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POLITICA / OPININ
sábado 8 noviembre, 2008

Con medio manotazo a los ahorros previsionales y la llegada de Obama volvió la euforia al kirchnerismo

La ciclotimia del poder kirchnerista se manifiesta de acuerdo a cómo le vaya en la feria. Del bajón que los dejó a punto de terminar con todo ala euforia del retorno a un proyecto de muchos años, que para los más atrevidos tiene un tinte "fundacional".

por Redacción Perfil

default Foto: Cedoc
sábado 8 noviembre, 2008

La ciclotimia del poder kirchnerista se manifiesta de acuerdo a cómo le vaya en la feria. Los estados de ánimo, que bajan inmediatamente desde el vértice de la pirámide y se desparraman en cuestión de minutos entre los amigos más cercanos, los ideólogos más fieles, los cuadros operativos y también entre aquellos obedientes que apenas mojan el pancito, son capaces de transformar el bajón que los dejó a punto de terminar con todo, en la euforia del retorno a un proyecto de muchos años, que para los más atrevidos tiene un tinte "fundacional".

En la semana, hubo dos hechos centrales que llenaron de felicidad al kirchnerismo, ya que consiguieron la media sanción en Diputados para pasar los fondos de la jubilación privada al Estado y además los aportes previsionales futuros, imprescindibles para remendar el flanco fiscal, mientras Barack Obama se convirtió en el nuevo presidente de los Estados Unidos.

Con la llegada del demócrata a la Casa Blanca, hasta Jorge Taiana, exultante, aunque algo arriesgado por ser el canciller de la República, se atrevió a decretar el fin del neoliberalismo y otro cultor del "sí-nestorismo", inflamado todavía por la última votación en Diputados y desde la necesidad de darle un marco político a la situación, le susurró el viernes a DyN que, "cuando lo tenían en el cajón, acostado, Néstor se levantó en el medio del velorio y les dio un susto a todos".

Sin matices, lo que para los ultras ha sido "una genialidad del Flaco" que le permitirá retomar el control de la Caja y volver por sus fueros como amo y señor de la política, para muchos opositores que acompañaron desde sus convicciones la estatización de los ahorros jubilatorios, el proyecto oficial es parte de la necesidad de que el Estado retome su rol de "proveedor integral e irrenunciable de los beneficios de la seguridad social" (art.14 bis de la Constitución). En cambio, para los que votaron en contra y sobre todo para los afiliados a las AFJP, la media sanción resultó decididamente un robo de algo de su propiedad, un bien teóricamente protegido por el artículo 14 de la misma Constitución.

Otra arista de la cuestión, que como muchas otras cosas para nada se debatió en el Congreso, es saber si realmente el Estado que ahora tanto se reivindica resulta superador de aquello que brindan los privados y si bien en la Argentina no se nota para nada esa cualidad en cuestiones sociales clave, ya que en salud, seguridad y educación las prestaciones son deficientes y sólo los que pueden hacerlo pagan dos veces por un mismo servicio (impuestos más aranceles privados), mucho menos lo es en cuanto a las jubilaciones, ya que la mayor parte de los pasivos actuales cobran la mínima, un importe que está bastante por debajo de la línea de pobreza.

Si el Senado ratifica el parecer de los Diputados, la puja entre los derechos previsionales y los de propiedad llegará probablemente a la Corte, tras los juicios que deberá soportar el Estado, ya que la (in)acción legislativa, producto del apuro al que la sometió el Ejecutivo para evitar un desmadre popular y mediático similar al del campo, ha dejado baches inmensos en lo que será la nueva legislación, aunque no solamente en cuestiones legales.

Por ejemplo, no hubo siquiera sobre la mesa un mínimo aporte sobre números actuariales de proyecciones sobre aportantes, recursos y beneficios, ni mucho menos precisiones sobre inversiones futuras de lo que será la multipoderosa ANSeS, la que bien podría digitar fondos y tasas entre empresarios y banqueros, amigos y enemigos o prestarle cuantiosos dineros al Tesoro para que financie lo que tenga que financiar, incluido pagos de la deuda, algo que se prometió no hacer nunca, como si los billetes de la colocación tuviesen una marca que impidiera ese destino. Que lo digan los políticos, está casi bien, se comprende; pero que Amado Boudou lo convalide, aunque sea por omisión, ofende la inteligencia.

