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DEPORTES / A 30 aos del primer mundial ganado por la Seleccin
miércoles 25 junio, 2008

El primer gran logro de la última generación dorada

Tanto los campeones mundiales del '78 como los del '86 fueron parte de una misma camada de figuras. Por qué no surge otra como aquella. Galería de imágenes.

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por Redacción Perfil


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Foto: CeDOC

Ya es tiempo de admitirlo. A 30 años de la obtención del Mundial '78, es hora de reconocer que la surgida entre comienzos y fines de los '70 fue la última generación dorada del fútbol argentino. Porque no por casualidad esa camada fue responsable no sólo de aquel primer título mundial obtenido por Argentina, sino también del último logrado en México '86.

Así como surgieran en los '70 Kempes, Ardiles, Bertoni y tantas otras figuras que hace 30 años daban la vuelta olímpica en el Monumental, efectivamente, en el plantel que años después reeditaría aquel logro en tierras mexicanas también hubo una amplia mayoría de jugadores surgidos en esa década, como Valdano, Giusti y el propio Maradona.

Concretamente, de los 22 jugadores del plantel argentino campeón en México '86 sólo tres (Sergio Batista, Claudio Borghi y Luis Islas) no habían debutado en la "A", la "B" o la "C" en el período 1971/80, en el que el fútbol argentino reviviera gracias a una explosión de figuras sólo comparable a las que lo caracterizaran en los años '20 y '40. 

Si posteriormente Argentina no fue capaz de producir campeones mundiales en mayores, en tanto, eso no se trata de algo accidental, sino que tiene que ver con causas bien puntuales, que mucho se relacionan con la oscura noche que el país comenzó a atravesar hacia mediados de esos años tan fecundos en lo que a producción de cracks respecta.

Para entender por qué que la Selección no logra repetir aquellos logros del '78 y el '86, en definitiva, resulta imprescindible analizar los principales motivos por los que luego de aquella de los '70 no volvió a surgir una camada similar:

1) Desventaja física. Al mismo tiempo en que festejaba en las plateas del Monumental la obtención del Mundial '78, la última dictadura sentaba con su política económica las bases de los graves problemas de nutrición con que hoy -y desde hace varios años- llegan muchos chicos a las inferiores de los clubes, que influyen para que en mayores Argentina no logre las conquistas que sí obtiene en juveniles. Ya casi es imposible encontrar un Kempes que desequilibre no sólo por habilidad, sino también por potencia física.

2) Falta de temperamento. La necesidad de "salvarse económicamente" provoca que muchos chicos sean transferidos antes de tiempo al fútbol de otros países, lo que, como explicara en 2001 Edgardo Bauza, les impide desarrollar el "hambre de triunfo" y la personalidad que hacen falta para sobreponerse a situaciones adversas. Además, al no haber caudillos o referentes en este sentido, los jugadores más jóvenes crecen sin un ejemplo cuyos valores puedan imitar como ocurría antes.

3) Agotamiento del Interior. El descubrimiento precoz de los jugadores que se destacan en plazas otrora fuertes como Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba no sólo viene atentando contra el normal desarrollo de estos futbolistas, sino que deja a las ligas regionales sumidas en una cada vez mayor apatía. Así, se da un proceso inverso al ocurrido en los años '70, cuando la disputa de los viejos torneos nacionales de Primera "A" impulsaba al crecimiento del fútbol provinciano y a la posibilidad de descubrir allí valores ya formados, como varios que integraran el seleccionado campeón del Mundial '78. 

4) Pérdida de identidad futbolística. Años de discursos tacticistas por parte de técnicos, periodistas y dirigentes han llevado a una confusión muy perniciosa no sólo en el fútbol de mayores, sino también -lo que es más peligroso- en el de inferiores, donde los técnicos cada vez más se preocupan exclusivamente por obtener resultados. Hace poco, el actual técnico de los juveniles argentinos Sergio Batista describió de un modo tan descarnado como preciso este fenómeno, que amenaza seriamente nada menos que lo que históricamente y aún hoy es -pese a todo- el mayor capital del jugador argentino: su técnica.

(*) redactor de Perfil.com


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