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COLUMNISTAS / la economia del delito
domingo 10 abril, 2011

Fútbol para Todos, seguridad para nadie

En un contexto de bonanza, resulta imperdonable la falta de policías y los dislates de la seguridad en manos de agentes que cobran adicionales, sobre todo mientras, en paralelo, se promueve una fiesta consumista.

por Redacción Perfil

El Gobierno nacional argumenta que “dejó de custodiar edificios pertenecientes al Gobierno de la Ciudad para que esos policías tengan más presencia en la calle, previniendo y combatiendo el delito”. La realidad, como casi siempre, es otra.
La Policía Federal dejó de proteger a ciudadanos dentro de edificios públicos peligrosos, como ciertos hospitales y escuelas. No es lo mismo.

Pero el “pecado original” es otro y viene de lejos. Existe un inexplicable “contrato” a través del cual los policías federales completan su sueldo haciendo “horas extras” o “servicios especiales” para la Ciudad de Buenos Aires. Es decir, trabajan oficialmente de policías federales unas horas, y trabajan de seguridad privada otras. Ese es el pecado original, porque un contrato puede rescindirse, mientras que la obligación primaria de la Policía Federal de proteger a los ciudadanos de su jurisdicción resulta ineludible.

La Policía Federal, mientras no se modifique la ley actual, tiene la obligación de brindar seguridad a los porteños. No puede “optar”. Y aunque esto fue “heredado”, el gobierno de Macri tiene la responsabilidad de no haber “denunciado” este contrato cuando asumió, porque no corresponde que los ciudadanos de Buenos Aires le paguemos a la Policía Federal “extras” por cumplir con su obligación. Y el Gobierno nacional es responsable de la decisión de retirar a las fuerzas policiales de su tarea específica como si, insisto, estuvieran custodiando un monumento, y no a médicos, enfermeras, pacientes, familiares, docentes y alumnos.

Un policía tiene que trabajar las horas razonables para cumplir eficientemente su tarea y tiene que ganar lo necesario como para no necesitar de “changas” para vivir decentemente. Ese es el centro del problema. Si los sueldos de los policías obligan a este mecanismo absurdo de tener que contratarlos adicionalmente para que hagan el trabajo que tienen que hacer normalmente, esos sueldos tienen que cambiarse. Y además hay que tener más policías para que todos trabajen horas normales con buen sueldo.
Si hay áreas de la tarea policial que pueden ser suplidas por empleados administrativos o de otras profesiones, hay que hacerlo. Y si hay tareas en que la seguridad privada puede reemplazar o complementar la seguridad pública, también se puede hacer.

Pero esto debe ser parte de un programa coordinado de seguridad integral, y no un producto más de la campaña electoral. En la mayoría de los países, con la seguridad de las personas no se juega, por más elecciones que haya, y por más necesidad de polarizar entre “derechas” e “izquierdas” que haya.
Es ese plan el que desconocemos, y es ese plan el que tendría que estar hoy en el centro del debate político. A propósito: ¿qué plantean los tres candidatos K al respecto? ¿Qué opinan los ex jefes de Gobierno que firmaron o aceptaron la vigencia de este contrato?

A estas alturas usted se estará preguntando ¿Es esta la columna económica de los domingos? Y mi respuesta es sí. Porque, como siempre, detrás de esta historia, además de la campaña, además de la seguridad, además de la discusión mediática, hay plata, y hay plata pública. Y dónde hay plata, en especial plata pública, la economía tiene algo que decir al respecto.
Algo ya le adelanté. Lo que pone en evidencia este dislate de los adicionales y las horas extras es que no tenemos suficiente policías, y a los que tenemos les pagamos mal. Esto no es nuevo, pero en un contexto de bonanza fiscal y fiesta consumista resulta imperdonable. Más aún cuando el problema de la seguridad encabeza la lista de preocupaciones de la sociedad.

Vuelvo entonces a la discusión de siempre. Si tenemos récord de recaudación fiscal, nuestro problema es que estamos asignando mal el gasto o somos demasiado ineficientes, o “ambas asimetrías a la vez” (si descubrió el viejazo, participa de un sorteo).
Hace falta consensuar un programa integral y coordinado de seguridad entre la Nación, las provincias y la Ciudad de Buenos Aires, que incluya el tema central, el narcotráfico, y la presencia de la droga como elemento diferencial de la “inseguridad posmoderna”. De lo contrario, algunos vivos se seguirán llenando los bolsillos con el “Fútbol para Todos”, mientras otros vivos nos vacían los bolsillos y la vida con la “seguridad para nadie”.


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