martes 28 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS Trama internacional
04-09-2021 01:23
04-09-2021 01:23

La caída de Kabul

04-09-2021 01:23

Una vez más la rendición  de una ciudad simbolizó el éxito de la fe sobre el pecado. La toma de Kabul por  los talibanes tiene un significado más profundo que el triunfo sobre los invasores y la proclamación de la independencia. Kabul representa en el imaginario de ese grupo todo aquello que tiñe de pecado la vida humana: el ateísmo, la ambición, el comercio y el libertinaje. Ese mismo sentimiento corrió por las venas de los terroristas que el 11 de setiembre estrellaron los aviones contra las Torres del Centro de Comercio Internacional en Nueva York. Esa ciudad representaba  el cenit del poder financiero  con pretensiones de  extender  su cultura y forma de  vida a todos los rincones del mundo.

La destrucción de las Torres provocó un sentimiento de satisfacción en los círculos extremistas y también en el progresismo a pesar de una que otra declaración lamentando la pérdida de vidas de inocentes. Nueva York más que Washington es el templo donde el dinero reemplazó a Dios para promover la ambición y el individualismo aniquilando cualquier sentimiento de comunidad o vivencia espiritual. El ataque terrorista tuvo el objetivo de conmover la estructura de poder para mostrar su debilidad y las posibilidades de vencerlo en el campo de batalla como efectivamente sucedió veinte años más tarde en Afganistán.

La historia tiene ejemplos del odio de las zonas rurales y por lo tanto postergadas contra las ciudades donde residían los gobernantes a los cuales  los campesinos acusan de explotación. Babilonia, Roma, Bagdad, París, Berlín, Shanghái, Moscú, Estambul y muchas otras fueron los  blancos favoritos de las revueltas porque cobijaban  infieles, degenerados  y  corruptos desprovistos de religión.  En Turquía, el Partido AK de tendencia islamista ganó las elecciones por el apoyo abrumador de las zonas rurales mientras el Partido laico  CHP se impuso en Estambul.

La convivencia en las zonas rurales explica la actitud refractaria a aceptar  cambios que impliquen una modificación de los valores y jerarquías;  las mismas tareas de supervivencia y la escasez  requieren de formas de trabajo   donde prima  la comunidad.   La única forma que el individuos tiene de salir de esa estructura es rompiendo con el sistema y afrontar los riesgos de la separación con un destino incierto. El multiculturalismo asume que existe una adhesión voluntaria de los miembros  a la comunidad cualquiera sea su forma negando la posibilidad de un régimen de coerción que se impone desde arriba para ejercer el control de las condiciones de vida de los miembros  distribuyendo premios y castigos. La preservación de una cultura  constituye hoy una reivindicación  progresista mientras que tiempo atrás se aceptaba  la evolución como parte de un proceso influenciado por la modificación de  las condiciones materiales de la sociedad. La negación del progreso basándose en consideraciones benevolentes se convierte en una política regresiva que anteriormente era asignada a las religiones y derechas retrógradas.

Esta condescendencia a los habitantes rurales explica los llamados a regresar  a la naturaleza donde sería posible un desarrollo espiritual alejado de las tentaciones diabólicas de las ciudades. El Papa Francisco refleja esta posición al señalar que las crisis se deben a  la declinación moral,  al distanciamiento de los valores religiosos, a la caída en las vorágines ateísta y agnóstica y prevalencia del individualismo acompañada por filosofías materialistas. Todas estas razones forman parte de las plataformas ideológicas del  extremismo donde se rechaza el individualismo y las  visiones  no religiosas.

El triunfo del Talibán es sólo un capítulo en una trama internacional compleja donde existen fuerzas interesadas en cuestionar la democracia,  la libertad y los derechos humanos. Si uno pensaba que esos principios eran universales los hechos están demostrando que siempre se puede  volver al pasado.  

*Diplomático.

Producción: Silvina Márquez.

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