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CULTURA / Encuentro en el Malba
sábado 18 noviembre, 2006

¿Qué hay de nuevo, viejo?

El miércoles pasado, cuatro escritores argentinos intentaron dilucidar cuál es la novedad en el panorama de las letras argentinas. Autores canónicos y jóvenes narradores. Un interesante debater literario.

por Redacción Perfil

default Foto: Cedoc

Se sabe que la naturaleza ha frustrado grandes y pequeños proyectos humanos; incluso batallas estratégicas. Esta vez era miércoles y en Buenos Aires se vivía el alerta meteorológico bajo la forma de lluvia torrencial; una pequeña representación del combate de sentido en el campo literario esperaba recrearse a pesar del clima.

Y el auditorio del Malba se llenó. El encuentro propuesto por editorial Interzona “Qué hay de nuevo, viejo?” reunió a cuatro escritores de distintas generaciones (Fogwill, Martín Kohan, Daniel Link y Sebastián Hernaiz) para reflexionar –y, en todo caso, plantear tensiones y disidencias, que las hubo– acerca de lo nuevo en literatura argentina.

En el evento, coordinado por Damián Tabarovsky, se intentó responder a cuestiones como: ¿Hay algo nuevo en los libros recientes? ¿Pensamos todavía en la novedad como herencia de las vanguardias? ¿Qué relación hay entre novedad y mercado? Categoría resbaladiza, ninguno de los disertantes dejó de relacionar lo “nuevo” con su utilidad marketinera. Para, a partir de allí, delinear, cada cual, su fundamento y perspectiva del asunto.

El crítico y escritor Daniel Link sostuvo: “Para mí (que tengo con la literatura una relación penosamente existencial), sólo se trata de poder seguir escribiendo (sé que hay otros y otras para quienes la literatura también se parece más a una experiencia que a un bien de cambio, y por eso no me siento solo). Porque pienso así sobre la literatura (propia y ajena), considero ilusorio decidir dónde se localiza “lo nuevo” en el contexto de la literatura argentina actual. Me gustaría hablar, pues, de experiencias literarias y no de resultados: la experiencia de las nuevas tecnologías, de la televisión, del presente y del futuro, la experiencia del murmullo y el silencio... En suma, para decirlo lo más modernamente posible, la experiencia del capitalismo.”

Y señaló: “La experiencia-Walsh, la experiencia-Lamborghini, la experiencia-Puig, la experiencia-Carrera, la experiencia-Copi y la experiencia-Fogwill agotan mi capacidad de relación con las experiencias ‘estratégicas’ de lo nuevo en Argentina.”

Por su parte, Sebastián Hernaiz, el más joven de los disertantes, propuso pensar lo nuevo no en el sentido de “novedad”, sino pensar “ lo actual, lo constituyente del hoy en el hoy; algo que pueda ser pensado política e históricamente”. En ese sentido, señaló el proceso de diciembre 2001 como un punto de inflexión y referencia, visible de manera más o menos explicíta en novelas como El año del desierto de Pedro Mairal o Ampere de Juan Diego Incardona. También afirmó ver un “campo literario activo” en la actualidad, construido sobre la base de encuentros de lecturas, revistas y blogs literarios y el surgimiento de editoriales independientes de narrativa.

El crítico y escritor Martín Kohan, cuyo último libro (Museo de la revolución) fue elogiado por Fogwill, señaló, entre otras cosas, que “la vanguardia puede haberse vuelto imposible de practicar, pero significarla es facilísimo; es fácil adoptar su gestualidad y es fácil hacer fuegos de artificio con ella”. Y, parafraseando a Theodor Adorno, comentó la necesidad de “hacer una distinción entre lo nuevo y la apariencia de lo nuevo”.

Así rescató como pistas posibles para una literatura “que atine a sustraerse del imperio afligente del más de lo mismo” a Héctor Libertella y a Ricardo Piglia. Ambos “han vuelto a la idea de vanguardia, pero con reformulaciones ineludibles.Piglia ha dicho que sí, que la literatura es vanguardia, pero la vanguardia de un ejército que retrocede. Y Libertella ha contrapesado los afanes de avanzada con esta singular modulación: “Un poco de atención: a retaguardia”.

Por último, Fogwill evocó su pasado; su juventud y el año 1976, cuando se juntaba con César Aira y Nestor Perlongher “mientras vivían una lúcida crisis” marcada por la dictadura. Según su estilo pleno de sarcasmo, se mostró escéptico ante el panorama descripto por Hernaiz y dijo que, de haber una nueva sociabilidad, ésta estaría marcada por el dinero. Así, señalo que lo más interesante y “novedoso” en cuanto a lo literario pertenece únicamente al ámbito de la poesía; y mencionó a autores como Martín Rodríguez o Daniel Durand.

El auditorio, compuesto en su mayoría por jóvenes narradores, siguió el murmullo y la discusión afuera de las puertas del Malba; hasta que, pronto, dejó de llover.


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