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COLUMNISTAS / opinion
domingo 3 marzo, 2019

Lavagna, el antigrieta

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por Jorge Fontevecchia

EL GATO Y EL PERRO de Lavagna acompañan su desayuno en el jardín de su casa del barrio porteño de Saavedra. Foto: Obregon
domingo 3 marzo, 2019

Lavagna hace chistes con la pacífica convivencia entre el perro grande y la gata pequeña de su casa, que lo acompañan en el jardín mientras desayuna, diciendo que son una metáfora del consenso que precisa el país.

Macri y Cristina comparten el diagnóstico de la crisis argentina: el problema es el otro y lo que el otro representa. Lavagna se diferencia de ambos creyendo que se equivocan justamente en sus diagnósticos porque el problema es la grieta que ellos representan (y alimentan). Es la misma visión del presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, que acompañó el discurso de Macri del viernes con un indisimulado gesto de desaprobación, y del presidente del bloque de diputados nacionales del PRO, Nicolás Massot. Ambos anticiparon que no quieren continuar defendiendo a Macri en el Congreso en un eventual segundo mandato del Presidente porque para conseguir que se aprueben las leyes necesarias para que la economía mejore hace falta consenso.

El discurso de Macri en el Congreso fue el mejor para sus fans y un desvarío irreal para otros 

Para Lavagna, quien se equivoca en el diagnóstico, por mejores intenciones y buena voluntad que tenga, nunca podrá progresar. Una posición similar pareció reflejar durante el discurso del Presidente la actitud de Mario Negri, el jefe del bloque de diputados radicales y a la vez de Cambiemos.

Pero la grieta está profundamente arraigada en Argentina y vencerla es una tarea más titánica y difícil que para Macri vencer a Cristina o para Cristina vencer a Macri. Los síntomas, en este caso la grieta, siempre son económicos: cuesta menos esfuerzo convivir con ellos que pagar el precio de su cura. ¿Querrá la Argentina curarse del odio que enferma hasta su economía? De eso dependerán las futuras posibilidades electorales de Lavagna, a quien alguien definió como un tranquilizante para los nervios sociales que el estrés crispa.

Conocí a Lavagna en el primer reportaje largo de PERFIL, a comienzos de 2006, él había renunciado en noviembre de 2005 y el único medio crítico del kirchnerismo era este diario. Joaquín Morales Solá había publicado en La Nación una conversación con Néstor Kirchner donde decía que se llevaba bien con todos los medios excepto con los de Editorial Perfil (sumando al diario la revista Noticias). Intuyo que Lavagna quiso enviarle una señal al Gobierno de que iba a combatirlo en las urnas, lo que sucedió al año siguiente, y nosotros éramos el vehículo ideal de su mensaje.

Y lo mismo sucede ahora, cuando vuelve a elegir a PERFIL como mensajero para dar su primer reportaje largo camino a su candidatura presidencial. En 2006 éramos significantes de distancia con Néstor Kirchner, en 2019 somos significantes de distancia tanto de Macri como de Cristina Kirchner.

Esta columna viene sosteniendo que los no peronistas precisan superar el antiperonismo y el peronismo precisa modernizarse. Como hizo el Partido Laborista inglés, que nació treinta años antes que el peronismo y hace treinta años, después de perder repetidamente con los conservadores, Tony Blair lanzó el Nuevo Laborismo, incorporando ideas de centro porque ya no existen más aquellos obreros de la industria del carbón de principios del siglo pasado como tampoco en la Argentina los descamisados de los frigoríficos que cruzaron a nado el Riachuelo el 17 de octubre. ¿Será Lavagna su modernizador, lo que quiso hacer y no pudo Cafiero, otro ministro de Economía de Perón? Ese es un desafío quizá mayor que ser electo presidente.

Lavagna sostiene que no quiere participar de internas, lo que fue interpretado como que no será candidato. Pero Massa promete que si Lavagna decidiera ser candidato, él estaría dispuesto a bajar su candidatura. Pichetto también. Urtubey insiste en que mantendrá su precandidatura en las internas y la forma que Lavagna tendría para esquivarlo sería ir a las PASO con una alianza que incluyera al socialismo, a parte del radicalismo, al Frente Renovador, a parte del peronismo, al GEN y a otras fuerzas, trascendiendo a Alternativa Federal.

Cuando tenía 32 años, Lavagna integró el equipo del ministro de Economía de la tercera presidencia de Perón –Gelbard– , a los 42 años era parte del grupo que diseñó el Plan Austral con Alfonsín y dos años después fue el artífice económico del Mercosur, a los 60 años fue el actor clave de la renegociación de la deuda, primero con Duhalde y después con Néstor Kirchner, a los 65 años fue candidato presidencial del radicalismo y ahora, a los 76 años, el destino parece volver a golpear su puerta. Un caso raro de permanencia en nuestra historia contemporánea que, por sus repetidas crisis, agota a sus protagonistas.

Lavagna espera que los gobernadores del PJ se liberen de Cristina tras haber sido reelectos en sus provincias

Lavagna escribió siete libros y en los últimos años publicó uno cada dos años, coincidiendo con los años impares donde hubo elecciones. Para estas elecciones no escribió ninguno, indicando que no se imaginaba hace un año que podría volver a ser candidato presidencial. En el reportaje cuenta que el día que se enteró de la muerte de José Manuel de la Sota en un accidente pensó que el vacío que dejaba el cordobés como articulador de la modernización del peronismo y puente a las futuras generaciones iba a terminar convocando su presencia.

La sociedad hace su propia historia decidiendo su futuro, pero siempre será mejor que tenga más alternativas.


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