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SOCIEDAD / Homenaje a un editor
domingo 12 noviembre, 2006

Julio Ramos: un periodista

Periodista y dueño de un diario, Julio Ramos trabajaba desde su internación. Él, entre otros,era un ejemplo de cómo el equilibrio democrático precisa una prensalibre y pluralista. La siguiente la columna escrita por Jorge Fontevecchia, publicada el domingo 12 en el diario Perfil.

por Redacción Perfil

Julio Ramos. Mientras estuvo internado en el Instituto Argentino del Diagnstico escriba, en pijama, todos los das en la computadora que se haba hecho instalar en su propia habitacin. Foto: Cedoc

“Espero que los médicos me dejen tomar una copa de champagne el próximo 9 de diciembre cuando Ambito Financiero cumpla 30 años”, escribió Julio Ramos para la revista Noticias desde el Instituto Argentino del Diagnóstico donde se encuentra internado en dos cuartos aislados asépticamente. “Me bajaron todas las defensas del organismo –explicó–, lo cual me expone a cualquier virus.”

A pesar de la convalecencia, en uno de esos cuartos Ramos se armó una oficina con computadora para seguir escribiendo sus artículos. Desde allí escribió para Noticias –su histórica archirrival– para aclarar las versiones publicadas la semana anterior sobre su enfermedad y la venta de las acciones de su diario (en los últimos días crecieron las informaciones sobre que Antonio Mata, ex presidente de Aerolíneas Argentinas, ya habría cerrado la compra de Ámbito).

El mismo texto de Ramos parece indicar parcialmente que algo pasa: “Creo –escribió– que hay que agregarles capitales a los medios gráficos de prensa porque somos muy endebles”. Y agregó: “Los medios de prensa no necesariamente deben ser continuidades vinculares (N.d.l.R.: familiares): ¿Qué tiene que ver Noble, fundador de Clarín, con la herencia que irá a chicos adoptados o a Magneto y no a su hija Lupita Noble? ¿Crónica ya no es más de su alma máter, Héctor Ricardo García?”

Recambio generacional. Justo hace un año, el anterior 20 de noviembre, dediqué esta contratapa a transmitir mi pesar porque Héctor Ricardo García dejaba el diario Crónica. Mi relación personal con Ramos es totalmente opuesta a la que me generaron los afectos que tengo por García. Sin embargo, me descubro triste al intuir en sus palabras un comienzo de la era post Ramos en Ambito.

García y Ramos son de la misma generación y comparten una característica que en los tiempos modernos parece destinada a convertirse en una rareza: son periodistas y dueños de sus diarios. El diccionario tiene una palabra para esa dualidad: editor, pero la fuerza de la modernidad se empeña en dejarla en desuso.

Tiene lógica que mi pesar por ver a un Ramos preparando alguna forma de progresivo retiro, sea más fuerte que las diferencias que me separan de él. Más allá de que la vida nos colocó siempre, pero siempre, en las antípodas, me siento identificado con su ser para ser editor.
Me conmueve verlo escribiendo y escribiendo, en pijama, en medio de su crisis de salud. Lo entiendo; escribir, como hacer lo que a cada uno le guste, es terapéutico. No es un trabajo, es un placer. Pero me impresiona ver la resistencia de esa forma de placer aún en circunstancias físicas adversas. Cualquier enfermedad lo primero que produce es una pérdida de deseo, pero el periodismo parece ser un deseo irreductible.

No sólo le escribió a Noticias su columna sino que, además, como está imposibilitado de recibir visitas por asepcia, él mismo se sacó las fotos con las que acompañó su texto, como la que ilustra esta página.

Cuando el jueves pasado en la redacción de Noticias me mostraron su texto y fotos, no podía creer lo que veía. Y quiero confesar que este hombre al que tantas veces critiqué, me produjo admiración. Me salió el –para mí– mejor elogio, dije: “Es un periodista”.

Ojalá pasen muchos años antes de que comencemos a extrañar sus arbitrariedades y por bastante tiempo más, siga dándole al teclado para crear su abstrusa gramática.

Siglo XXI. El calendario quiso que en menos de 12 meses, tres de los ¿cinco? ¿siete? más importantes conductores periodísticos de diarios del país comenzaran a retirarse, o dejaran de realizar tareas similares a las que cumplieron las tres décadas anteriores: Escribano, García y ¿Ramos?

La coincidencia en un mismo año de estos tres casos tan emblemáticos generará modificaciones en los diarios argentinos. Quizá no sean percibidas inmediatamente, pero los diarios no serán igual sin ellos. Lo que no necesariamente significa que serán peores porque como el mismo Ramos dice en su texto: “En más de 55 años de periodismo, siempre escuché el temor de ‘si se terminan los grandes columnistas’ y siempre también vi florecientes camadas nuevas de hombres de prensa que, incluso, superaron a las otras estrellas”.

El domingo pasado el diario Folha de Sao Paulo recordó que el presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos entre 1969 y 1984, Warren Burger, en un célebre fallo a favor del diario Miami Herald, dijo que “lo esencial es que la prensa sea libre, no justa. Sin duda una prensa responsable es un objetivo deseable, pero la Constitución sólo obliga a que sea libre”.

Para los liberales, una prensa libre aunque equivocada (¿quién no se equivoca en algo cada día?) es imprescindible para el equilibrio democrático. Es preferible libre e injusta a ponderada y adicta.

A Ramos le cabe perfectamente esta definición: justo o injusto, ponderado o arbitrario, y aun si hubiera sido mayormente injusto y arbitrario, nadie podrá negarle que hizo siempre periodismo.


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