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COLUMNISTAS / Inteligencia artificial
sábado 16 marzo, 2019

La piedra filosofal

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por Alejandra Litterio

Foto: Cedoc
sábado 16 marzo, 2019

La finalidad del arte alquímico era la transmutación o la producción de aleaciones que tuvieran la apariencia de metales donde los procedimientos para “transformar” estos elementos no se divulgaban. Este mismo sentido operaría sobre el trasfondo de la metafísica sintetizado en De occulta philosophia de Agrippa, donde no se sabrá nunca si todo el lenguaje alquímico y sus liturgias operativas refieren a algo diferente, esto es, a los misterios. Habría un momento operativo y un momento simbólico.

Si el secreto y lo simbólico son esenciales, entonces podríamos pensar que ningún discurso dice lo que parece decir. Cuando decodificamos un texto aplicando las técnicas de procesamiento de lenguaje natural, estaríamos frente a un laberinto del que no se podría huir a menos que se tenga el hilo de Ariadna. Entonces es necesario manipular la materia prima, la hyle de la que hablan los antiguos filósofos. ¿Tendremos que pensar en los agentes primordiales místicamente encerrados en los sistemas donde se produce el isomorfismo entre la sintaxis de la expresión y la sintaxis el contenido, o en sistemas motivados por la relación semántica y la correlación sintáctica?

Siguiendo a Foucault, “la semejanza no permanece estable en sí misma, solo se fija cuando remite a otra similitud, que, a su vez, llama a otras nuevas, de suerte que cada semejanza no vale sino por la acumulación de todas las demás (…)”. Aquí se hace necesario un paquete de instrucciones o procedimientos a seguir de manera que sea posible reconocer algunas marcas de un determinado semema en contextos específicos. Por otra parte, habría que dividir los sistemas entre aquellos donde el contenido discursivo se actualiza manipulando el plano en el que las reglas formales del pensamiento establecen relaciones como clavis universalis.

Como toda experiencia iniciática, esto implicaría generar un modelo computacional particularmente cognoscente de los mecanismos semiósicos. Será preciso, como sostiene Pernety, descubrir el vórtice metalingüístico sobre el cual se rige el discurso que no hace más que generar un bucle retroalimentativo, lo que requerirá la incorporación en el diseño de un sistema de interpretación con modalidades e intensidad distinta siguiendo un topic discursivo. Ahora bien, este modelo resulta incompleto cuando no se vincula la interpretación de la voz léxica interior a la coocurrencia de un contexto dado virtualmente por la semántica de los significados. No se trata, pues, de un esquema orientado exclusivamente a la construcción enciclopédica sino una representación semántica ampliada donde la semiótica del código y la semiótica del texto son dialectalmente interdependientes.

¿Cómo un sistema inteligente establecería una relación de similitud de identidad sémica entre los contenidos de las expresiones? La interacción se realizaría entre un ítem léxico que contemplaría un núcleo y una periferia con un sistema de tópico asociado de manera alquímica asignándole una polaridad. Las propiedades periféricas del semema estarían inscriptas en un contexto particular, donde para obtener un resultado interpretativo sería necesario activar algunas de las propiedades periféricas y no otras.

Entender el texto y su lenguaje implica una relación circular en la que el texto alquímico revela un secreto a quien ya lo conoce y es capaz de encontrarlo bajo la superficie del discurso criptográfico. Estaríamos en presencia del Opus magnum.

 

 *Lingüista.


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