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La explosión de Bolivia

Más allá de los vaivenes partidarios, la situación social en el país del altiplano genera iguales dosis de tristeza y preocupación. Rodrigo Paz llegó al poder en el contexto de una situación convulsionada, comenzó tomando las medidas que la situación ameritaba, pero no pudo detener la crisis. La ausencia de un gobierno de unidad nacional complejizó un panorama en el que no se vislumbra cómo será la solución definitiva.

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| Pablo Temes

Es doloroso ver las condiciones de pobreza en las que viven muchos bolivianos y es llamativo el comentario de algunos analistas, que sostienen que Rodrigo Paz ha provocado ese nivel de desigualdad y miseria en unos pocos meses de gestión.

Es superficial atribuir la crisis actual a una administración que apenas comienza, y no a un proyecto político que controló todos los poderes del Estado boliviano durante veinte años. La situación del país era caótica en los últimos meses del gobierno del MAS: las filas para conseguir combustible alcanzaban los cuatro y cinco kilómetros, se había desatado un proceso inflacionario que desconcertó a la población.

La idea de reivindicar el retorno a una sociedad precolombina mientras se exigen los beneficios de la civilización contemporánea es pintoresca, pero disparatada. Los masistas defendieron la vigencia de la medicina tradicional, pero cuando enferman, van a las farmacias en busca de fármacos y se desesperan si no los encuentran.

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Un año antes de los comicios, los estudios de opinión pública mostraban a Evo Morales o a su candidato al frente de las preferencias. En la medida en que avanzó el proceso electoral, la intención de voto en favor del Movimiento al Socialismo (MAS) se desvaneció por la debacle.

El resultado fue contundente: los votos de los candidatos de oposición –Rodrigo Paz, Tuto Quiroga y Samuel Doria Medina– sumaron el 80% del electorado. El candidato respaldado por Evo Morales apenas alcanzó un 8%.

En las elecciones legislativas, la izquierda logró instalar apenas un senador y unos pocos diputados en un Parlamento que controló durante veinte años.

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Inicialmente, las encuestas estaban encabezadas por Tuto Quiroga y Doria Medina, dos figuras de extensa trayectoria política, exministros y excandidatos presidenciales (uno de ellos, incluso, expresidente), graduados en instituciones de prestigio como la London School of Economics. Ambos tenían binomios preparados, pero eran perfiles difíciles para la sociedad del scroll y la comunicación superficial.

Los estudios anticiparon que en la actualidad, un currículum académico sólido puede ser percibido por la ciudadanía como algo negativo. Muchos tienden a votar por lo que no se parecen a "los políticos de siempre". En nuestros análisis prestamos atención a personajes más o menos estrafalarios que podían verse como una opción de cambio.

Quiroga logró acceder a la segunda vuelta con una campaña que mitigó su perfil tradicional. Por el contrario, Doria Medina apegado a las formas de la vieja política terminó desplazado Rodrigo Paz.

El ascenso de Rodrigo Paz fue vertiginoso, durante los últimos quince días previos a la votación. Paz se había mantenido como un candidato opaco. El protagonismo de su campaña lo tuvo su vicepresidente, el excapitán de la policía Edman Lara, que atraje a los votantes decepcionados del MAS que desconfiaban de los candidatos convencionales. Una encuesta reveló que el 80% de los votantes de Paz lo hicieron por respaldar al capitán.

Algunos analistas atribuyeron esto a un pacto con Evo Morales, pero no se sostienen en la sociedad de la información. No existen redes ni tintas mágicas; la intercomunicación digital tiene la capacidad de movilizar a millones de votantes insatisfechos, generando los resultados imprevistos a los que estamos acostumbrados. Paz ganó las elecciones cabalgando sobre el caballo de Troya.

Un gobierno sensato debe basar sus decisiones en el análisis de la realidad. No obstante, el entusiasmo de haber alcanzado el poder de forma imprevista generó en el presidente Paz la ilusión de que el triunfo electoral era suficiente. La realidad demuestra que llegar a la presidencia es solo el inicio de la etapa más compleja y difícil de la política: el ejercicio del poder.

Al asumir la presidencia, Rodrigo Paz no tuvo la estatura política que demandaba la coyuntura. A pesar de saber que el escenario era sumamente complejo y que desmantelar el sistema de subsidios implementado por el MAS sería difícil, el mandatario optó por enredarse en disputas menores por cuotas de poder con otros sectores que compartían su misma visión de país.

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El camino adecuado habría sido convocar a un gobierno de unidad nacional, que habría permitido unificar a las bases y estructuras partidarias propias, de Quiroga y de Doria Medina, para avanzar rápidamente con las reformas de sentido común en las que todos coincidían. El tiempo apremiaba para avanzar.

La impaciencia de una sociedad hiperconectada y la volatilidad de las emociones públicas juegan en contra del mandatario. Actualmente, sectores de la oposición exigen la renuncia de Paz, un presidente elegido en las urnas de manera legítima. Si por desgracia para el país el presidente cediera a estas presiones y diera un paso al costado, Bolivia quedaría en manos de Edman Lara, quien se convertiría en el mandatario menos preparado y más inestable psicológicamente de la historia del continente. El choque entre culturas es más importante que la confrontación entre ideologías. Volveremos sobre el tema la próxima semana.

* Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.