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COLUMNISTAS /
sábado 29 diciembre, 2007

Las rehenes

Quienes secuestraron a la enfermera argentina de Médicos sin Fronteras, Pilar Bauzá, en la caótica Somalia, son calificados indistintamente como grupos organizados de delincuentes comunes, pandillas o clanes milicianos. Piratas terrestres que hicieron del robo, del cobro de rescate por secuestros y del “peaje”, tanto humano como de mercaderías, su forma de sustento.

por Redacción Perfil

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sábado 29 diciembre, 2007

SOMALIA Y COLOMBIA. La argentina Pilar Bauzá y la colombiana Clara Rojas pasaron la noche de ayer en cautiverio.

Quienes secuestraron a la enfermera argentina de Médicos sin Fronteras, Pilar Bauzá, en la caótica Somalia, son calificados indistintamente como grupos organizados de delincuentes comunes, pandillas o clanes milicianos. Piratas terrestres que hicieron del robo, del cobro de rescate por secuestros y del “peaje”, tanto humano como de mercaderías, su forma de sustento. Se podría imaginar que poco tienen que ver con las FARC de Colombia, pero si analizamos sus fuentes de financiamiento veremos que las FARC son una megaempresa del delito, con ingresos anuales de 1.500 millones de dólares, también obtenidos por el robo y el cobro de rescates más el “impuesto al gramaje”, un peaje que pagan los campesinos y los narcotraficantes sobre la cantidad de gramos de droga que producen o transportan en las zonas controladas por las FARC.
Los ecuatorianos dicen que su país no limita con Colombia sino con las FARC, porque la economía de las zonas fronterizas del sudoeste de Venezuela y norte de Ecuador depende del comercio con las FARC y allí compran armamentos, medicinas e insumos.
Las FARC emplean a 25 mil hombres que realizan tareas netamente militares y de apoyo. Son 25 mil familias que dependen económicamente de las FARC, alrededor de cien mil personas, lo que arroja el equivalente a un producto bruto per cápita de 15.000 dólares anuales, el más alto de América latina. Los piratas somalíes son una modesta pyme al lado de las FARC –el PBI per cápita de Somalia es de 600 dólares anuales–, pero la fuente de sustento se basa en actividades similares. Las FARC sobrevivieron mientras el resto de la guerrillas latinoamericanas se extinguió, porque los ingresos de la droga sustituyeron a los aportes que la ex URSS dejó de hacer primero en su decadencia y luego en su extinción.
Es una cuestión de escala, y no de moral o jurídica, lo que transforma a las FARC en un problema político y a los secuestradores somalíes en un problema policial. Los banqueros dicen: “Si usted nos debe mil pesos, el problema es suyo; si nos debe un millón de pesos, el problema es nuestro”.
Pero en Colombia son mucho más optimistas que en la fragmentada Somalia, porque las FARC se tuvieron que replegar a las zonas selváticas. Cuando Alvaro Uribe asumió como presidente, estaban en las afueras de Bogotá; durante los últimos cinco años, pasaron de poder realizar tres mil secuestros por año a 170 en 2006, y también su “impuesto al gramaje” desminuyó porque las zonas cultivadas con droga fueron reducidas. Los actuales 1.500 millones de dólares de ingresos anuales de las FARC fueron alrededor de tres mil millones en 2002.
Dicen que la única preocupación del presidente Uribe es el debilitamiento económico como consecuencia militar de las FARC, y que la liberación de los tres rehenes que se produciría mañana sin concesiones a cambio, si bien lo deja en una posición política incómoda porque engrandece a su archirrival Chávez, no fortalece material ni militarmente a las FARC; que su gran batalla será resistir la presión internacional y la opinión pública para que acceda a concesiones, como por ejemplo áreas desmilitarizadas que aumentarían los recursos de las FARC, como ya se hizo en Colombia en el pasado, a cambio de la liberación de Ingrid Betancourt.
Chávez logra, con la liberación sin concesiones de estos tres rehenes, recuperar algo del mucho oxígeno perdido en la derrota que sufrió en su reciente plebiscito constitucional. Sin embargo, este positivo protagonismo podría no ser suficiente para quebrar la tendencia descendente del populismo latinoamericano, que según algunos analistas regionales se refleja no sólo en la derrota electoral de Chávez, sino también en los serios problemas de Evo Morales para implantar su nueva Constitución en Bolivia y la súbita pérdida de 20% de popularidad del presidente de Ecuador, Rafael Correa –otro chavista–, cuando se enfrentó públicamente al intendente de Guayaquil, la ciudad más poblada del país, y siempre candidato presidencial.
Quienes interpretan estos hechos como parte de un proceso único, por un lado se apoyan en la teoría pendular de los ciclos e imaginan que tras un período de populismo se generarían en la región fenómenos locales similares al de Sarkozy en Francia; de la misma forma que, en Brasil y en Argentina, a los años 80 estatistas y nacionalistas les siguieron los 90 abiertos al mundo y la inversión extranjera.
Chávez y las FARC tienen sus coincidencias ideológicas –ambos proponen un “estado bolivariano”–, pero Chávez, aun siendo poco republicano, fue electo democráticamente y con su última derrota quedó comprobado que el sistema electoral venezolano no es fraudulento. En cambio, las FARC, además de robar, secuestrar y matar como los grupos de delincuentes de Somalia, son denunciadas por Human Rights Watch debido al reclutamiento forzado de niños de 10 a 12 años; y por la Campaña Internacional contra las Minas Antipersonales, de ser los mayores sembradores de minas del mundo; y también por Amnistía Internacional, de violar los derechos humanos. Amnistía Internacional fue la primera organización que denunció la violación de los derechos humanos en la Argentina de la dictadura militar. El robo, el secuestro y los asesinatos no son cuestiones ideológicas.


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