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COLUMNISTAS / aborto
sábado 28 julio, 2018

Mientras ellas mueren

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por Sergio Sinay

Simbolo. Dos chicas por las calles de Buenos aires con los pañuelos verdes a favor de la legalización. Foto: afp
sábado 28 julio, 2018

Más de cinco mil familias argentinas esperan adoptar un chico. En septiembre de 2017 eran 5.352, según datos del Registro Unico de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos, dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Algunas de esas familias (hay monoparentales, convivenciales o matrimonios) esperan y desesperan, otras aguardan con resignación, otras con impotencia. La desidia, la burocracia, los protocolos kafkianos, los mantienen en un limbo interminable a ellos y a sus potenciales hijos adoptivos. Y también requisitos razonables, porque la simple postulación no alcanza. Es necesario supervisar si están en condiciones de procurar la vida y crianza que los chicos necesitan.
Por lo demás, en esta cuestión la generosidad no siempre es ciega. El 83% de los potenciales adoptantes no acepta chicos con enfermedades o discapacidades. El 90% solo los acepta si tienen menos de un año. En 2015, según cifras oficiales, 9.219 niños y adolescentes aguardaban ser adoptados. Casi duplicaban la cantidad de familias postulantes. En su gran mayoría no eran huérfanos, sino abandonados o provenientes de familias carenciadas, disfuncionales o en las que reinaba la violencia.
No estaría de más que quienes sugieren con liviandad que “tenés al chico y si no lo querés lo das”, como propuso la vicepresidenta de la Nación, se enteraran de estos datos y de la realidad social que describen. “Animémonos y vayan”, pareciera ser la consigna de estos vocingleros opositores a la legalización del aborto. Mientras se plantean discusiones insolubles sobre el comienzo de la concepción, que recuerdan al debate sobre el sexo de los ángeles, miles de mujeres mueren en condiciones clandestinas e indignas (se sabe que no pertenecen a clases con recursos económicos y sanitarios) y miles de chicos y adolescentes derivan por la vida sin certeza sobre su destino. Todas estas son vidas. No hay estadísticas acerca de cuántos abanderados de la prohibición del aborto postulan la adopción de esas vidas abandonadas y de las que se les seguirán sumando si su causa prospera. Ojalá sean muchos.
La discusión sobre la despenalización del aborto (despenalización que no es obligación de abortar, como hay quienes sugieren) es también una discusión sobre la visión machista y medieval que ciertas instituciones, sus oficiantes y muchos sectores de la sociedad tienen sobre la mujer. En eso, sin dudas, Argentina comparte el oscurantismo primitivo y brutal de un continente. Oxfam Intermón, organismo que integra a 17 ONG que trabajan en temas humanitarios, hizo recientemente una encuesta en ocho países de América Latina entre varones de 15 a 25 años. El 80% de esos jóvenes varones se cree con derecho a mantener relaciones simultáneas con varias mujeres, pero se lo niega a la mujer. Uno de cada cuatro ve la violencia contra la mujer como “normal” en la pareja. El 65% aseguró que si una mujer dice no quiere decir “sí”. El 85% no intervendría si un amigo le pega a la novia. Y, frutilla del postre, tres de cada cuatro descalifican a la mujer que aborta ante un embarazo no deseado.
También en este continente el 90% de las mujeres en edad reproductiva vive en países en donde el aborto (así sea por malformación fetal, violación u otros motivos) no solo está prohibido sino duramente penado. Las mujeres, a callarse y a parir. Según la Organización Mundial de la Salud y el Instituto Guttmacher (organismo que se dedica en todo el mundo a la salud sexual y reproductiva), esto empuja a las mujeres a buscar métodos clandestinos e inseguros y provoca miles de muertes. Sobre esto no hay cifras, pero imaginarlas asusta. Aunque, qué importa. Son solo mujeres. Y, además, pobres.
Aunque la encuesta no la incluyó, Argentina es parte de esta realidad. Una realidad ignorada en púlpitos fundamentalistas, salvo que convenga a oportunistas maniobras políticas alejadas de toda espiritualidad. Oscurantismo, intolerancia y machismo van siempre de la mano. Y abortan todo atisbo de comprensión y compasión.

*Periodista y escritor.


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