jueves 22 de abril de 2021
COLUMNISTAS sensibilidades
10-10-2020 00:16

Ojos abusadores y negros educados

10-10-2020 00:16

Mientras el retorno a las aulas avanza a paso lento, no es ocioso imaginar cómo se llevará a cabo, más allá de las cuestiones sanitarias. En la era pre Covid-19, la relación entre docentes y alumnos empezaba a reperfilarse. El tribunal de chicas del Nacional Buenos Aires formado en 2018, año del #metoo, marcó un antes y un después en la concepción del abuso. Paralelamente, se fortaleció el cuestionamiento sobre los contenidos, también a manos del activismo identitario autóctono, diligente a la hora de importar modus operandi de Estados Unidos. En este sentido, me contaba Alan Pauls en una entrevista cuyo eje central era la corrección política, que, ya en 2009 cuando fue a trabajar a Princeton, se prohibía a profesores mirar a los ojos a estudiantes durante más de tres segundos. Agregó que estos mecanismos de control siguieron reproduciéndose y tomando un rumbo cada vez más delirante que encuentra uno de sus picos en la cátedra Delitos Sexuales de Harvard, donde hoy no se puede usar la palabra “violación” por su cualidad “traumática”. La idea prevalente es no herir sensibilidades, cosa que a priori suena muy linda, pero que en la práctica apunta muchas veces en la dirección opuesta.

El mes pasado, John McWorther, profesor de Lingüística de la Universidad de Columbia, escribió un artículo sobre los estudiantes que proscriben a docentes por abordar contenidos que les resultan vejatorios. Dio cuenta de la hipersensibilidad de este activismo woke en los centros educativos de su país con algunos ejemplos. El clásico anti-racista Ve y dilo en la montaña de James Baldwin, sirvió para ir contra un profesor que lo tenía en su programa. Se apeló, otra vez, al concepto “traumas”, aseverando que el libro los reaviva. Otro docente fue cancelado por aclarar en clase el significado de las siglas NWA, de la banda de Rap de los 90 Niggaz With Attitude. “Niggaz” no debía pronunciarse en lugar de “afroamericano”, pese a haber sido enarbolada por miembros de esa comunidad, hábiles en el viejo truco de usar lo peyorativo en favor propio. Al igual que los NWA, McWorter es afroamericano y sabe que avalar el señalamiento de personas y la censura de obras a partir de la subjetividad de un solo sector, es un suicidio. 

Si la Argentina persiste en importar exclusivamente lo más ramplón de los modelos foráneos, legitimará el empobrecimiento de contenidos y la remoción de trabajadores, bajo argumentos carentes de solidez. Pero las cosas no dejan de existir porque un grupo pretenda invisibilizarlas, y allí siguen sonando, décadas después, las rimas de canciones como Niggazz4Life: “¿Por qué me llamo nigga, me preguntás? Porque amo a los niggas. Porque los niggas son yo. Si eres un negro rico, eres un negro rico, pero nunca dejas de ser un nigga. Y si te educan, solo eres un negro educado”.

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