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COLUMNISTAS / econOMISTA DE LA SEMANA
sábado 5 enero, 2019

¿Cómo será la economía a partir del 2020?

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LUCIA PEZZARINI / LCG CONSULTORA

Foto: Cedoc

En las últimas semanas se presentó la discusión acerca de si es posible crecer en 2019. A partir de esto, se vio también que los pronósticos fueron bajando el nivel de pesimismo, ajustando las caídas auguradas.
Resulta interesante y necesario alejarse un poco de la coyuntura y observar cómo quedarán las principales variables de la economía luego de 2019, aun considerando que este año se transita sin eventos disruptivos, un dejo de “optimismo”. Y optimismo entre comillas porque creemos que en el mejor de los casos el PBI promedio podrá ser similar al de 2018. Por supuesto, este escenario que planteamos como base no está libre de riesgos, algunos provenientes de la propia esfera de la economía, otros de la política o del contexto internacional.

Para empezar, el nivel de actividad se ubicaría apenas por encima que en el año 2011 (+0,4% entre puntas, es decir, un crecimiento anual promedio casi nulo). Teniendo en cuenta el PBI per cápita, medida más correcta para inferir acerca del bienestar de la sociedad, los resultados son aún más desalentadores, dado que probablemente sean incluso más bajos que los de 2008, convalidando una expresión que comienza a ser frecuente entre economistas y politólogos: una nueva década perdida.

El magro desempeño en términos de actividad tiene como correlato la ausencia de mejora en los indicadores socioeconómicos.

La pobreza sigue afectando a un tercio de la población total y a casi la mitad de los chicos menores de 14 años. La imposibilidad de romper esta barrera se vincula directamente con la incapacidad de la economía de generar empleo, sobre todo en el sector privado formal. En este sentido, suponiendo un escenario optimista donde se recuperan los niveles de empleo de 2018, los puestos de asalariados formales se ubicarían al nivel de 2015.

Tomando un horizonte temporal más amplio, serían solamente 2,3% trabajadores más que en 2011, lo que no puede considerarse crecimiento real si se tiene en cuenta que la población crece alrededor del 1% por año.

En cuanto al frente externo, será uno de los sectores donde se esperan buenas noticias para este año y el factor clave para darle dinamismo a la economía. La mayor cosecha y las mejoras en la competitividad derivada de la corrección del tipo de cambio serán los factores que impulsarán el crecimiento pronosticado. Por un lado, el salto devaluatorio permitirá reducir el déficit externo vía reducción de importaciones, tanto de bienes como de servicios. A su vez, no descartamos que, contando con una demanda más pujante de Brasil, el resto de las exportaciones no vinculadas al sector primario cobren mayor protagonismo.

Sin embargo, para que esto sea posible y ese sendero virtuoso se prolongue en el tiempo es necesario evitar un nuevo ciclo de apreciación cambiaria, algo que resulta muy difícil cuando en el corto plazo se necesita darle un empujón a la actividad y la tentación política es muy alta en un año electoral. Además, viendo los números en perspectiva, medidas en dólares las exportaciones se ubicarían todavía muy por debajo del máximo de 2011: el déficit de cuenta corriente sería poco más de 2% del PBI, duplicando el de aquel año.

En cuanto a la situación fiscal, el principal condicionante que enfrenta Argentina para crecer de forma sostenida al menos desde el discurso oficial, también podrán mostrarse mejores resultados. Y mejores incluso a los previamente anunciados, dado que el compromiso con el FMI de lograr equilibrio fiscal primario obligó a acelerar el sendero ajuste de las cuentas públicas. En este punto también son necesarias algunas salvedades. En primer lugar, el alcance de la meta implica, además del achicamiento de gastos, un incremento de ingresos. Puntualmente, la generalización de los derechos de exportación a todos los bienes y servicios generará ingresos adicionales por 1,3% del PBI. En segundo lugar, que el ajuste del gasto se hizo sin atacar el problema de fondo: la situación del sistema previsional, sino que recayó sobre los gastos de capital, subsidios y empleo público. Por último, que el resultado financiero, que incorpora el pago de intereses por deuda, seguirá mostrando un rojo elevado (3,3% del PBI).

A modo de conclusión, podemos decir que, si bien el punto de partida para este año es bastante más auspicioso que los años anteriores, sobre todo por contar con una estructura de precios relativos más alineados, el punto de llegada es menos alentador cuando uno aleja el zoom de la coyuntura, los problemas estructurales seguirán presentes y pendientes de resolución.

 


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