Turistas multiplataformas: Ranchos
Muy cerca de Chascomús, en la provincia de Buenos Aires, una viajera colombiana y guía de turismo, descubrió una ciudad habitada por gauchos y poblada de tractores.
A tan solo 33 km de Chascomús, en el mismísimo corazón de la infinita llanura, Ranchos es un hermoso pueblo de la provincia de Buenos Aires cuyo motor económico principal es la actividad agraria. Al costado de las aceras, en vez de autos, estacionan tractores.
Chascomús y Ranchos comparten sus comienzos fundacionales como fortines de principios del siglo XIX en la lucha por marcar y separar fronteras con los pueblos originarios. En la actualidad, ambos fortines se pueden visitar gracias a una recreación con viviendas y torres de vigilancia, como era en aquella época.
En el centro, está la Plaza de Mayo, creada el 25 de mayo de 1910, como un regalo "del pueblo a los próceres de Mayo”, según dice una el monumento central cuya finalidad se concentra en rendir un sentido homenaje a los héroes de la patria Argentina. A pocos metros, la figura de una mujer que sostiene sobre su regazo a un niño pequeño. Una imagen simple que infunde ternura. Y cerca, el monumento de un hombre arando la tierra, la fuerza trabajadora. La figura gauchesca es cotidiana en el pueblo: hombres con botas de cuero, ponchos, chalecos tejidos y la característica boina, que es la marca personal que los diferencia del forastero.
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En la esquina de la plaza, la imponente Iglesia blanca Nuestra Señora del Pilar, de 1871. La organización arquitectónica es la de una colonia española, por eso, a metros está la municipalidad. A pocas cuadras, una casona con tejas de ladrillo es el Museo Histórico Regional Marta Inés Martínez, que atesora objetos que describen el pasado de Ranchos. Como las “boleadoras” que los gauchos tiraban a los animales para cazarlos o una melodía de hace más de 100 años, que suena en el aire. En una de las vitrinas reluce un Samovar de plata, procedente de Rusia, que se utilizaba para conservar el calor del agua y poder beber un té caliente. Solo antiguos pobladores de Ranchos con un fuerte poder adquisitivo pudieron haberlo traído.
Todos nos hablaban de la Laguna de Ranchos y fuimos a conocerla. Parecía retratada sobre un fino lienzo. El aire que se respiraba era único. Y el agua transmitía una inmensa paz. Quisimos tomar fotos y nos interrumpió un fuerte chillido. Era un ave pequeña, con el pecho negro y blanco, conocida como Tero, típica del continente sudamericano. Al minuto llegó su pareja, también chillando. Nos dijeron que el pájaro pone sus huevos en el suelo, cerca de la laguna y el silbido es para desorientar a posibles depredadores.
Al finalizar la jornada quedó plasmado en nuestras mentes el latir de un lugar mágico y autóctono en la gran provincia de Buenos Aires. Y pudimos descubrir parte de su historia sin necesidad de viajar miles de kilómetros.
(*) Linda Hurtado. IG: linda_hurtadom
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