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sábado 11 abril, 2009

Africa, nuestro destino

Después de décadas de discusiones sobre si la Argentina pertenecía a Sudamérica o a Europa, una nueva perspectiva está abriéndose paso: la posibilidad cierta de que nuestro país termine siendo parte de Africa.

por Redacción Perfil

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Después de décadas de discusiones sobre si la Argentina pertenecía a Sudamérica o a Europa, una nueva perspectiva está abriéndose paso: la posibilidad cierta de que nuestro país termine siendo parte de Africa.

Indiferente a las leyes que él mismo había dictado, el Gobierno nacional adelantó las elecciones, terminando de paralizar a un parlamento que en medio de la crisis se ha reunido una sola vez en los primeros tres meses del año y que entre campaña y post-campaña no tendrá legitimidad política para legislar hasta dentro de ocho meses, cuando asuman los nuevos diputados. En tanto, un intendente del Conurbano comprensiblemente espantado por el auge de la criminalidad y la inoperancia de quienes deberían combatirla, no tuvo mejor idea que inventar un apartheid territorial sostenido, ridículamente, en una parecita de cinco cuadras.

A su vez, después de haber llamado al diálogo y el consenso y de haber acusado a la oposición de “querer prenderle fuego a la Argentina”, el oficialismo de un país con recesión e inflación levantó la mesa de diálogo con uno de los principales sectores productivos nacionales y se apresta a poner al gobernador de su principal provincia como segundo en una lista de diputados y a usar a todos sus intendentes como candidatos a diputruchos para juntar lo que pueda rascando el fondo de la olla de su desfalleciente popularidad. Y algo parecido hace una parte de la oposición, que prepara una maniobra similar con la vicejefa del Gobierno de la Capital y que en vez de ir a internas para definir las candidaturas en el partido que ha gobernado el país 18 de los últimos veinte años prefiere transformar las elecciones legislativas en otra gran interna partidaria de escala nacional.

Los efectos de este cuadro político no se hacen esperar. Un alud hecho con el barro que producen el desmonte salvaje de la naturaleza, se ha llevado puesta media Tartagal. En tanto, una epidemia hija de la indigencia ha venido para quedarse, según los dichos de una ministra de Salud que en vez de declarar la emergencia sanitaria se dedica a recomendar a las amas de casa que usen repelente y ropas de manga larga y descacharricen (sic) los fondos de las casas, sin reparar en que en los desolados rancheríos de Charata los fondos de las casas coinciden exactamente con la extensión del territorio provincial.

También los diarios reportan que no se cumple con los 180 días de clase mínimos y que en los colegios privados en los que se dicta clase más o menos regularmente la cuota subirá el 30 por ciento; que la Semana Santa extenderá la epidemia de dengue; que el jefe de la CGT ya no pide protección para los puestos de trabajo sino más seguros de desempleo; y que el Gobierno será exitoso en postergar la corrida al dólar, la devaluación y el estallido de tarifas hasta después de las elecciones, en tanto pide la suspensión del embargo de los fondos de la Embajada en Francia y declara que la caída industrial es –según el INDEC– ocho veces menor de lo que dicen las mentirosas cámaras empresariales. Entre otras muchas maravillas cotidianas: oficiales de la Policía filmados cuando recaudan la plata negra (sic) y capturados huyendo de un shopping vestidos con prendas robadas. Por suerte no hubo hoy colombianos disparándose en las playas de estacionamiento, ni desembarcos de la mafia siciliana, ni ministros contentos de que se bata el récord de incautación de droga. De manera que han disminuido un poco las sensaciones de corrupción, de pobreza, de descontrol y de inseguridad. Menos mal.

En todo caso, lo que en cualquier país civil ocupa el diez por ciento del diario y en la Argentina solía ocupar una tercera parte, ha invadido ya casi toda la actualidad nacional. Como en Africa; quiero decir: como en la parte mejor de Africa, la que no ha caído en las guerras tribales ni en el genocidio serial. A menos que se crea que los medios no reproducen la realidad, sino que la producen. En cuyo caso la evidente tendencia hacia la africanización de la Argentina será evitada por el Gobierno –simplemente, felizmente, kirchneristamente– mediante la oportuna sanción de una nueva ley de radiodifusión nacional.


*Diputado nacional por la Coalición Cívica.


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