La tierra bajo kilómetros de nieve

Cómo es la Antártida sin hielo: el nuevo mapa que revela qué hay debajo del continente blanco

Durante seis décadas, científicos relevaron el continente usando aviones, satélites, barcos y radares. El resultado es “Bedmap3”, el mapa más detallado de la geografía escondida bajo el hielo antártico. La nueva cartografía mejora especialmente el conocimiento de la península antártica.

NOVEDAD: Uno de los lugares donde Bedmap3 aportó más información es sobre la Península Antártica argentina. Foto: Nature / BAS / AC /UK

Si fuera posible quitar de un plumazo los alrededor de 27 millones de kilómetros cúbicos de hielo que cubren la Antártida, la imagen resultante sería bastante diferente de la enorme planicie blanca que aparece en los mapas.

Debajo hay otro mundo: cordilleras, profundos valles, cuencas, cañones y grandes extensiones de terreno ubicadas por debajo del nivel del mar. Ahora, un gigantesco esfuerzo científico internacional permitió reconstruir ese paisaje oculto con una precisión inédita. El resultado se llama Bedmap3.

El trabajo, publicado en la revista Scientific Data, de Nature, reunió más de seis décadas de observaciones obtenidas mediante aviones, satélites, barcos e incluso relevamientos históricos realizados con trineos tirados por perros. A la información de las versiones anteriores se sumaron 84 nuevos relevamientos aerogeofísicos aportados por 15 proveedores, que agregaron unos 52 millones de puntos de datos y 1,9 millones de kilómetros lineales de mediciones.

El resultado permite mirar la Antártida como si el hielo fuera transparente.

Y la imagen sorprende. Bedmap3 corrigió, por ejemplo, dónde está el hielo más grueso conocido del continente: ya no se ubica en la cuenca Astrolabe, como se pensaba, sino sobre un cañón todavía sin nombre de Wilkes Land. Allí la capa helada alcanza nada menos que 4.757 metros de espesor. Es decir, casi cinco kilómetros de hielo entre la superficie y el terreno rocoso.

Pero el objetivo del nuevo atlas no es simplemente cartográfico. Conocer qué hay debajo resulta fundamental para comprender cómo se mueve el hielo y qué sectores pueden ser más vulnerables al calentamiento global. Una pendiente, una montaña submarina o un valle situado bajo el nivel del mar pueden favorecer o frenar el desplazamiento de enormes masas heladas hacia el océano. Y la respuesta de la capa de hielo antártica al cambio climático sigue siendo una de las principales incertidumbres para calcular cuánto aumentará el nivel de los mares durante las próximas décadas y siglos.

Una mirada desde la Argentina

Para nuestro país hay un detalle particularmente interesante: uno de los lugares donde Bedmap3 logró llenar importantes vacíos de información es la Península Antártica, que integra el sector sobre el cual la Argentina mantiene su reclamo de soberanía -en suspenso bajo las disposiciones del Tratado Antártico- y donde se concentra buena parte de su actividad científica y logística antártica.

La nueva base incorpora datos mucho más completos sobre el espesor del hielo, la topografía del lecho y las costas de esa región.

La cuestión no es menor porque la Península es, además, una de las zonas antárticas que han mostrado señales particularmente intensas de cambio ambiental. Investigadores argentinos del CONICET y del Instituto Antártico Argentino documentaron allí retrocesos de glaciares y modificaciones de ecosistemas costeros. En Caleta Potter, Isla 25 de Mayo, donde funciona la Base Carlini, trabajos de científicos argentinos registraron cómo el retroceso glaciar y el mayor aporte de sedimentos pueden modificar incluso las comunidades del fondo marino.

Bedmap3 permitirá ahora afinar otra pieza de ese rompecabezas. Al conocer mejor la forma del terreno que sostiene al hielo se pueden construir modelos más precisos sobre hacia dónde fluirán los glaciares, qué sectores podrían perder masa más rápidamente y cómo interactúan hielo, roca y océano. La base también incorpora información sobre lagos subglaciales y permite modelar las redes por las que el agua de deshielo circula debajo de kilómetros de hielo antes de alcanzar el mar.

En otras palabras, el nuevo mapa no muestra cómo será necesariamente una futura Antártida sin hielo. Es algo científicamente más útil: revela la geografía que hoy gobierna desde abajo el comportamiento de la gigantesca masa helada.

Montañas, cañones y valles invisibles que pueden terminar influyendo sobre fenómenos que ocurren a miles de kilómetros de distancia. Incluso sobre las costas argentinas, porque entender cuánto hielo puede terminar en el océano es indispensable para mejorar las proyecciones futuras del nivel del mar.

Un atlas construido durante más de medio siglo

Bedmap3 no nació de una única expedición. Es un enorme rompecabezas construido con mediciones acumuladas desde la segunda mitad del siglo XX. Integra radar de penetración de hielo, datos aerogeofísicos, mediciones satelitales, batimetría y observaciones de superficie. Sus mapas trabajan sobre una grilla de 500 por 500 metros y permiten representar elevación superficial, espesor del hielo y altura del terreno subglacial. El proyecto es impulsado por la comunidad científica internacional vinculada al Scientific Committee on Antarctic Research (SCAR) y constituye la tercera gran generación de mapas Bedmap, después de Bedmap1 y Bedmap2.