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BLOOMBERG / ESPAÑA
martes 4 diciembre, 2018

Una valiosa pintura robada a una familia judía desata una batalla judicial

Todo el mundo parece estar de acuerdo en que una obra maestra impresionista de Camille Pissarro fue robada a una familia judía por los nazis en 1939. Lo que ahora está ante un juez de Estados Unidos es si un aristócrata europeo que la compró décadas más tarde sabía que la obra era robada.

Edvard Pettersson

Foto: Bloomberg

Todo el mundo parece estar de acuerdo en que una obra maestra impresionista de Camille Pissarro fue robada a una familia judía por los nazis en 1939. Lo que ahora está ante un juez de Estados Unidos es si un aristócrata europeo que la compró décadas más tarde sabía que la obra era robada.

Un juicio que comienza el martes en la corte federal de Los Ángeles podría determinar el destino de una pintura colgada en un prestigioso museo de Madrid que representa una escena callejera de París fuera del hotel de Pissarro en 1897. Es parte de lo que una vez fue la colección de arte privada más grande de Europa, que fue adquirida al barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza en 1993 por el Estado español por US$350 millones.

La disputa proviene de una demanda de los descendientes de Lilly Cassirer Neubauer, quien se vio obligada a vender el Pissarro por US$360 para escapar de la Alemania nazi y evitar ser enviada a un campo de exterminio. Estas historias no son inusuales. Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno alemán incautó innumerables obras de arte de familias adineradas, museos e iglesias, las cuales fueron destruidas o almacenadas. Muchos propietarios originales murieron o no pudieron probar que los artículos robados les pertenecían.

"Si los demandantes ganan, será una de las recuperaciones de más alto perfil en una demanda por robo de arte", dijo Nicholas O’Donnell, abogado de Sullivan & Worcester en Boston que se especializa en disputas legales sobre obras de arte y no está involucrado en el caso Pissarro. Muchas de estas demandas se desestiman, y es raro que un caso llegue a juicio, señaló O’Donnell,

Si bien nadie discute que el Pissarro fue robado, el museo de Madrid insiste en que adquirió la obra de buena fe, al igual que el barón. Esto condujo a una larga pelea legal que comenzó con la demanda de 2005 presentada por Claude Cassirer, nieto de Lilly, quien vivió en California hasta su muerte en 2010. La disputa ha generado algunas preguntas arcanas, como si el museo puede considerarse cómplice, o "encubridor" como se define en la ley española del siglo XIX.

’Reprobable’

Después de tres viajes a la Corte de Apelaciones de EE.UU., se determinó que los tribunales de dicho país eran una jurisdicción apropiada para resolver la disputa de propiedad, que la demanda se había presentado dentro del estatuto de limitaciones pertinente y que había suficiente desacuerdo sobre lo que el barón y el museo sabían o deberían haber sabido para justificar un juicio.

"Es absolutamente reprobable que el museo conserve por algún tecnicismo legal una pintura que saben que fue robada", dijo David Boies, el afamado abogado que representa a los herederos de Cassirer. La pintura ahora es parte del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, que asegura estar "convencida de la legitimidad de su propiedad".

De acerdo con la demanda, Julius Cassirer era un empresario industrial alemán y parte de una prominente familia judía en Berlín cuando adquirió la obra de arte titulada "Rue Saint-Honoré, apres-midi, effet de pluie" en 1898, el año después de que Pissaro la pintara. Lilly, su nuera, la heredó tras la muerte de su esposo. Cuando la persecución de los judíos se intensificó, ella huyó de Alemania. Pero el gobierno se negó a dejar que se llevara la obra maestra, lo que la obligó a venderla a un precio muy inferior al de mercado, aunque nunca obtuvo dinero.

La pintura apareció nuevamente en 1951, cuando un comerciante de arte de Beverly Hills y ex traductor del Ejército de EE.UU. en Alemania la adquirió en Múnich. Luego, un coleccionista de arte de St. Louis la ofreció en una subasta de una galería de Nueva York en 1976. Fue entonces cuando fue comprada por Thyssen-Bornemisza, un ciudadano suizo de origen holandés que heredó de su padre el imperio industrial, una parte de su vasta colección de arte y el título aristocrático de Hungría.

El Pissarro permaneció en posesión del barón hasta que vendió la vasta colección a España, que creó el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza en 1993. Los herederos de Cassirer deberán demostrar que el barón, uno de los coleccionistas de arte más sofisticados del mundo, debería haber notado numerosas “señales de alerta” en la pintura que indicaban que probablemente era robada, o que voluntariamente prefirió no conocer su sospechosa historia.

Una de esas señales: en la parte posterior de la pintura hay parte de una pegatina de la galería de arte de la familia Cassirer, que indica que había estado en Berlín. Esto es particularmente digno de mencionar porque la información de procedencia proporcionada por la galería de arte de Nueva York solo indicaba que se había exhibido en París en 1899 y nada sobre quién había sido el propietario desde entonces, según los herederos.

También hay evidencia de que otras etiquetas, posiblemente las que adjuntaron los nazis, fueron arrancadas, lo que habría dado indicios al barón de que la procedencia proporcionada por la galería era incorrecta, según los herederos. Además, en algún momento el barón había afirmado falsamente que había adquirido el Pissarro de una colección privada en París, dijeron los herederos en su demanda.

La Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, en su declaración del sitio web, dijo que el museo consultó con historiadores del arte y expertos en derecho alemán, suizo y español antes de adquirir la pintura. Esa revisión mostró que el barón adquirió la pintura de buena fe, lo que significa que la propiedad del museo es legalmente válida. El barón tampoco tenía acceso a las herramientas de investigación disponibles en la actualidad, y no había ninguna razón para que él cuestionara la procedencia de una obra de arte ofrecida públicamente a la venta en una galería de arte acreditada, según el museo.


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