jueves 23 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS opinion
04-10-2020 00:34
04-10-2020 00:34

Dejarse de joder

04-10-2020 00:34

Presionar a la Corte Suprema. Apurar la reforma judicial. Podar la coparticipación porteña. Expulsar a un diputado desubicado. Rediscutir el uso de las pistolas taser. Polemizar con el campo sobre el dólar. Promover que Alberto F presida el PJ. Pelear por cuál actividad se reabre o no. Disimular las internas feroces en el Gobierno. Esconder los cortocircuitos graves en la oposición.

Un somero repaso de gran parte de la agenda del círculo rojo dirigencial (y mediático) de los últimos días suena algo desalentador, por decirlo en un tono diplomático del que carece el título de esta columna.

Claro que puede resultar una observación opinable. Pero esta sucesión de “temas de interés” ocurre mientras miles, decenas de miles, centenares de miles, millones de personas que viven en la Argentina atraviesan estos tiempos bajo la angustia de enfermarse o morirse por Covid, caer en la pobreza y el desempleo o ser rodeados por incendios voraces.

Todo esto está pasando. No es una proyección de lo que puede pasar: eso resultaría aún más dantesco socialmente, si no se acuerdan y se ejecutan medidas tan urgentes como realizables.

El Indec divulgó que como promedio del primer semestre de este año hay 40,9% de pobres. Pero si se pone la lupa en el segundo trimestre, cuando empezó a golpear mal la pandemia, ese porcentaje llega a casi la mitad de nuestra población: unos 20 millones de personas.

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El organismo oficial estimó como pobres a unos 8 millones menores de 17 años. ¿De verdad pretenden continuar discutiendo sobre la conectividad escolar? ¿En serio?

El Gobierno se montó desde hace algunas semanas a un relato “despandemizador”. Lo ayuda el cansancio general tras seis meses de aislamiento y la baja de casos en el AMBA. Pero ya tenemos más de 20 mil muertos y en las provincias el virus hace estragos, sin la estructura sanitaria que defendieron Larreta y Kicillof. Parece no importar mucho. Igual que el fuego y la fragilidad de su combate.

No se trata aquí de reproducir estadísticas y situaciones para activar “indignacionitis” políticamente correctas y tranquilizadoras de espíritus hipócritas. No es la idea.

Sí se trata de interpelar a la dirigencia (y de autointerpelarnos desde los medios), para que nos dejemos de joder de una vez por todas, que lo que está ocurriendo es dramático y podría ser peor.

Con distintos niveles de responsabilidad, nadie se puede escapar del sayo. Quienes tienen tareas de gobierno, en primer lugar. Pero también la oposición (protagonista del desaguisado macrista). Y hasta economistas liberalotes que abjuran de los últimos 70 años de historia argentina y proponen echar nafta al fuego socioeconómico, empezaron a peinarse para pelear por una candidatura en 2021. Qué patético todo.