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COLUMNISTAS /
sábado 20 junio, 2009

La mosca

Obama apunta, se concentra y tira el manotazo ninja que sorprende y aplasta a la mosca. Queda filmado. Nice, dice el entrevistador. La mosca cae al piso. Obama dice ¿Dónde estábamos?, como si acabara de matar un tigre y se diera vuelta para seguir hablando.

por Redacción Perfil

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La mosca histórica que el presidente de Estados Unidos está por matar por televisión vuela por la Sala Este de la Casa Blanca trazando en el aire una caligrafía de bicho exploratorio, una larga oración enmarañada por el amplio salón de fiestas donde bailaron los Johns, los James, los Abrahams, los Teddys, los Jimmys, los Ronalds, los Bills, el mismo salón donde alguna vez se acuartelaron las tropas de la Unión, donde lo velaron a Kennedy, donde se dibujaron con el baile los entramados hormonales de tantas presidencias, una mosca primaveral, un moscardón pesado, recorre las cortinas, el piano, las arañas de cristal, los retratos de los primeros presidentes con peluca, y de pronto se cruza en la entrevista de junio del año 2009, se mete en la sintaxis de Obama que está intentando explicarle al periodista John Hardwood de la CNBC la regulación impositiva más grande desde la Gran Depresión, le enreda las oraciones, lo hipnotiza, le recuerda que en boca cerrada no entran moscas, lo zumba en su discurso cuando quiere hablar de incrementar la transparencia y la apertura que ha sido siempre la característica de quién sabe qué cosa porque la mosca lo distrae, lo saca de foco, lo obliga a seguir con los ojos su firma de amagues por el aire, le imprime al presidente norteamericano una mirada revoleada de papamoscas, pero Barack Obama es cool, es decir que actúa con elegancia aun bajo presión, es el Gorge Clooney de la política, y todavía no tiene casi gaffes en su historial, sólo un pequeño golpe en la cabeza al subirse al helicóptero y esa frase políticamente incorrecta sobre las Olimpíadas Especiales y su jura fallida que tuvo que repetir, pero nada como su predecesor George W que protagonizaba decálogos de torpezas mediáticas recopiladas por los programas de medianoche, que logró que se acuñara la palabra bushismos para sus frases incoherentes, nada como Jimmy Carter y el conejo rabioso que lo atacó en un lago de Georgia mientras pescaba, Obama en cambio es cool, o quizá es un nerd sobreadaptado al mundo cool, pero sobre todo es más nuevo que cool, y eso lo viene salvando, porque ahora trata de seguir con su explicación y parece que ni mosquea con la incomodidad del insecto hasta que al final sí mosquea, porque la mosca mínima se vuelve el elefante insoslayable de la sala, el bicho insoportable que despliega desde su mínimo punto negro una gran concentración de símbolos y tapa todo, hasta que Obama dice sorry, sonríe simpático, interrumpe la entrevista, le cede el protagonismo a la mosca y la mosca –sobre la mano de Obama, justo en el centro exacto del poema, como si fuera ella sola su propio haiku– se posa. Ahora la mosca es política, es un asunto de Estado. Obama la va a matar y eso se va a volver noticia porque no es simplemente un hombre matando un bicho, es el presidente del país más poderoso del planeta y sus manos están cargadas de simbología y responsabilidad, como tan bien lo vio Dylan Thomas en ese poema que empieza diciendo: la mano que firmó el papel derribó una ciudad. Así que Obama mira la mosca en su mano izquierda y levanta la mano derecha, lo va a hacer porque es su estilo actuar naturalmente, porque en su mandato puede todavía hacer algo así y ser encantador, su mano no viene con el mismo envión que tendría la mano de Bush, aunque ya tenga civiles afganos muertos en su haber, la mano de Obama no invadió Irak, es una mano culta, con más nivel intelectual, más refinamiento y cuanto más refinado un hombre más grácil nos parecerá que acierte con matar una mosca. En cambio el ranchero Bush matando de un manotazo una mosca en medio de una entrevista sería otra cosa, casi como cuando lo filmaron escupiendo, casi como cuando amenazaba a los culpables del 9/11 repitiendo “los vamos a salir a cazar”. Obama todavía tiene otra intensidad y es sexy, es el macho alfa de espaldas amplias, el más apto y, si acierta con la mosca, el acto va a ser parte de su decálogo de gestos afilados y su rapidez de reflejos una cualidad que también habría que atribuirle a su predecesor cuando esquivó perfectamente dos zapatazos muy bien dirigidos. Así que Obama apunta, se concentra y tira el manotazo ninja que sorprende y aplasta a la mosca. Queda filmado. Nice, dice el entrevistador. La mosca cae al piso. Obama dice ¿Dónde estábamos?, como si acabara de matar un tigre y se diera vuelta para seguir hablando. El equipo de filmación lo aplaude, él dice Eso fue bastante impresionante ¿no? y hasta le indica al camarógrafo donde está el cadáver del insecto por si lo quiere filmar.


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