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COLUMNISTAS / opinion
domingo 2 febrero, 2020

Reacciones y gestos

Fernando Báez Sosa fue asesinado a golpes por un grupo de rugbiers en Villa Gesell. Foto: Redes Sociales
domingo 2 febrero, 2020

Sobre reacciones hay mucho material disponible, y adquiere la forma de espectáculo. Se despliega en general como placer en la observación de los gestos y en la secuencia de comentarios de aquello que ocurre en directo y que es expuesto en una sobreexageración de la individualidad. Para el trabajo historiográfico de los grandes acontecimientos, los gestos de la gente común son necesariamente intentos de reconstrucción para una visión agregada, y en eso el correo postal y los diarios personales han permitido espiar supuestas cotidianidades. Esos materiales hablan de climas de época, y no tanto de las personas en sí mismas. Algunas primeras fotos muestran imágenes necesariamente rígidas; por ejemplo, para conocer el ambiente en la Comuna de París y su proceso revolucionario, o poco tiempo después, en los discursos de Lenin para espiar a la multitud atenta. Así, para las grandes narraciones políticas, la reacción no se relataba como de individuos sino como el resultado de una articulación agregada y homogénea de masas.

En este tiempo, en el de hoy, las reacciones parecen importar en sí mismas como una actividad que se autocontiene, aunque expresan, al contrario, una tendencia social generalizada, algo que YouTube puede atestiguar, por ejemplo, con rusos reaccionando a un video del Indio Solari cantando Jijiji.

La sociedad tiene una relación igualmente problemática con la cantidad de reacción aceptable o justificada. El modo en que algunas amenazas adquieren validez y potencia no siempre está justificado por una amenaza colectiva real, por lo que las reacciones no requieren una base objetiva para su impulso. Las reacciones de indignación frente a la brutal y trágica golpiza a Fernando Báez Sosa llevaron a procesos de diagnóstico sobre el rol del rugby como formador de potenciales asesinos. Se esperaban declaraciones obligadas de otros clubes de rugby que debían dar explicaciones, y hasta la UAR expuso una declaración pública. Probablemente tenga el rugby que tratar cuestiones propias sobre el modo en que lleva adelante la constitución de las masculinidades, así como los niveles de violencia de su propio juego, pero la acumulación de días en los medios de comunicación y la exposición del deporte como una amenaza posible a la vida de los argentinos jóvenes parecen no tener relación estadística con lo que se podría denominar una real amenaza masiva. Un informe del Ministerio de Salud de 2013 describe que en nuestro país el 70% de las muertes fueron producto de enfermedades no transmisibles, y de esas, el 40% eran enfermedades cardiovasculares. Las noticias no tratan estos números como escándalo.

Diferentes reportes vienen exponiendo la disminución preocupante, en el mundo, del uso del preservativo. La conversión de una enfermedad mortal hacia otra crónica ha quitado el símbolo de muerte y, por lo tanto, limitado las comunicaciones y campañas oficiales sobre la importancia de su utilización. La Sedronar a su vez expuso en un informe de 2017, sobre una encuesta a 20.658 personas, el modo preocupante en que el consumo de drogas había aumentado en la población más joven. Se menciona que respecto de 2010 se había duplicado el porcentaje de entrevistados de 12 a 17 años que no consideraban que era riesgoso fumar marihuana, y que a su vez había aumentado en esa misma población un 200% el consumo de éxtasis y triplicado el consumo de, por lo menos alguna vez, cocaína. La evolución de estos indicadores representa serias amenazas al interés público (a lo que se podrían agregar las corrientes antivacunas), y demuestra que pueden ascender en peligrosidad sin que eso implique un proceso de conmoción pública. Incluso con un cigarrillo de marihuana de por medio, y desatendiendo la procedencia del producto y su vínculo con el narcotráfico, puede tratarse la problemática del rugby, el machismo y los sectores más conservadores de nuestro país. Todo muy mezclado y junto, al mismo tiempo, como corresponde a la modernidad.

El sistema político suele subirse a los temas al ritmo del caos mediático y va asumiendo medidas, no sobre la base de un proceso de diagnóstico y planificación sino de la urgencia que adquiera la presión pública. El intendente de Villa Gesell apartó al jefe de la policía, la fuerza policial pasó a controlar frenéticamente las playas, y los boliches, a limitar la cantidad de ingresos. Antes de ese episodio, y después también, cientos de jóvenes siguieron y siguen disminuyendo el uso de preservativos, probando drogas y adquiriendo hábitos alimentarios por los que estarán visitando las unidades coronarias de hospitales dentro de algunas décadas.

Lo terrible para Fernando no es solo su muerte, sino su uso como espectáculo para la repetición de su escena, así los gestos y reacciones pueden seguir acumulándose.

 

*Sociólogo.


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