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COLUMNISTAS / ensayo
domingo 7 julio, 2013

Periódico ejemplar

En Los judíos y la dictadura (Vergara), Hernán Dobry narra la historia del periódico Nueva Presencia, dirigido por Herman Schiller, uno de los mayores luchadores por los derechos humanos durante el último gobierno militar. Cuando muchos diarios callaban, Nueva Presencia alzó su voz y denunció la represión que se estaba llevando a cabo y dio en sus páginas cabida a quienes estaban silenciados, como Adolfo Pérez Esquivel.

por Redacción Perfil

Los desaparecidos fueron un tema tabú, y hasta podría decirse prohibido, para la mayoría de los medios masivos de comunicación durante la última dictadura militar, al punto de que callaron ante el drama que vivían miles de familias y recién se subieron al tren de los derechos humanos cuando las Fuerzas Armadas ya estaban en retirada. La sociedad actuó de una manera similar…

Algunos periódicos fueron la excepción que confirma la regla, a pesar de la autocensura y el temor que circulaban en las redacciones. El Buenos Aires Herald, principalmente, y La Prensa, con algunas columnas de Manfred Schöenfeld y otros artículos, son los únicos que merecen ser reconocidos por haberse animado a quebrar el silencio que reinaba en esos días.

Pero la amnesia, el olvido, la ignorancia o la visión sesgada de lo que ocurrió durante la última dictadura militar dejaron fuera de la historia a uno de los más fervientes defensores de los derechos humanos de esos años: Nueva Presencia.
El periódico judío, dirigido por Herman Schiller, fue uno de los medios que más apoyaron la lucha de los familiares de desaparecidos, hasta el punto de poner fotos de las Madres de Plaza de Mayo en su portada y cubrir y participar de sus huelgas de hambre y protestas cuando nadie lo hacía.
Habló cuando la mayoría callaba, y se opuso a los diferentes mantos de olvido que la dictadura intentó tender sobre el tema en los últimos años antes de la retirada del poder: la Ley de Autoamnistía, el Documento Final de la Junta Militar sobre la Guerra contra la Subversión y el Terrorismo, y la guerra de Malvinas.

Lo paradójico es que las referencias sobre la actuación de Nueva Presencia han sido omitidas sin una explicación válida tanto en los libros que repasan la historia de la prensa gráfica en la Argentina como en los que analizan el desempeño de los diarios y las revistas durante el último gobierno militar.
Así, tanto el periódico como Schiller se han convertido en los primeros desaparecidos del “relato” sobre el rol de los medios de comunicación durante el Proceso de Reorganización Nacional, algo similar a lo que le ocurrió a su colega Jorge Lanata en mayo del año pasado, cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner omitió nombrarlo durante la celebración de los 25 años del diario Página/12, que él mismo había fundado.

Este “olvido” resulta por demás llamativo, dado que se ha reiterado en la mayoría de los trabajos de los distintos periodistas y académicos que han estudiado la época y publicado libros y ensayos, a pesar de que conocen a la perfección no sólo a Nueva Presencia sino también el desempeño que tuvo su director en materia de derechos humanos durante la dictadura y en los años posteriores.
Una omisión de esta magnitud sólo podría llegar a entenderse si los investigadores lo hicieron porque consideraron que se trataba de un periódico de nicho o apuntado específicamente a una comunidad…

Este argumento se choca con una contradicción: todos los libros y ensayos remarcan la actuación del Buenos Aires Herald en esos años, que era un diario con características similares a Nueva Presencia, ya que estaba apuntado sólo a lectores de habla inglesa, algo que en la época incluía a un pequeño sector de los argentinos.

A esta omisión se suma la postura de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, que suelen atacar en sus discursos a medios como La Nación, PERFIL y Clarín por su rol durante la última dictadura militar, pero nunca han resaltado la labor llevada adelante por Schiller en defensa de los derechos humanos.

