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SALUD / Nutricin
viernes 17 julio, 2009

La chía: un alimento perdido que vuelve con todo

Se trata de un cultivo anual originario de México. Su importancia nutricional y cuáles son sus aportes al organismo.

por Redacción Perfil

Foto: Cedoc
viernes 17 julio, 2009

La chía (Salvia hispánica L.) es un cultivo anual originario del sudoeste de México y noroeste de América Central. Los pueblos asentados en esas regiones la consumen desde los tiempos precolombinos, siendo parte preponderante de su nutrición diaria.

Cuando Cristóbal Colón llegó a América, el imperio azteca controlaba un amplio territorio que ahora pertenece a México, con una población de más de once millones de personas. Tenochtitlán, la ciudad capital, con doscientos mil habitantes, se hallaba en donde ahora se encuentra el Distrito Federal. Esta muy avanzada civilización alcanzó su máximo esplendor entre los años 1168 y 1521, cuando fue destruida por los conquistadores liderados por Hernán Cortés.

Mesoamércia tenía por entonces al menos veinte especies botánicas domesticadas, con usos diferentes. Cuatro de ellas sobresalían desde el punto de vista nutricional; amaranto, porotos, chía y maíz, constituyendo los principales componentes de la dieta diaria. Su importancia está bien fundamentada en el histórico Códice Florentino escrito entre 1548 y 1585 por Fray Bernardino de Sahagún, titulado Historia general de las cosas de Nueva España. El trabajo de doce volúmenes escrito en nahuatl y castellano se halla en la Biblioteca Laurenziana de Florencia, Italia. Algunos aspectos relacionados con la producción, comercialización y usos de la chía se describen en varios pasajes de este monumental trabajo.

La semilla de chía, según la evidencia científica, comenzó a emplearse en la alimentación humana unos 3.500 años antes de Cristo. Entre 2600 aC y 2000 aC fue cultivada en el valle de México por las civilizaciones teotihuacanas y toltecas antes de que los aztecas llegaran allí, y entre 1500 aC y 900 aC se empleó como moneda en el centro de México. Se utilizó entera en las comidas diarias mezclada con otros alimentos y emulsionada con agua como bebida refrescante; molida en harina integrando medicinas; prensada para obtener su aceite, utilizado luego como base para pinturas cosméticas tanto para el rostro como para el cuerpo. En la guerra fue indispensable por su condición energizante, se la usó para pagar los tributos anuales que los aztecas exigían a los pueblos conquistados, y fue ofrecida a los dioses en las ceremonias religiosas.

La conquista española reprimió a los nativos, suprimió sus tradiciones y destruyó la mayoría de la producción agrícola intensiva así como el sistema de comercialización existente. Muchos cultivos que mantuvieron una posición preponderante en las dietas de la América pre-colombina fueron eliminados por su estrecha asociación con la religión y tal vez por su incapacidad de adaptarse a las condiciones climáticas europeas, siendo reemplazados por otras especies foráneas (trigo, cebada, etc.) de gran demanda. De los cuatro cultivos principales, el maíz y los porotos fueron excepción y hoy son dos de los más importantes de la humanidad.

El cultivo de la chía decreció luego del descubrimiento de América. Hoy, en su lugar nativo, la especie está limitada a unas pocas hectáreas con escasas posibilidades de incrementar el área sembrada debido a los factores sociales y políticos. Sin embargo, debido a sus condiciones sobresalientes, se ha comenzado a cultivarla en diferentes países en forma regular.

La ciencia moderna ha llegado a la conclusión de que las dietas precolombinas eran superiores a las actualmente consumidas en la misma región y la chía, que sobrevivió sólo en pequeñas parcelas en áreas montañosas escarpadas del sur de México, Guatemala y Nicaragua vuelve, quinientos años más tarde, a recobrar su papel protagonista en la nutrición humana.

Su composición química y valor nutricional como fuente de ácidos grasos omega-3, antioxidantes y fibra dietética, le confiere un gran potencial para integrar los mercados alimenticios e industriales. Así, la información tecnológica ha dado una excelente oportunidad para crear una industria agrícola, totalmente capaz de ofrecer al mundo un “cultivo nuevo y antiguo a la vez”.

(*) Vilma Lo Presti es autora "Repostería y Panadería con Chía", Valeria Curutchet, Lic. en Nutrición, MN 4372, UBA

www.cookingchia.com


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