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COLUMNISTAS / opinion
sábado 23 marzo, 2019

El problema de Macri con el círculo rojo

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por Jorge Fontevecchia

2015. Franco Macri abraza a su hijo el día que asumió. Foto: cedoc perfil

En el bien preguntado reportaje que realizó Luis Majul a Macri, los tres minutos referidos a su padre arrancaron del Presidente algo parecido a lo que Jacques Lacan llamaba “palabra plena”, en oposición a la palabra vacía, que carece de afecto. Palabra plena que aparece cuando en una sesión de psicoanálisis, al pronunciarla el analizado se “realiza” porque reordena su historia. Emerge donde el sujeto se compromete íntimamente con su decir y a la vez “es hablado” porque le brota de su inconsciente sin el filtro inhibitorio del pensamiento: “Cuando pienso, no soy; cuando no pienso, soy”, decía Lacan, invirtiendo irónicamente la famosa frase de Descartes. Probablemente la oportuna interrupción interpelante de Majul apuró al Presidente obligándolo a responder velozmente y salió que lo que su padre había hecho “es un delito” (ser parte de un sistema que, extorsionado por el kirchnerismo, para poder trabajar tenía que pagar).

Los fantasmas de Macri con su padre se proyectan haciéndolo creer que es hijo de la generación que integra

Así como el contador de los Kirchner, Víctor Manzanares, declaró que la ex presidenta dijo: “Qué suerte que se murió Daniel Muñoz”, por el secretario de Néstor Kirchner, quien ya no podrá presentarse a declarar en los juzgados de Comodoro Py, lo mismo podrían decir en Cambiemos sobre el fallecimiento de Franco Macri. De hecho, Majul le pregunta si es consciente de que su padre “si hubiera estado bien, habría tenido que ir a declarar en la causa de los cuadernos y eventualmente hubiera quedado procesado”.

Macri, previamente, había sido elogioso con su padre al decir que a su muerte “hubo un reconocimiento en la prensa, de un hacedor, de una persona que siempre priorizó su vida a partir del hacer, y eso me lo inculcó, no darle importancia a la plata, por eso trabajo en lo que trabajo, no para mí, sino para los demás”. Pero decir que su padre fue parte de un sistema que lo que hacía era delito fue de tal magnitud, como cuando se pronuncia palabra plena en terapia, que redujo todo lo demás a palabra vacía y  quedó resonando del reportaje casi solo eso.

“El efecto de una palabra plena (es) reordenar las contingencias pasadas dándoles el sentido de las necesidades por venir”, escribió Lacan,  y agregó: “Se trata menos de recordar que de reescribir la historia” para que el sujeto la comprenda en relación con su futuro. El círculo rojo ya viene acumulando tensiones con Macri desde que asumió, y que calificara como delito el sistema en el que participaba su padre preocupó a los empresarios que han tenido relaciones con el Estado mucho más que lo que los tranquilizó la mención de que fueron extorsionados.

Pero la asociación con el padre del Presidente no solo la realizan los empresarios que podrían estar en la misma  situación judicial de Franco Macri, sino en general empresarios, políticos, economistas e intelectuales porque la mala relación de Macri con su padre irradia desafecto generacional.

A los pocos días del reportaje, el Presidente dijo estar “caliente” con los que dicen que “esto se arregla creciendo, ¡¿quién no quiere crecer, quién no quiere crecer?! Para crecer, primero tenemos que hacer cosas de base”. Y quejándose de “los que vienen a proponer ese maravilloso atajo”, por Lavagna, propuso “remar un poco más porque de todo lo que se heredó no se sale de un día para el otro, sin llorarla, pero convencidos de que estamos en el lugar correcto, en la hora indicada, porque somos la generación que vino a cambiar la historia para siempre”.

Nuevamente la cuestión generacional atravesando toda la cosmovisión del Presidente. Nadie duda de que Macri quiera, como todos los argentinos, que la economía crezca pero el resultado de la acción no depende del querer, sino del saber, y podría errarle nuevamente. Aristóteles sostenía que –en general– estamos de acuerdo en los fines, por ejemplo en que el fin supremo del hombre es la felicidad, pero que discutimos acerca de los medios para lograrlo.
Mañana se cumplirán cuatro años de la convención radical en Gualeguaychú  donde se decidió la alianza con el PRO y la creación de Cambiemos. Que aún no esté la fecha para la convención radical de estas elecciones 2019 indica que hay diferencias entre los aliados de Cambiemos en cuanto a los medios para conseguir el fin perseguido: tener éxito en la elección y en el gobierno. También en marzo se cumplen tres años de la serie de reportajes que el presidente Macri concedió a los cien días de su gobierno y vale la pena volver a ver los primeros 45 segundos del que le hizo PERFIL, que comienza preguntándole a Macri: “¿Hay un plan B en la medida en que no vengan las inversiones en las proporciones que vos esperás?” (ver: https://bit.ly/fontevecchia-macri-100-dias) y escuchar la exultante respuesta del Macri de entonces.

Coincidiendo con el Presidente, también criticaron a Lavagna esta semana Marcos Peña (representa “propuestas antiguas, conservadoras y reaccionarias”) y Nicolás Dujovne (“una cosa es crecer al 9% haciendo todo mal y otra cosa es crecer haciendo todo bien”). En el círculo rojo hay quienes opinan que el optimismo electoral del jefe de Gabinete como el optimismo económico del ministro de Hacienda se justifican porque ambos dependen del futuro de Macri. Como sostenía Churchill, en determinadas circunstancias hay que ser optimista porque es lo útil.

También se cree fuera del círculo rojo que integró por décadas al reordenar su historia a las necesidades futuras

Lavagna no es de la generación del padre del Presidente, lo separa similar cantidad de años de Franco que de Mauricio Macri, pero desde su mirada es de la generación pasada: “Lavagna tendría que tener más humildad, estuvo en todos los gobiernos anteriores y debería hacer una autocrítica. Su renegociación de la deuda fue malísima; puso las retenciones al campo. Háganse cargo, gobernaron durante todas estas décadas y no resolvieron los problemas estructurales”.

El plural “háganse” incluye al círculo rojo, figura tan fantasmática como simbólica (e injustamente edípica porque el Presidente fue parte), que según su perspectiva prefiere a Lavagna que a él como presidente. 


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