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domingo 7 enero, 2007

Hijo de Gerez cree que el secuestro fue para beneficiar a Kirchner

Es el cuarto hijo del albañil secuestrado en Escobar. En un reportaje con Diario Perfil admitió que creyó que a su padre "lo habían matado" pero luego se convenció de que el hecho venía "de muy arriba. De un capo mafia".

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por Redacción Perfil


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Jos Luis abraza el retrato de su padre frente a la casilla donde vive: "pienso que de algn partido poltico lo mandaron a secuestrar para favorecer a Kirchner", dice sobre el secuestro de su padre. Foto: Mara Victoria Gesualdi

José Luis tiene 21 años. Es el cuarto hijo de Luis Gerez, el albañil que fue secuestrado el pasado miércoles 27 de diciembre en Escobar y que apareció a los dos días en Garín, con signos de haber sido maltratado. En ese momento, José Luis creyó que a su padre lo habían capturado por declarar en contra de Luis Patti en el Congreso.

“Estaba seguro de que lo habían matado”, recordó ante PERFIL. Pero cuando Gerez apareció con vida, cambió de opinión. Ahora está convencido de que a su padre lo secuestraron “para beneficiar a Kirchner” y que en ese operativo no participó el ex comisario. “Sino, estaría muerto”, afirma. Desde que lo liberaron, no volvió a ver a su padre. “No sé dónde lo tienen. Es como si lo hubiesen vuelto a secuestrar”, se queja.

—¿Qué creés que le pasó a tu papá la semana pasada?
—Pienso dos cosas. Una es la más tonta. Que fue un secuestro de gente rocha, la llamo yo, de piratas que se confundieron de persona. Y también pienso que de algún partido político lo mandaron a secuestrar para favorecer a Kirchner.
—¿Para favorecer a Kirchner?
—Si fue algo político, esto viene de muy arriba. De un capo mafia.
—¿Creés que tu papá estaba al tanto de eso?
—No.
—¿Y su entorno más cercano, sus compañeros de militancia?
—No, tampoco.
—¿Se lo atribuís a Patti, como se dijo desde un principio?
—Me cuesta mucho creer eso. Pensar eso es lo más lógico. Como él declaró contra Patti, Patti tiene que secuestrarlo. Es muy obvio. Si hubieran querido hacerlo a callar, Patti o quien sea, lo hubiesen hecho callar. Acá no hay tutía. A mi viejo lo hubiesen mandado a matar. Hubiese aparecido muerto.

La familia. José Luis tiene tres hermanos mayores, Leticia, Walter y Marcelo, y dos menores, Juan Manuel y Natalia, que son hijos del segundo matrimonio de Gerez. Viste una chomba a rayas que está manchada de sangre. José Luis es carnicero. “Las milanesas me salen finitas o gruesas, como las pida el cliente”, se enorgullece. A los 14 años se fue de su casa, porque sentía que molestaba.

Luego conoció a Sandra, su mujer. Ella tenía 32 años, ahora 39. Tienen una hija de 2 años, Candela Salomé. Los tres viven en una casilla. “Lo único que tengo es contrapiso, y unas pocas chapas, que cuando llueve goteran. Y cuando hay viento, mucho viento, es cuando me acuerdo de rezar. Pido que no se lleve a mi casillita”.

