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COLUMNISTAS / tocadas
sábado 14 agosto, 2010

El todo y sus partes

por Redacción Perfil

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La predilección de nuestros gobernantes nacionales y provinciales (vial costero, etc.) y en particular del alcalde de la Ciudad de Buenos Aires por las autopistas y las “ciclovías”, en lugar de los trenes de superficie y los subterráneos, me digo en las noches de domingo durante las cuales tengo que rumiar los temas sobre los que podría escribir para esta página, debería de tener alguna explicación.
Me lanzo, una vez más, a la especulación psicológica que mis lectores tanto odian, esta vez con pruebas irrefutables. La manía macrista asocia seguridad y encapsulamiento, y por eso privilegia el transporte individual y no el colectivo. Como la movilización en automóvil tiene mala prensa (contamina y congestiona), el alcalde admirador de Cacciatore inaugura bicisendas a ritmo de vértigo, para contentar a los hippies y los enamorados de la tracción a sangre. Pero en el fondo, se trata del mismo pánico a la muchedumbre y el amontonamiento que, creo, va mucho más allá del mero clasismo (en el auto y en la bici, cualquiera puede fingirse millonario; en el subte, no).
Macri conoce bien las calamidades que pueden suceder en un tren atiborrado de pasajeros y por eso patrocina el traslado individual y está dispuesto a poner su gestión entera al servicio de esa garantía. Lo sabe, porque sufre de esa tentación irresistible que ha demostrado ante las cámaras de televisión durante la inauguración de la última edición de ArteBA: si hay amontonamiento, es muy probable que te metan una mano en el culo (como hizo el alcalde con el periodista que lo entrevistaba in situ, provocando el destrozo de una delicada instalación especulativa que, todavía, no ha pagado a la galería MiauMiau).
¿Por qué no ha comprado Macri la obra que, entonces, ante las cámaras, se comprometió a pagar? Tal vez porque, en su imaginario de concheto revoltoso que se aburre durante las lecciones de historia y literatura, le parece que una tocada de culo (que ningún varón le niega a nadie: en ejercicio de sus funciones presidenciales, Néstor Kirchner solía hacer lo mismo) no debería tener consecuencias de tan larga proyección.
 


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