martes 24 de mayo de 2022
COLUMNISTAS secuencias
25-02-2022 23:55

Relato en pasado

25-02-2022 23:55

Listo, ya fue, se quemó media Corrientes.

De todas las cosas que me espantan de este panorama infernal a no tanta distancia de casa, una es leer la frase así, en tiempo pasado. Decir “se quemó, ahora busquemos a los culpables” (como si no supiéramos cuál es la razón de los incendios) es asumir que ante la cosa pasada solo queda la resignación y el cambio de carátula. Es una forma de relato absolutamente cómoda formulada desde las ciudades, donde se concentra la mayoría de la población. Pero en el pastizal en llamas el relato es diferente. Para empezar, es siempre presente.

Por lugares distintos me han llegado pedidos redactados por voluntarios que hacen colectas que incluyen cosas como tetinas para alimentar animales huérfanos, solución salina estéril al 0,9%, cremas como Nitrofurazona o Platsul (que son para quemaduras humanas), antibióticos, analgésicos, colirios. En este relato inmediato de las listas no es un pastizal lo que se quemó. Es vida en casi todas sus formas milagrosas y precarias.

En el inicio de Underground, de Emir Kusturica, hay una secuencia que perdurará en las memorias colectivas. Para narrar el bombardeo nazi (una secuencia icónica a las que el ojo y el relato ya están acostumbrados, ya que un bombardeo en cine –por terrible que sea– es una gramática asimilada), Kusturica toma un desvío escandaloso. Las bombas de su film no caen sobre gente inocente; caen sobre el zoológico de Sarajevo. Animales que ya estaban encarcelados son despedazados en toda su inocencia por el fuego enemigo. Animales que nada tienen que ver con esa guerra. Un león herido de muerte termina de dar muerte también a un flamenco herido, ambos desparramados por el suelo, ambos arreglados para la cámara en una composición que recuerda a las vanitas medievales, donde Eros y Tánatos ejecutan su despiadada sinfonía. 

El incendio de Corrientes puede también narrarse como una mera pérdida de territorio o como una catástrofe mucho más atroz: la degradación de la vida ante el pedestal del extractivismo. La quema de nuestra zona más húmeda deja además bien visible el peligro inminente de las zonas realmente secas. Si esto ocurre en los esteros, ¿qué no les pasará prontísimo al Chaco desmontado para soja o a las islas del Delta donde se refugia el ganado expulsado de sus pastoreos naturales?

Corrientes no se quemó; se quema todo el tiempo. Petrópolis no se inundó; se inunda sin parar. Si no cambiamos el tiempo verbal de estos relatos jamás podremos detenerlos.

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