domingo 29 de mayo de 2022
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12-03-2022 23:55

Parar el tiempo

12-03-2022 23:55

Alguien contó los cortes que contiene Stalker a lo largo de los 162 minutos que dura: 140. Cualquier serie o película industrial con un metraje menor acumula mucho más de mil. Antonioni, como Tarkovski, tampoco tenía prisa y dejaba que Monica Vitti se tomara su tiempo andando entre la espesa contaminación de El desierto rojo o por las ciudades de La aventura.

El tiempo también pinta, dijo Goya, y el farol que ilumina los fusilamientos de Madrid en 1803 es el mismo que toma Picasso para el Guernica o la linterna digital de un celular que alumbra el registro de otro teléfono, sin cortes, en una sola secuencia de cualquier noche fatal de Kiev y que se reproduce más tarde en BBC World.

A Saer le gustaba la lentitud de Antonioni y de Tonino Guerra, quien al igual que a Tarkovski o a Theo Angelopoulos les proporcionaba textos colmados de gestos, tonos de luz, cuadros llenos de silencio, con palabras mínimas: tiempo en estado puro.

Scorsese recordaba el deslumbramiento que experimentó al ver La aventura en su juventud: “Me fascinó al igual que los films posteriores de Antonioni, y lo que hacía que yo volviera a él una y otra vez era el hecho de que no tenía resolución en el sentido convencional”.

En febrero murió Monica Vitti y el espacio que ocupó el obituario fue mínimo. En contraposición a las largas tomas de La noche o El eclipse, como en una mesa de edición de Netflix, solo se le dedicaron algunos fotogramas: del ojo sin párpado al constante parpadeo. Hubo una excepción y fue la tapa de Libération a la mañana siguiente de su muerte. Su rostro, en blanco y negro, detenido en algún momento contemporáneo a El desierto rojo o La aventura, mira a cámara, sin tiempo, para siempre, como subraya el título: “La Vitti eterna”. Christian Salmon, el autor de Storytelling, comentó en un tuit el gesto vintage, melancólico, del diario en sintonía con el espíritu de la izquierda actual.

Los spin doctors se empeñan en llenar de causas los relatos políticos aduciendo que la política sentimental ha superado al contenido ideológico de la izquierda o la derecha. Causas y no clases. A su manera y sin pretenderlo, también disuelven el tiempo y la memoria. Porque esto también lo narró, con pocas palabras y ninguna prisa, Antonioni en La aventura.

La película narra la peripecia trunca de una mujer que parte en un crucero por el Mediterráneo con su compañero sentimental, una amiga, interpretada por Monica Vitti, y un pequeño grupo de conocidos. Antonioni evita toda adjetivación, con lo cual no hay lentitud propiamente dicha; hay vacío, si es que esta característica se le puede adjudicar al tiempo. Al llegar a una pequeña isla, los tres protagonistas, junto a otros excursionistas viajeros, bajan para dar un paseo. La mujer desaparece. Todos la buscan: en las calas, al pie de los acantilados, en el interior del islote. Al final se la da por perdida y nadie sabe qué hipótesis alumbrar entre las posibles: caída mortal desde las empinadas rocas, víctima de alguna agresión o fuga premeditada. A partir de aquí, todo se relaja aún más y, casi sin darnos cuenta, asistimos al romance del hombre con la amiga de la mujer desaparecida, historia que sustituirá a la otra al punto de olvidarla y dejarla de lado, despreciando a la mujer y a la trama. Pero la nueva relación sentimental no es un amour fou, es simplemente una capa de realidad distinta superpuesta sobre la anterior y, al igual que la desaparición o presunta muerte de aquel ser cercano, no produce ni turbación ni una salida del hastío, tampoco lo logra esta nueva situación, al contrario: lo confirma. Dicho de manera simple, en esta película pasan cosas con las que no pasa nada.

Mientras la guerra en Ucrania avanza y el mundo cambia con vértigo, el devenir cotidiano se acumula, con frivolidad o con causas –al decir de los relatores oficiales–, que no es lo mismo, pero es igual. Sigue sin pasar nada.

Contaba Tonino Guerra que viajando con Antonioni retrataron con una Polaroid a tres musulmanes. El más anciano devolvió la fotografía al director diciendo: “¿Para qué parar el tiempo?”.

*Escritor y periodista.

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