CAMPAÑA. Contra el consumo de gatuzo (WCS Argentina)
La presión pesquera sostenida durante décadas provocó un colapso de sus poblaciones. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) estima que el número de ejemplares cayó más de un 90% en los últimos 40 años, motivo por el cual desde 2020 está clasificado como "en Peligro Crítico de Extinción". Su biología agrava el problema: alcanza la madurez sexual de manera tardía y tiene pocas crías por camada, por lo que necesita muchos años para recuperar sus poblaciones.
Para revertir esa tendencia, especialistas recomiendan evitar su consumo y fortalecer las medidas de manejo pesquero. La reciente incorporación del gatuzo al Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) constituye un paso importante, ya que obliga a demostrar que cualquier exportación proviene de capturas sostenibles. Pero los expertos advierten que ninguna norma será suficiente sin consumidores informados y políticas coordinadas entre Argentina, Uruguay y Brasil, los únicos países donde sobrevive esta especie.
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