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jueves 5 junio, 2008

Una herida que tapa otra: el fenómeno del "cutting"

Conozca cómo y por qué cada vez más jóvenes se realizan cortes dolorososen la piel. La explicación de los especialistas.

por Redacción Perfil

Foto: www.psyke.org

Lucila tiene 14 años y no sabe cómo soportar su angustia. Ni siquiera sabe qué es lo que le provoca ese sentimiento. Silenciosa, ahora encontró una forma de taparlo. Sólo necesita una gillete para rajarse la piel de sus brazos. Cortársela. Que sangre. Que ese dolor del cual sabe el porqué le haga olvidar el otro dolor, ese que no tiene nombre.

Luego, tapará sus marcas con una remera de mangas largas para que nadie lo perciba. Tiene vergüenza. Pero allí está, provocándose un mal que actualmente parece haberse transformado en “epidemia” entre los más jóvenes, según lo explica a Perfil.com el psiquiatra y psicoanalista Harry Campos Cervera, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Se trata de un fenómeno llamado Cutting (de cuter, cuchillo), que consiste en hacerse heridas uno mismo, cortes con un cuchillo, o una gillete, en brazos o piernas. Pero también hay quienes se hieren así mismos con un cigarrillo, un fósforo encendido o un alfiler. Un fenómeno que se produce, sobre todo, entre los adolescentes, más en las chicas que entre los varones, según explica Campos Cervera.

La adolescencia es una de las etapas de formación de la persona, “en la que se empieza a ponerle nombres a las cosas, a las vivencias, a los dolores”, explica el especialista. “En el período de formación son más necesarias las palabras del otro para contenerse. Antes habían abuelas, abuelos, o al menos quedaba la mamá en casa para contarnos, explicarnos, ponerle nombre a las cosas. Hoy los chicos se crían solos, porque hasta las mamás tienen que salir a trabajar. También hay una ausencia de intercambio con los pares. Lo que antes se conocía o aprendía en la interacción con amistades, hoy se logra más a través de internet, que comunica, pero no te da el color de la experiencia”, agrega Campos Cervera.

Sucede que, según explica el psicoanalista, “las significaciones de la experiencia permite marcar los límites”. Y añade: “Cuando las experiencias son dolorosas pero no tienen significaciones, es decir, no tienen nombre, ese dolor se hace incontenible. Por eso es que los chicos se cortan, como una manera delimitar ese dolor, de significar ese dolor”.

La primera novia de Facundo, de 15 años, no le duró ni dos meses. Sin embargo, lleva en uno de sus brazos una "L", la inicial del nombre de esa chica, tatuada por él mismo con un fósforo encendido. Una inicial difusa, desprolija, que impresiona. Una marca de dolor de pocos minutos, que quizás supo tapar otro dolor, más profundo.

(*) redactora de Perfil.com


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