Parcialmente nublado
Temperatura:
17º
Ciudad:
Buenos Aires
viernes 19 de octubre de 2018 | Suscribite
COLUMNISTAS / elecciones en brasil
sábado 13 octubre, 2018

El sueño de Moro, la pesadilla del país

.

por Marcelo Bermolén

Juez Moro, de Brasil. Foto: Twitter: Laura Alonso

Tuvo una visión luminosa, mezcla –a la vez– de sensaciones encontradas (satisfacción, responsabilidad, prudencia, orgullo, y hasta miedo). Fue en el momento en que comenzó a vislumbrar que aquella investigación iniciada en un pequeño lavadero de autos se transformaba, poco a poco, en una megacausa que lo llevaba de lleno a las entrañas de la corrupción y del poder político de Brasil.

Tal vez, la historia quisiera que él fuera protagonista de un cambio de paradigmas en la opaca relación del poder y los negocios. Quizás le permitiría hacer de su profesión de juez y de los esfuerzos de su equipo y de un grupo comprometido de fiscales una contribución sustancial a la mejora de la calidad de las instituciones brasileñas, desnudando el estado de descomposición de la política y de los políticos que las evidencias de su caso mostraban.

No era un sueño imposible, porque en su interior Sergio Moro se sentía preparado. Sabía que la atracción que lo había llevado a estudiar con detalle el desarrollo y las técnicas de investigación del Mani Pulite –liderado por el fiscal Antonio Di Pietro– le daría la posibilidad de recrear aquel proceso resonante en la lucha contra la corrupción en territorio verde amarelo.

De a poco, la notoriedad de Moro lo llevó a convertirse en el enemigo intimo de Luiz Inácio Lula da Silva, y no se detuvo hasta verlo preso y condenado, haciendo justicia con el mismo rigor aplicado a grandes empresarios o decenas de políticos de las más variadas extracciones partidarias.

Hasta allí, lo que podría ser un fragmento de la historia novelada. Pero la historia real impone sus consecuencias. Sergio Moro encarnó para millones de brasileños, el antilulismo, el antipetismo, la justicia, y la recomposición que Brasil necesitaba para emerger de aquel fango. Pero así como Lula no podía ser candidato, estando condenado en doble instancia y preso, Sergio Moro tampoco podría serlo, salvo que renunciara a su cargo y tuviera aspiraciones políticas. La lucha judicial por impedir la candidatura de Lula lo mantuvo lejos de esa posibilidad. Y en la necesidad de un candidato, el imaginario de una porción de la sociedad brasileña que considera a los petistas “criminales” encontró en las aspiraciones de Jair Bolsonaro del Partido Social Liberal (PSL) el sustituto perfecto desde su condición de ex militar, con un discurso nacionalista que les hablaba de mano dura, lucha contra la inseguridad y la corrupción, y el final definitivo de las aspiraciones de Lula de retornar al poder. La restauración del “orden y progreso” que forma parte de la insignia de Brasil y fuera el símbolo de su campaña.

Bolsonaro será, seguramente, el próximo presidente. Desde 1988 en que rige la nueva Constitución, ningún candidato que llegó en segundo lugar en la primera vuelta, alcanzó la presidencia de Brasil tras un ballottage.

Tal vez ahora, Moro recuerde que la Italia del fiscal Di Pietro abrió en 1994 –sin proponérselo– el acceso a una era de poder del polémico líder de derecha Silvio Berlusconi, quien dividió a la sociedad italiana y fue acusado de corrupción, abuso de poder e incitación a la prostitución, en las antípodas de las aspiraciones de los impulsores del Mani Pulite.
Bolsonaro ha realizado muchos y cuestionables comentarios de corte homofóbico, racista, machista, contrarios a la ideología de género, y de reivindicación de la dictadura militar, extremos que podría profundizar si alcanzara el poder.

El anhelo de reconstruir la calidad institucional del juez que enfrentó con valor a los poderosos corre el riesgo de romperse. Sergio Moro tal vez sienta –el 28 de octubre– que dejó atrás a un enemigo y a su paso encontró otro capaz de explorar los límites de la ley, restringir libertades y abusar del poder.

Tal vez el sueño de Moro se despierte y comience el sueño del “Messias” (su segundo nombre) Bolsonaro. Ojalá, para el bien de los brasileños –y de sus vecinos– la puja de ambos sueños no termine siendo la pesadilla de Brasil.

*Director del Observatorio de Calidad Institucional de la Universidad Austral.


Comentarios

Lo más visto

RECOMENDAMOS...

Periodismo puro

© Perfil.com 2006-2018 - Todos los derechos reservados

Registro de Propiedad Intelectual: Nro. 5346433 | Edición Nº 4422

Domicilio: California 2715, C1289ABI, CABA, Argentina  | Tel: (5411) 7091-4921 | (5411) 7091-4922 | Editor responsable: Ursula Ures | E-mail: perfilcom@perfil.com | Propietario: Diario Perfil S.A.