Hay que tomar nota que el titular de la ANSeS, quien pasó por una de las escuelas locales del odiado neoliberalismo noventista, la Universidad del CEMA, ahora se ha convertido en un soldado fiel del kirchnerismo, aunque aún no con las mismas prerrogativas que tiene el controvertido Guillermo Moreno, guardián sempiterno de las causas perdidas porque nunca opera sobre el origen del problema, es decir las medidas tomadas por el propio gobierno que integra, sino sobre sus efectos. El secretario de Comercio, quien por eso se ha cansado de fracasar con el control de los precios, ahora tiene dos misiones asignadas en las que se empeña con su enjundia habitual, pese a que ambas tienen un gran componente local potenciado por el proyecto de ley previsional que apuntala la desconfianza e inhibe inversiones, más allá de la situación global de la que la Argentina no podrá escindirse. En primer término, el secretario, quien con convicción cree que es posible tapar el Sol con las manos, hoy aprieta a las empresas que necesitan reducir personal, el nuevo karma que le quita, con razón, el sueño a la Administración. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada ha hablado de terminar con el miedo empresario que lo lleva a reducir personal y hasta a la Presidenta le han pasado, para que divulgue, cifras poco consistentes sobre la baja del desempleo. Lo cierto es que en muchas industrias, ya se han verificado suspensiones, reducción de turnos, fin de horas extras y vacaciones anticipadas, como antesala de eventuales cesantías, sobre todo en el rubro automotor, que era la locomotora que sostenía el grueso del crecimiento de los últimos meses y que apunta en 2009 a reducir 20% la producción. Tampoco el comercio se ha sentido ajeno al parate y no sólo se notan menores ventas, sino que hasta los taxistas, fiel barómetro de la ciudad, aseguran que "el trabajo bajó a la mitad". Por otro lado, Moreno también comanda en las sombras la cruzada contra la patria financiera, deshace operaciones de compra de dólares y le mete fichas a Kirchner a favor del control de cambios o del desdoblamiento del mercado cambiario, mientras de modo silencioso los depositantes ya se han llevado de los bancos al vencimiento, durante el último mes, $ 3 mil millones a plazo fijo y con esa plata compran dólares hasta que la situación amaine.

En este punto, aparece la figura del titular del Banco Central, Martín Redrado, quien está en la boca del mercado como eterno renunciante, aunque trata de sobrellevar con la mayor dignidad técnica posible la situación, pese a que el folclore asegura que es bombardeado por el ex presidente a diario, quien sigue obsesivamente la evolución del dólar.El Banco Central ha tenido que otorgar facilidades para brindarle redescuentos a las entidades, después de haber observado con preocupación esa baja de los depósitos, que las tasas comenzaron a subir hasta niveles prohibitivos y que las reservas cayeron a 45 mil millones de dólares. ¿Qué otra cosa podía decir el Central, a la hora de justificar la medida?: que la tomó "frente a las adversas condiciones del mercado financiero internacional".

Al darle liquidez al mercado para aceitar su funcionamiento, la autoridad monetaria siguió la receta de los principales bancos del mundo, algo que en la Argentina podría resultar peligroso si los fondos se utilizan finalmente para financiar una corrida. Las ideas de Kirchner ("si entendemos con claridad seguir teniendo una visión neokeynesiana, la Argentina va a seguir creciendo", dijo hace unos días) propician el combo de empujar dinero del Estado para estimular obras públicas y dar créditos blandos, dos probables destinos de las inversiones futuras de la ANSeS.

Sobre la cuestión internacional, las declaraciones del canciller y la euforia que embargó a la Administración, incluida la melosa carta que Cristina Fernández le hizo llegar al candidato ganador en los Estados Unidos con la mención "Pueblo Americano" (sic) -algo difícil de digerir, traductor electrónico mediante, por los americanos del Sur- no sólo fueron imprudentes por lo rápidas, sino también inconvenientes por lo taxativas y, el futuro lo dirá, hasta quizás ingenuas. Lo que ha surgido de la primera conferencia de prensa que dio el presidente electo ya presagia que casi nada será como lo habían imaginado desde el kirchnerismo, debido a que Obama parece resuelto a sumar en su gabinete a figuras de la administración Clinton, quien ha sido el presidente del Consenso de Washington, y a algunos republicanos moderados, incluidos funcionarios de la administración Bush, quienes creen a pie juntillas en el mercado como asignador de recursos, antes que en el Estado, a la inversa que en la Argentina actual.

Además, en esta decisión de ortodoxia, hay un elemento que también se diferencia de la gestión de los Kirchner, que es la necesidad que ha mostrado el nuevo presidente de los Estados Unidos de consensuar medidas con la que será su futura oposición "para salir lo antes posible del agujero", dijo, aunque sin abusarse de que su partido tendrá mayoría holgada en las dos Cámaras.

Por último, otro blooper diplomático y una lección adicional. El primero lo protagonizó involuntariamente la Presidenta con José Luis Rodríguez Zapatero, a quien le ofreció con mucha enjundia, para calmar la ira del español por el caso Aerolíneas, interceder para que España pueda sumarse al Grupo de los 20, adonde la Argentina tiene un lugar asegurado el día 15, para trazar los lineamientos de lo que puede ser nuevo mundo post crisis.

Pues bien, el presidente francés, Nicolás Sarkozy tomó el toro por las astas y directamente le asignó una silla al español a su lado y George Bush y Barack Obama no pudieron decir que no. Eso sí, antes de ir a exponer la posición de su país, Zapatero se reunirá con Mariano Rajoy, el líder del opositor Partido Popular.Aquí, en la Argentina de las urgencias y de los pases mágicos capaces de transformar ahorros en gastos corrientes, lamentablemente no ha prendido ni el ejemplo estadounidense ni el español. Pero no sólo por la soberbia del oficialismo, sino primordialmente por la exigua calidad de los opositores locales, incapaces hasta ahora de generar ideas en común para contrastar con los Kirchner o de armar una estrategia para evitar daños institucionales como, por ejemplo, que se cercene el poder de la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, tal como también sucedió en la última semana. Otra de las razones, quizás la más valedera, por la cual Néstor Kirchner acaba de resucitar.


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