—¿Cómo fue la relación con tu papá?
—Nos criamos poco con mi viejo. Estuve con él hasta que me operaron, a los cinco años. Había recibido una patada de un caballo. Los doctores decían que no iba a caminar. Mi mamá llevó a unos pastores que se pararon a cada lado de la cama. Me dijeron “tenés que caminar”.
—¿Y caminaste?
—Si. Mi mamá Estela creyó que fue un milagro. Yo pienso que todo lo que quiero, puedo hacerlo yo.
—¿Estela es la primera mujer de tu papá?
—No, mamá Estela es el segundo matrimonio de mi viejo. Pero ella en verdad es mi nana, me crió. Pero yo me enteré que no era mi mamá biológica cuando tenía 11 años.
—¿Siempre supiste que tu papá se dedicaba a la política?
—De chiquito ya conocía sus compañeros de militancia, como Jorge Altamirano, o el pelado José.
—¿Qué pensabas de la política?
—Que me separaba de mi viejo, porque se dedicaba más a eso que a nosotros. Lo único que me gustaba era cuando nos llevaba a las unidades básicas. Me encantaba que volaran las sillas, que se agarraran a las trompadas. Y a la política la asocio con una mafia.
—¿Una mafia?
—Si, una mafia.
—¿Cuándo te enteraste que tu papá había sido torturado cuando era un adolescente?
—Hace muy poco nos reunió en un bar, el América. Ahí empezó todo. Pedimos pizza. Con mis hermanos pedimos cerveza. Mi viejo pidió vino, y empezó a lagrimear.
—¿Qué les contó?
—Que tenía que ir a declarar ante la Cámara de Diputados lo que (Luis Abelardo) Patti le hizo en su juventud. “Fui torturado, perseguido y me intentaron matar para callarme”, nos contó, y nos habló de la picana. Y nos dijo que lo salvó entrar al Servicio Militar, porque así pudo salir de la clandestinidad.
—Dijiste que en el Bar América “empezó todo”...
—Sí, todo. Mi viejo fue al Congreso. Salió en el diario.
—¿Estuviste de acuerdo con que declarara en contra de Patti?
—Tenía miedo porque, ya te digo, yo siempre asocié a la política con una mafia. Y digo, mi papá no era un alguien, no era un alguien grande dentro de esa mafia, que anda con autos con custodia. Le podían hacer daño.
—Dijiste, “no era”. ¿Cambiaste de opinión sobre tu papá?
—Pienso que ahora ya dejó de ser el simple albañil. Ahora es Gerez Luis, conocido en toda la Argentina como el testigo clave de algo que puede llegar a cambiar parte de la política y de lo que puede ser la República Argentina de ahora en adelante.
—¿Creés que puede volver a ocurrirle algo a tu papá?
—Y el miedo está. Te vuelvo a decir: yo asocio a la política con una mafia, y acá no se sabe quién es quién.

Desapariciones. La política siempre se interpuso entre José Luis y su papá. Cuando era niño, la militancia le robaba las horas con su padre. Luego los separó el secuestro. Y ahora, que Gerez está en libertad, no lo puede ver. Ni siquiera sabe dónde está.

—¿Volviste a ver a tu papá desde que lo liberaron?
—Lo vi en el hospital y después lo vi en la casa de mi abuela, cuando lo lleva la ambulancia. Le alcancé a dar la mano cuando estaba en la camilla. Lo metieron en la pieza y no nos dejaron verlo más.
—¿No los dejaron?
—No, no nos dejaron. Y me encantaría volver a verlo, porque yo lloré por él. Te das cuenta de las cosas que te hacen falta cuando sentís que las perdés.
—¿Y si querés contactarlo?
—No tengo ni un teléfono para ubicarlo. No sé dónde está, a dónde lo tienen. Es como si lo tuvieran preso de vuelta. Como si estuviese secuestrado otra vez.
—¿Quién los separa?
—La política y su otra familia. El tiene su mujer, Mirta, y un nieto de ella, que mi viejo lo tiene como a un hijo. El tiempo que no nos dio a nosotros se lo dio a él.
—Viviste casi toda la vida separado de tu papá...
—Nos habíamos acercado hace unos tres años. Mi viejo me llevó a laburar como albañil porque me había quedado sin trabajo. Y me hacía sentir que lo hacía por lástima. Pero creo que dentro de él lo hacía para darme una mano.
—¿Quién es mejor albañil, vos o tu papá?
—Mi viejo es casi un arquitecto. El sabe de pe a pa todo lo que hay que hacer. Pero está viejo y rezongón. De lejos, lo miro y me da risa. Como dice Piero, yo lo miro desde lejos, pero somos tan distintos, es que el chabón creció con el siglo, como dice Piero, con tranvía, que sería su política, y vino tinto. Me encanta esa canción. Me gustaría aprender a tocar la guitarra para cantarla.
—¿Si tu papá llegara a ser candidato, lo votarías?
— A mi viejo nunca le interesó tener un puesto político. No sé ahora. Ojalá que no pierda la humildad. (Hace una pausa, y se ríe) Igual no lo votaría. Yo siempre le dije que si algún día llegaba a ser alguien importante, nos iba a currar a todos.


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