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COLUMNISTAS / aventuras
sábado 5 junio, 2010

Lost & found

Tal vez sea una exageración debatir sobre Lost como si se tratara de La Ilíada. Pero este tipo de eventos cumple idéntica función que otrora la literatura (cuando no existían más formas de narrar ficción): convocar al mundo.

por Redacción Perfil

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Tal vez sea una exageración debatir sobre Lost como si se tratara de La Ilíada. Pero este tipo de eventos cumple idéntica función que otrora la literatura (cuando no existían más formas de narrar ficción): convocar al mundo. Y gran parte de éste siguió durante seis años la serie que supo aprovechar lo mejor de su condición episódica, desarrollando una tecnología de giro (en las prioridades, la temporalidad, el drama) que funda un pequeño mito industrial.
El final de Lost (en evidente atentado para coincidir con la gaucha fiesta patria) trajo aparejados entusiasmo y frustración. La decepción (todo final la implica) se ha formalizado de maneras extrañas: un reguero de subproductos de marketing pseudointelectual. Los sigo con no menos vergonzoso interés. No recuerdo otro fenómeno narrativo a escala mundial que se compare a éste. No me refiero a la calidad del entretenimiento, que está ligada al gusto y que no vale la pena debatir, sino a las relaciones de la ficción con la incompletitud. La serie se había hecho famosa por desarrollar lo complejo, y terminó muy fiel al mismo principio de incompletitud: todo deseo se nutre del afán de completar la línea de puntos. Dejando huecos. El plan de los guionistas no era el del argumento: el plan fue mantener vivo lo complejo una vez acabada la serie. Los guionistas (un nigérrimo ejército, que si se tratara de una sola persona gozaría ahora de los poderes de un dios) aseguran que no darán respuestas porque prefieren que cada televidente ejerza su propia interpretación, metaforizan con el libre albedrío y exageran que éste es el presunto tema de Lost, ignorando así que su mayor gracia fue la de ser una de aventuras, de saltos en acantilados, de ataques de osos y navajas. Los foros van del hinduismo acelerado a la física cuántica, pasando por la clásica parodia “Hitler ve el final de Lost”, que mucho recomiendo. Y ya se prometen 15 minutos extra en el DVD oficial (algo deben armar que pueda venderse). Las explicaciones vienen de la mano de fans, pero también de guionistas, que –como dobles agentes– revelan aspectos secretos de la cocina. Entonces, ¿de qué “mercado” estamos hablando?
Algún amigo se me indigna ante las “ficciones que reclaman manual de instrucciones”. Yo, en cambio, pienso que toda la literatura de la historia –merced a su relación con la crítica, su Doppelgänger monstruoso– opera de manera similar. Lo que abruma es la velocidad con la que se democratiza ese manual crítico. Y gratis. Aquí está la mayor paradoja: siendo un producto industrial, carísimo, de un país entrenado en aceitar la maquinaria a veces “cachuza” de su movimiento perpetuo, Lost ha sido visto y explicado casi en su totalidad pirateado de Internet. ¿Cómo se financia esto? ¿Dónde está la ganancia de esta industria tremenda? ¿Quién la paga? No será la publicidad, que los piratas nos evitan generosamente. ¿O sí? No creo que la piratería sea el error en la Matrix, pero hallo muy singular que tanta gente se reúna alrededor de una fogata capitalista que no genera consumo real, sino virtual. ¿Será por eso que quiebran los bancos?


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