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POLITICA / Opinin
jueves 3 abril, 2008

Un papel ridículo

"Una vez alcanzado el equilibrio fiscal y en la medida de las posibilidades presupuestarias se comenzará un proceso de eliminación de las retenciones a las exportaciones". Plataforma electoral del Frente para la Victoria, 2003. "La plataforma es un papel ridículo, escrito por quién sabe quién". Aníbal Fernández, 2007.

por Redacción Perfil

"Una vez alcanzado el equilibrio fiscal y en la medida de las posibilidades presupuestarias se comenzará un proceso de eliminación de las retenciones a las exportaciones". Plataforma electoral del Frente para la Victoria, elecciones de 2003.
"La plataforma es un papel ridículo, escrito por quién sabe quién". Aníbal Fernández, durante la campaña electoral de 2007.

En pocos casos la brecha entre los dichos y los hechos fue tan profunda como en los últimos días, en los que el prolongado conflicto agropecuario desnudó las contradicciones del gobierno. Entendiendo por gobierno al que comenzó el 25 de mayo de 2003 con Néstor Kirchner y continúa desde el 10 de diciembre de 2007 con su esposa Cristina Fernández. Es así que el gobierno que convoca mediáticamente al "diálogo", debió recurrir a los gobernadores para tender puentes con la dirigencia agropecuaria, en una implícita admisión de la incapacidad de generar un ámbito de negociación con funcionarios propios en cinco años de gestión. Es irónico referirse al "diálogo" al tiempo que se endilgan supuestas "traiciones" a dirigentes del justicialismo que se animan al plantear un mínimo disenso al discurso oficial. Los cultores de la historia contrafáctica podrán evaluar cuantos días habría durado el paro si hubiera habido diálogo con el campo, o si el paro hubiese existido.

La contradicción citada en el inicio de esta nota puede sumarse a una larga lista, con algunas más conocidas que otras, como la propuesta del entonces presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Martín Lousteau, para eliminar las retenciones de productos manufacturados y dejarlas en apenas el 8 por ciento para las materias primas (ímenos de la cuarta parte del nivel que piden hoy los ruralistas!). Podrá argumentarse, como ya dijo la presidenta en diciembre del año pasado, que "en economía nada es para siempre", como justificación a los constantes cambios de posición. Aunque nada tuvo tanta permanencia en estos últimos cinco años como la dependencia oficial de la soja y su subproducto fiscal, las retenciones. Como una droga para un adicto que no consigue rehabilitarse, la soja es tan demonizada como utilizada, en proporciones crecientes respecto de los hidrocarburos, una estrella en decadencia al compás de la no reconocida crisis energética.

Y la sojadependencia viene con dosis cada vez mayores: el martes pasado se informó oficialmente que los ingresos por derechos de exportación crecieron en marzo un 50 por ciento respecto de los del mismo mes de 2007. Con este resultado, los ingresos por retenciones en el primer trimestre del año en curso son casi similares a los de todo 2003 por el mismo concepto y casi el doble de los alcanzados en 2002. Y en tren de comparaciones, puede agregarse que en medio día de 2008 ingresan tantos recursos por derechos de exportación como en todo el año 2001 completo.

En 2002, con un dólar acercándose a los 4 pesos y niveles de desocupación y pobreza récords, el ex presidente Eduardo Duhalde impuso retenciones que, después de un aumento, quedaron en un máximo del 20 por ciento. En la actualidad, el dólar en términos reales apenas supera un 30 por ciento al vigente hasta la devaluación, los parámetros sociales muestran mejoras respecto de los niveles de la crisis y, siguiendo los postulados del "papel ridículo" de la plataforma kirchnerista de 2003, no hay equilibrio sino superávit fiscal y una holgura presupuestaria reflejada en las sucesivas modificaciones a través de decisiones administrativas. Sin embargo, las retenciones en vez de iniciar un "proceso de eliminación" pueden llegar a duplicarse respecto del nivel inicial.

El interés por ganarse un enemigo como el sector agropecuario (y para colmo, unificado como pocas veces en su historia) no pasa por supuestos odios a la "puta oligarquía" ni por querer frenar una disparada de precios. Para el primer caso, basta comprobar que entre las empresas más beneficiadas con las compensaciones figuran aliados reconocidos del Gobierno. Algunos más que aliados: Eduardo Buzzi identificó en el primer lugar de los beneficiados a un senador del Frente para la Victoria.

En cuanto al riesgo de suba de precios, ya se sabe que la Argentina con retenciones tiene índices inflacionarios (reales) muy superiores a los de la mayoría de los países del planeta, que vaya a saberse por qué son tan ignorantes para no gravar las exportaciones. Y por si fuera poco, la manipulación del INDEC comenzó catorce meses antes del paro ruralista. Quizás el interés provenga de otro lado. La historia argentina demuestra que las estructuras impositivas no se diseñaron en función de una determinada visión de justicia distributiva sino por la urgencia de recaudar. La creación de muchos impuestos o el aumento de sus alícuotas por lo general se resolvieron contra reloj, con el apuro de contar con su publicación en el Boletín Oficial antes de entran en vigencia un nuevo período fiscal.

En el caso de las retenciones, la urgencia no derivó de la necesidad de la aprobación por el ninguneado Congreso (fueron dos resoluciones, ni siquiera decretos), pero sí por la desesperación por hacerse de fondos para afrontar un año más difícil que el previsto. Hay que volver a Buzzi para explicarlo: como dijo en Gualeguaychú, los recursos de los derechos de exportación no se usan solamente para disciplinar gobernadores e intendentes, sino para pagar una deuda pública que, pese a la propaganda oficial, cuadruplica el nivel de reservas netas deducidas las Lebac.

Una lectura del Boletín Oficial ayudaría a acercarse a la verdadera dimensión de las grietas del frente fiscal: en las tres semanas que duró el paro agropecuario, hubo una emisión de deuda por 5.907 millones de pesos en bonos y letras.

Esta vez le tocó a la soja, como en otras ocasiones le correspondió a los fondos previsionales, los depósitos bancarios o los sueldos de los empleados públicos. La amistad de algunos empresarios con el poder de turno no es gratuita: nadie sabe qué sector será el elegido de mañana. Ah, la plataforma electoral del Frente para la Victoria en las elecciones de 2007 fue una copia casi textual de la de cuatro años atrás, como si el tiempo no hubiera transcurrido. Ya está dicho, es un papel ridículo.


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