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COLUMNISTAS / pase de factura sindical por venegas
sábado 12 febrero, 2011

Rebelión contra Moyano

Lejos están de aquietarse las turbulentas aguas en el gremialismo. Los agujeros negros del juez Oyarbide. Y el rol de un influyente operador.

por Redacción Perfil

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sábado 12 febrero, 2011

La detención de Gerónimo “Momo” Venegas, secretario general de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre) y, a la vez, titular de las 62 Organizaciones Peronistas, conmocionó tanto al mundo sindical como político.

La decisión del juez Norberto Oyarbide de adelantar la declaración del imputado no fue ajena a la presión que se ejerció sobre el magistrado para apurar esa instancia procesal, si bien ya se le había avisado que, debido a trabajos de la empresa de electricidad, debería modificar la fecha de la citación porque los tribunales de Comodoro Py iban a estar sin luz durante casi todo el día de ayer.
La oscura causa de los medicamentos falsificados transcurre básicamente por cuatro planos: el humanitario –paradójicamente el menos mencionado– que hace a los casos médicos concretos referidos a los daños que se les infligieron a las personas a quienes se les administraron dichos medicamentos; el económico, que tiene que ver con la utilización de fondos del Estado para pagar esos medicamentos que nunca se les administraron a los pacientes; el policial, en el que el centro de la escena es ocupado por el triple crimen de General Rodríguez, en el que fueron asesinados Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damián Ferrón y el político, que tiene en vilo a las conducciones de varios gremios y al Gobierno.
Para hacer este cóctel más complejo aún, está Oyarbide, sobre quien hay coincidencias que se manifiestan independientemente del sector desde el que se lo evalúe: sus decisiones siempre generan sospechas de responder o estar influenciadas por móviles políticos. Esto no significa que el juez haya actuado esta vez sin el soporte de pruebas suficientes para fundamentar la apertura de una causa contra Venegas. De hecho, el viernes, durante las siete horas que duró su declaración, se le exhibieron, a modo de evidencia, documentos y escuchas que comprometerían a un estrecho colaborador suyo. La ex ministra de Salud, Graciela Ocaña, quien sigue muy de cerca la causa madre para la que aportó mucha información, confirmó que la Uatre es uno de los gremios bajo investigación.

Pero no fue esto lo que produjo el vendaval de reacciones que generaron protestas y cortes de rutas en distintos puntos del país, sino la intempestiva detención de Venegas sin haber sido llamado a declarar en la causa. Esto constituyó un comportamiento distinto al operado no sólo con el ex titular de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), Héctor Capaccioli, procesado por los graves delitos de “asociación ilícita, defraudación a la administración, negociaciones incompatibles y encubrimiento”, sino también al director de Lotería Nacional, Hernán Diez, por encubrimiento y lavado de activos, y al ex legislador porteño kirchnerista y gerente consultivo de la Anses, Sebastián Gramajo, por asociación ilícita y encubrimiento, a quienes el juez eximió de la prisión preventiva.
La trastienda de lo sucedido en las vertiginosas horas del viernes es una muestra de la matriz de carga política que tiene esta causa. Eduardo Duhalde se movió intensamente durante todo el día. Habló con casi una decena de intendentes del Conurbano –algunos de ellos verdaderos pesos pesados dentro de ese universo– a los fines de movilizar gente el sábado, en caso de que no se modificara la fecha de declaración. Al mismo tiempo, le hizo saber al Gobierno su intención de apoyar las movilizaciones en el interior del país durante todo el tiempo que Venegas permaneciera detenido.

Las cosas no fueron fáciles dentro de las turbulentas aguas sindicales. Hubo necesidad de una presión muy fuerte ejercida por varios dirigentes gremiales para “convencer” a Hugo Moyano de la necesidad imperiosa de hacer algo. Moyano, que al comienzo no estaba muy convencido, debió ceder cuando vio que asomaba entre sus filas un atisbo de rebeldía que lo complicaba. Hay que recordar que el gremio de los camioneros es uno de los que también está bajo investigación por esta causa, aun cuando la cercanía de Moyano con Oyarbide –recuérdese la foto del juez junto al jefe de la CGT y del boxeador Patón Basile– le da una especie de indemnidad que no poseen muchos de sus pares.
En la Casa Rosada también se vivieron horas de inquietud. Por eso es que se dejaron caer sugerencias para que el juez apurase los tiempos y le tomara declaración a Venegas lo antes posible, ya que se descontaba que, una vez completado ese trámite procesal, no tendría más remedio que ordenar la liberación del sindicalista. Una de las tantas cosas que es vox populi en Comodoro Py, es la llegada que sobre el magistrado tiene el auditor Javier Fernández, persona de pertenencia visceral al kirchnerismo. Por eso hubo alivio presidencial cuando se supo que todo estaba encaminado.

Oyarbide ha quedado, una vez más, mal parado y ha dejado, a su vez, mal parado al Gobierno. Que haya quienes pretenden presionar a un juez es muy malo; y que haya un juez que ante cualquier presión ceda, es igualmente grave. Cuando la carrera de un magistrado presenta agujeros negros por donde esas presiones se cuelan fácilmente, su independencia se ve severamente comprometida. En ambos casos, finalmente, la que se ve afectada es la Justicia, pilar fundamental de una república. El caso de Oyarbide encaja perfectamente en este cuadro de situación.
El episodio de Venegas no ha terminado aquí. Ha producido al interior del justicialismo un estado de revulsión de consecuencias imprevisibles, sobre todo, en el marco de la creciente disconformidad de muchos de los intendentes que se oponen a la operación montada en torno de las mal llamadas listas colectoras que fogonea el Gobierno. Una de las incógnitas de estas horas se centra en Daniel Scioli, quien en estos días estuvo ausente del país por temas atinentes a sus regulares chequeos médicos. Algunos se esperanzan con la posibilidad de que el gobernador se anime a emitir una especie de alerta para que el Gobierno no siga avanzando con estas ideas; otros, en cambio, creen que sólo algún hecho de dimensiones cercanas a lo milagroso podría sacar a Scioli del mutismo que, como única respuesta, ha decidido responder a la humillación a la que el kirchnerismo lo viene sometiendo desde siempre.


Producción periodística:
Guido Baistrocchi.


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