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COLUMNISTAS / LA INTERNA KIRCHNERISTA, COMO En LOS 70
domingo 27 marzo, 2011

Marchas de la bronca

Progresistas y conservadores K pelean para dirimir quién está más cerca de la Presidenta y aprovechar su buena imagen.

por Redacción Perfil

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Bronca sin fusiles y sin bombas. Bronca con los dos dedos en ve. La crónica de Miguel Cantilo, el Discépolo de los 70, en su legendaria marcha ayuda a definir algunas cosas que están pasando detrás de las noticias. En el ala izquierda del kirchnerismo se está librando una fuerte batalla ideológica para establecer cuál es la mejor manera de pararse frente a lo que definen como la derecha de su movimiento. Estas peleas por espacios de poder tienen reminiscencias desarmadas (por suerte y por ahora) de las que ocurrieron en los años 70.

Todos coinciden en colgarse de las polleras y las encuestas de Cristina Fernández de Kirchner. La Presidenta, astuta, tiene algo muy claro: sumar todo lo que pueda y de donde sea para evitar la segunda vuelta, donde podría desmoronarse su proyecto. Por eso hizo un llamamiento a no preguntarle a nadie de dónde viene. Ese pragmatismo hace crujir el rompecabezas oficialista y genera tensiones y acusaciones a la luz del día. Es importante seguir de cerca estas escaramuzas porque son las únicas que por ahora pueden evitar la reelección de Cristina: el fuego amigo. Hay movimientos telúricos que se están incubando y que suelen anticipar los terremotos políticos que afectan a todos los argentinos. La confrontación en su propia cancha puede generar que el oficialismo se consuma en su propio fuego. Los misiles entre Hugo Moyano y Cristina fueron (y “son”, porque no terminaron) el ejemplo más contundente, aunque luego se haya querido maquillar el acontecimiento. ¿O quiénes son los políticos que se apropian de las listas y dejan afuera a los negritos?
De hecho, las más grandes derrotas históricas tanto del peronismo como del kirchnersimo fueron autoinflingidas por su gran capacidad de construir y destruir al mismo tiempo.

En este contexto, Luis D’Elía acusó a Emilio Pérsico de haber estado cerca del menemismo en los 90. Ambos dirigentes vienen de la militancia social y viven en villas o asentamientos. Pero representan dos concepciones de acumulación distintas y por eso el pase de factura chicanero. Pérsico, desde el Movimiento Evita, es uno de los motores principales del kirchnerismo auténtico que se agrupa en la Corriente Nacional de la Militancia, que incluye al peronismo y a varias autoridades partidarias. D’Elía y Hebe de Bonafini, entre otros, encarnan a los sectores más extremos y blindados del kirchnerismo antipejotista.

Hebe está convencida de que Hugo Moyano es un traidorazo y patotero al que hay que tener lejos y que hay intendentes fachos que después se dan vuelta. Según D’Elía, no hay que apoyar a Scioli como hace Pérsico porque “tiene convicciones neoliberales y conservadoras a las que nunca renunció. Si fuera presidente, tendríamos un nuevo indulto y se derogaría la Ley de Servicios Audiovisuales”.
Por el contrario, los muchachos de Pérsico vienen trabajando hace tiempo para suturar una herida criminal muy profunda que tienen con la ultraderecha peronista y otra brecha que los separa de los ex menemistas. Por eso aportan sus columnas militantes en todas las convocatorias de la CGT y fomentan el noviazgo entre la JP Evita y la Juventud Sindical Peronista. Son los más claros herederos de aquella guerra “con fusiles y con bombas” que se dio entre el espacio liderado por Montoneros y las distintas vertientes del gremialismo ortodoxo de derecha que en muchos casos alimentaron la Triple A.

De esto último se acusa a Hugo Moyano. Un antiguo dirigente trotskista lo denunció anta la Justicia por su militancia en la Concentración Nacional Universitaria (CNU), un grupo de choque que se sumó a las huestes de José Lopez Rega. Sin embargo, después de 35 años, Moyano fue el principal orador en el homenaje a Jorge Di Pasquale, el combativo secretario general del gremio de empleados de farmacia que fue secuestrado y asesinado. Di Pasquale fue secretario adjunto en la legendaria CGT de los Argentinos de Raimundo Ongaro. En ese cuenco abrevó uno de los hombres más cercanos a Moyano: Juan Carlos Schmid, que estaba sentado a su lado.
Es un gran avance hacia la convivencia pacífica entre los que en los 70 quisieron dirimir a los tiros sus diferencias. En aquella época, nadie se hubiera imaginado esta confluencia civilizada entre fachos y zurdos.
Con menor intensidad ocurre algo parecido respecto de la relación que mantiene la Corriente de la Militancia con Scioli y hasta con Sergio Massa. De hecho, el gobernador de Buenos Aires estuvo en el estadio de Huracán al lado de la Presidenta, y Luis D’Elía fue expresamente excluído de la lista de invitados.

Pero nada es lineal. La única que tiene el “kirchnerómetro” es Cristina y ella prefiere a La Cámpora y a Amado Boudou. Pero por ahora, hasta las elecciones, no veta a nadie. Mediante un video le dio la bienvenida al nuevo partido de D’Elía, que en el Luna Park destacó la presencia y el apoyo del cuasi embajador de Irán, Ali Pakdaman. El ministro de Economía fue la estrella del acto que hicieron Bonafini y Sergio Schoklender en el Mercado Central, donde se agradeció la instalación de la mayor planta transmisora de AM para la radio de las Madres de Plaza de Mayo. Boudou, militante del partido de Alvaro Alsogaray hasta hace unos años y profesor de la universidad más ortodoxa y liberal, es reinvindicado por D’Elía pese a ese origen con una explicación muy particular: “Boudou y Jorge Capitanich también venían de esa procedencia ideológica, pero ellos abjuraron de esas ideas. En cambio Scioli, las mantiene”.
El actor Federico Luppi expresó su preocupación porque “una parte del país sigue apostando por las viejas soluciones fachistas antidemocráticas” y puso como ejemplo que “en estos días le interrumpieron un acto a Martín Sabbatella al grito de ‘zurdos de mierda’”. Dijo Luppi que “esa es la parte del espolón de proa que la derecha argentina coloca siempre como apelativos para descuajeringar el proceso democrático”.

En efecto, una patota de cuatro hombres que se conducían en dos autos sin chapa –que no eran Falcon– le dieron una paliza terrible a algunos militantes de Sabbatella en San Antonio de Padua, partido de Merlo. Uno de los agredidos, Alejandro Mileto, tuvo que ser hospitalizado. Sabbatella responsabilizó por la violencia al intendente kirchnerista Raúl Othacehe y lo instó a “desactivar esas patotas”. La diputada Victoria Donda repudió a esos matones que sobreviven “gracias a los favores mutuos entre ellos y el actual gobierno nacional”. Tal vez Othacehe sea uno de esos intendentes fachos que se dan vuelta a los que apuntó Bonafini. Cantilo y Discépolo rematarían diciendo: “Bronca cuando a plena luz del día, sacan a pasear su hipocresía”. Y en el mismo lodo, todos manoseados.


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