Quizás esto tenga que ver con que el periodista se mostró crítico de la gestión del ex mandatario, lo que le valió que la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, lo echara en 2007 de su cátedra de Historia del Movimiento Obrero, que dictaba en su universidad…

Ni siquiera el gobierno militar había osado hacer algo así con el director de Nueva Presencia, a pesar de que fue amenazado en varias oportunidades. Incluso, el periódico recibió dos atentados con bombas que explotaron en los talleres donde se imprimía en 1981 y, sin embargo, continuó con su tarea sin bajar el tono de las críticas contra el régimen…

Pese a esto, la mayoría de los estudios sobre la historia de la comunidad judía en la Argentina también ha sometido al olvido al periódico, aunque podría tener su fundamento en los encontronazos que tuvo Schiller con las distintas comisiones directivas de la DAIA antes y después de la dictadura, especialmente luego de que creó el Movimiento Judío por los Derechos Humanos (MJDH) junto al rabino Meyer, en 1983.
Nueva Presencia fue un diario que incomodó tanto a la dirigencia como a sus propios lectores, que no siempre coincidían con la óptica que tenían los artículos, en especial en lo que respecta al tratamiento que daba a las noticias sobre Israel, donde se atacaba la administración del primer ministro Menajem Beguin y se dejaba entrever un apoyo a la causa palestina…

Los ataques llegaban, incluso, desde otras publicaciones comunitarias como la revista sefardí La Luz o la ultraortodoxa La Voz Judía, que llegó a acusar al diario de tener una línea “antijudía […] que enloda a la prensa capitalina”.

“Ni siquiera valdría la pena malgastar tinta para ocuparse de una publicación dedicada a denigrar al pueblo judío, con el soez lenguaje antisemita de ayer, de hoy y de siempre –afirmaba La Voz Judía en un editorial–. Si lo hacemos es por la muy especial circunstancia de que esa publicación enemiga destila su ponzoña antijudía bajo la falaz máscara ‘judía’, en una nueva técnica confusionista, que procura lanzar el veneno antijudío desde el interior de nuestro organismo, es decir, atacar la existencia judía desde adentro en el más refinado y peligroso conducto de corrupción quintacolumnista”.

A pesar de todas estas injurias y ataques, de las presiones internas de la comunidad y de los dos atentados que sufrió en las imprentas donde se editaba, Nueva Presencia siguió combatiendo al gobierno militar y defendiendo los derechos humanos hasta el final de la dictadura y, luego, durante la presidencia de Raúl Alfonsín.

Su labor recién fue reconocida en forma oficial el 15 de noviembre de 2007, cuando la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó, a instancias del legislador del Frente para la Victoria Miguel Talento, la realización de un homenaje a 25 años de la fundación del periódico “por su compromiso con los derechos humanos y su lucha contra la dictadura”.
Un año más tarde, el 9 de diciembre 2008, se colocó una placa recordatoria en Castelli 330, donde funcionó la redacción, en un acto del que participaron los escritores Osvaldo Bayer y David Viñas, el filósofo León Rozitchner, la Madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora Nora Cortiñas, el fundador de la revista Humor, Andrés Cascioli, y el músico Víctor Heredia, entre otros.

“Estaba en el exilio en Alemania y fue una gran sorpresa cuando recibí el primer número de Nueva Presencia –sostuvo Bayer–. Si se podía publicar estas cosas, y estaba la valentía que tuvo Schiller con sus colaboradores, se abría el camino hacia la democracia”.

Dos años después de este homenaje, el director de contenidos de Radio Ciudad, AM 1110, Baltazar Jaramillo, decidió levantarle su programa Leña al fuego, que desde hacía 13 años estaba en el aire.

La única explicación que recibió fue que se trataba de una reestructuración de los contenidos de la emisora, a pesar de que era el más escuchado de los sábados. Pero quizás haya otra razón oculta: era un asiduo crítico tanto de la gestión de Néstor y Cristina Kirchner como de la del jefe de gobierno porteño Mauricio Macri.

“Mi programa es crítico con el poder, no sólo con el de (Mauricio) Macri, sino también es crítico con el Gobierno nacional. Es un programa crítico, dedicado a las luchas sociales”, afirma Schiller.

Esta postura lo convirtió en un personaje “despreciado” tanto para algunos sectores progresistas y el kirchnerismo como para el macrismo, a pesar de haber sido uno de los principales luchadores por los derechos humanos que tuvo la Argentina en tiempos de la última dictadura.

El aporte de Schiller y Nueva Presencia fue único y ejemplar en esos años oscuros que envolvieron al país y a la prensa, por lo que su rol merece ser destacado y rescatado del olvido al que se lo tiene sometido desde hace casi treinta años.
Si esto no ocurriera, se estaría dejando a la historia del periodismo argentino sin la presencia de uno de sus honrosos y destacados miembros.

*Periodista.


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