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domingo 21 julio, 2013

Invaginación

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domingo 21 julio, 2013

Los médicos usan la palabra invaginación para referirse a una capa de tejido que se mete hacia adentro. En psicología se la usa metafóricamente para indicar que alguien se encierra en sí mismo. En política se viene sosteniendo que el Gobierno se repliega hacia su interior, tanto en sus ideas como en su gente, lo que se traduce en profundizar el modelo e implementarlo con los incondicionales. O sea, que preferirá satisfacer más al núcleo duro de sus votantes, el 25% del total de los argentinos, que satisfacer menos a un porcentaje mayor. Y que la audiencia para la que ahora Cristina Kirchner trabajaría es la historia y no le preocuparía que después de ella quedase un sucesor que de alguna forma continuara el modelo sin interregnos, ya que tampoco eso le está funcionando muy bien a Lula con la preparada Dilma. Que como Perón, si no puede ser ella reelecta, prefiere que su heredero sea el pueblo. Y por eso eligió al desconocido Insaurralde para encabezar la lista del distrito donde se juega la suerte del kirchnerismo.

Pero hay otras lecturas. Que si Massa no triunfara por más de cinco puntos frente a un desconocido como Insaurralde, habría un virtual triunfo del Gobierno y que con Scioli en la presidencia a partir del 2015 el kirchnerismo podría hacer lo que Duhalde no logró: condicionar a un triunfante sucesor al que ayudó a ungir. Lo que significaría una Cristina Kirchner continuando con una cuota de poder muy significativa.

Entre las hipótesis más mencionadas están los dos polos: van por todo, o si no pueden ir por todo prefieren incendiar Roma e ir por nada. Pero no habría que descartar que, llegada la hora de las definiciones, emergiera en el kirchnerismo un pragmatismo fáctico (muchos pueden ir presos, muchos pueden quedarse sin trabajo) que lo llevara a reinventarse en la versión más light con la que Scioli podría arroparlo.

Del otro lado tampoco hay nada que no sea light. El autor del libro de culto Los cuatro peronismos y titular de la cátedra “Los cambios en el sistema político mundial” en la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires, Alejandro Horowicz, escribió el lunes pasado en el diario Tiempo Argentino: “Basta echar una mirada sobre la política nacional para verificar que se trata del reino de los intendentes. El presidente de la UCR es un intendente, el jefe y fundador del PRO también lo es; la UCR no es mucho más que una liga de intendentes en busca de candidato presidencial; el socialismo santafesino se articuló desde la intendencia de Rosario; la división del oficialismo en la provincia de Buenos Aires expresa corrimientos de intendentes; intendente es el jefe del Frente Renovador, intendente el primer candidato del Frente para la Victoria; la agenda en curso remite a la sanctasanctórum de los intendentes: la gestión”. Valdría agregar de la gestión urbana: el domingo anterior el título de esta contratapa fue “La liga alumbrado, barrido y limpieza”. Y en ese contexto Scioli no sólo no desentona sino que por momentos luce hasta sobrecalificado.

Que la agenda de la sociedad esté más orientada hacia lo cotidiano que a lo transcendente puede interpretarse de múltiples formas. Que la mayoría está fatigada del desborde de ideologización de la última década. O que la mayoría no comparte la ideología kirchnerista, pero al no surgir otra alternativa entonces prefiere volcarse a distintas problemáticas para encontrar alternancia. O hasta que comparte la esencia del ideario que el kirchnerismo dice defender, pero haciéndosele imposible digerir todas las contradicciones del kirchnerismo, prefiere buscar continuidades a través de temas instrumentales.
En cualquiera de los casos es un escenario apropiado para Scioli (“querido Daniel”, le dijo la Presidenta ayer frente a las cámaras en el acto de campaña que tenía como excusa inaugurar una maternidad acompañada por Insaurralde).
Invirtiendo el orden de una clásica definición semiótica: “Verdad pública es el conjunto de proposiciones que tomadas como ciertas en determinadas comunidades de mentes afectan las conductas de sus integrantes”, se podría concluir que si las conductas de los votantes están cambiando, otro tipo de verdades está cobrando relevancia en detrimento de anteriores que se debilitan.

Porque, aunque el lunes el Senado encamine la aprobación del general César Milani como nuevo jefe del Ejército, se anuncie que a Chevron se sumará Exxon invirtiendo en Vaca Muerta (la empresa que superó a Apple como nº 1 del mundo) o haya conseguido la eximición de prisión Jaime hasta después de las elecciones, cada vez se le hace más difícil al kirchnerismo lograr que la sociedad construya sentido en dirección a su paradigma y fije creencias en función de su relato.

Los hábitos interpretativos de los votantes están cambiando. Para los políticos poco importan las causas, sino cómo adaptarse a las consecuencias y sacar provecho de ello. La foto de Cristina Kirchner ayer abrazando sonriente a Insaurralde, a quien le dijo “tenés un ángel especial”, como el “querido Daniel” a Scioli en ese mismo acto, son una señal de que el kirchnerismo busca dar batalla reinventándose como pueda. Dos nuevos Néstor Kirchner: el nieto de Cristina y el de Alicia Kirchner nacido una semana antes, la posibilidad de que la Presidenta vaya saliendo del luto y varios kilos de menos en su figura, son indicios personales de que algo podría cambiar.

Quizá las cartas no estén echadas como se tiende a suponer –también como deseo– entre quienes odian al kirchnerismo. Pero en cualquier caso hay un repliegue y una necesidad de elevar a Scioli por sobre todos.


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