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COLUMNISTAS / EL PERIODISMO QUE VIENE
domingo 5 diciembre, 2010

Un golpe sobre la mesa... del periodismo

por Redacción Perfil

default Foto: Cedoc
domingo 5 diciembre, 2010

Una pregunta para empezar: en medio del escándalo del Cablegate, ¿quién se lleva las palmas, los cinco más grandes diarios del mundo que publicaron los cables secretos de la diplomacia norteamericana o WikiLeaks, que los obtuvo, los procesó y se los entregó? Nadie les atribuye a los diarios ningún mérito en obtener la información, claro, porque no lo tienen. Pero tampoco se les reconoce pericia para editarla o valentía para publicarla. Esa valentía se le reconoce al soldado que filtró los cables y a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, que vive en la clandestinidad, perseguido por espías y por la policía en todo el mundo.

WikiLeaks utillizó la enorme capacidad de difusión que tienen esos diarios y los eclipsó. Pero no se trata de una simple cuestión de percepción. Yo creo que los diarios y WikiLeaks están ayudando a crear nuevas formas de periodismo. Unos, porque no han tenido más remedio. El otro, por su propia naturaleza; lo busque o no.

El Cablegate ha aumentado mucho la visibilidad de Wikileaks. Los cables configuran un reality show involuntario en el que los poderes fácticos se sacan un premio vergonzante. Nunca antes el público había tenido ese tipo de acceso a ámbitos secretos del poder mundial.

Pero lo más importante para el periodismo, creo, es que toda esa riqueza no llegó a conocimiento público de la manera usual. Tradicionalmente, una persona (la fuente) a quien le conviene difundir un secreto lo pasa a un medio al que también le conviene difundirlo. Un ejemplo: en los 70, Woodward y Bernstein, del Washington Post, fueron convocados por el famoso “garganta profunda“ porque el FBI quería debilitar a Nixon. El diario marcó un hito en la historia del periodismo y logró un prestigio que hoy le sirve más que nunca, cuando declinan los diarios de papel.

Los motivos de las fuentes son inagotables. Creo que los más importantes y abarcativos son: tener más poder (para sí y/o para otros), defenderse de algún poder y calmar su sentimiento de culpa.

La fuente visible del Cablegate (no se sabe si hay otras), el soldado Bradley Manning, fue directamente a WikiLeaks quizá porque admiraba a esa organización y no confiaba en los grandes medios, y porque esperaba protección (no la obtuvo, está preso). Y sobre todo porque esa organización le aseguraba una difusión global inmediata y masiva.

Si hubiera ido a un solo diario –el procedimiento tradicional–, corría varios riesgos. Entre otros, que ese diario tuviera el control exclusivo de la información y pudiera retacearla o darle un sentido distinto al esperado por él. WikiLeaks fue una herramienta eficaz para él.

Ahora miren este proceso desde la perspectiva de WikiLeaks. Con los documentos en su poder, busca a su vez una herramienta. Julian Assange decide esta vez elegir cinco de los grandes diarios del mundo –The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Le Monde y El País– en lugar de entregar los materiales a quien los quisiera, como ha hecho otras veces. Entiende que esa abundancia disminuye el valor. Y, dentro de la ley de oferta y demanda, crea una escasez para exaltar el valor; o sea, para tener más impacto. No es una conjetura; lo cuenta Assange.

¿Assange beneficia a los diarios? Sí, en parte. Pero no los fortalece, los disminuye porque son receptores casi pasivos de una información que no fue obtenida por ellos pero no la pueden ignorar porque es valiosísima.

WikiLeaks es aquí tan poderoso que les ha quitado un atributo crucial de todo periodismo: el acceso directo a la fuente. Ese acceso es crucial porque en el trato personal con la fuente se obtienen datos tan importantes como la filtración que permiten conocer o deducir móviles y evaluar eventuales manipulaciones. Así los medios pueden brindar la noticia a sus lectores en un contexto que favorece un análisis crítico.

Otro atributo clave –pero sólo propio del periodismo tradicional– es la exclusividad, otro punto donde golpea WikiLeaks. El periodismo tradicional actua dentro de las reglas del mercado; es realizado por una empresa o un grupo en competencia con otras empresas o grupos. Por eso la búsqueda de la exclusividad.

WikiLeaks arrasa con la exclusividad. Ha forzado a algunos de los mejores diarios del mundo a entrar en cadena. Claro, con matices. Pero han tenido que salir al unísono sin diferenciarse nítidamente. Cada uno hizo su edición del material. Pero se reunían, discutían, cada uno tenía una idea de lo que el otro iba a publicar. Fue un insólito trabajo en común. Un atributo más del periodismo, el más importante porque resume a todos, es su capacidad para controlar al poder, todo el poder, no sólo el de los gobiernos, porque el poder nos prefiere ignorantes.

WikiLeaks compite por esa función. No digo que el periodismo tradicional no la cumpla a veces. Pero en este caso WikiLeaks acaparó esa función. Como ya dijimos, nadie habla de los diarios sino de WikiLeaks. Es evidente que en la práctica concreta les está disputando una parte del territorio del periodismo.

Apenas WikiLeaks dijo en la Red que el Cablegate era una sociedad con los cinco medios, un periodista del Times se apuró a decir que para ellos WikiLeaks no era un socio sino apenas una fuente.

WikiLeaks es mucho más que una fuente tradicional. Es una organización en la que trabajan ciudadanos, periodistas y especialistas en tecnología de la información, abogados, etc., que envía gente a distintas partes del mundo para investigar y para chequear información. Y además es eficaz: los gobiernos no desmienten sus revelaciones, sólo las minimizan. Tan poderosa es esta “simple fuente” que ocupa un lugar en la imposición de la agenda global y, por eso, en la construcción del discurso público, rol que se atribuye el periodismo.

La tensión entre WikiLeaks y los cinco diarios es la tensión entre los viejos y los nuevos medios y entre las formas tradicionales de periodismo y las que están en formación. El célebre Manuel Castells, quien hizo estos días una apasionada defensa de WikiLeaks, dice que es un “medio de información”. Jay Rosen ha dicho que es una “organización noticiosa”, la primera que actúa fuera de un Estado nacional. Para los diarios tradicionales, WikiLeaks es apenas una fuente, no es periodismo.

Creo que esa discusión es menos importante que la práctica concreta. WikiLeaks es un camino para la construcción de nuevos medios periodísticos. Tiene estas fortalezas: obtiene información, la evalúa y la distribuye. WikiLeaks es ubicua, desafía al poder establecido, se constituye en mediador de ciudadanos que deciden saltear los medios tradicionales y actúa, como dice Rosen, fuera de los Estados nacionales. El Cablegate es un golpazo sobre la mesa. Es un riquísimo disparador para pensar en los nuevos periodismos.


*Periodista. www.robertoguareschi.com


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