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sábado 28 julio, 2012

La Realeza busca su medalla

La nieta de Isabel II, Zara Phillips, competirá en el equipo de equitación. Cómo es y ha sido la relación de las casa reales y el deporte olímpico. Fotos

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por Redacción Perfil


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Foto: AFP

Los Juegos Olímpicos, que ahora se celebran en Londres, parecen constituir una de los pocos eventos no solamente capaces de unir a la Humanidad. También tienen el poder de convertir en simples plebeyos a personas de “sangre azul”. Así, mientras la reina Isabel II tuvo ayer sus “5 minutos de fama” al participar de la ceremonia de inauguración de los Juegos con una actuación junto a Daniel Craig, su agente secreto James Bond, muchos de sus parientes de Europa mantienen estrechas relaciones con los Juegos.

Su nieta Zara Phillips -de 31 años- se prepara para competir en el equipo de equitación del Reino Unido, pero no es la primera vez que esta belleza rubia participa en unas Olimpiadas: En 2008 estuvo Pekín, compitiendo con su caballo “Toytown”, con el que ganó Campeonato Mundial en Aquisgrán en 2006. Casada con el excapitán de la selección británica de rugby, heredó el “espíritu olímpico” de sus padres: la princesa Ana de Inglaterra fue miembro del equipo ecuestre que participó en los Juegos de Montreal (1976), mientras su padre ganó la medalla de plata en Seúl (1988).

Zara asegura que no espera ningún trato diferencial y que siente la misma presión y responsabilidad que cualquier competidor: “En términos de presión, tienes que convivir con ella", dijo. "Todos los que estamos aquí hemos participado en campeonatos, unos más que otros, pero el hecho de que éstos sean unos Juegos hace que sea mejor y te da algo más para tratar de hacerlo bien”.

En esta ocasión, la nieta de Isabel II competirá con una prima lejana suya, también perteneciente a la realeza: se trata de la princesa Nathalie de Sayn-Wittgenstein-Berleburg, de sangre real alemana y danesa, sobrina de la reina de Dinamarca, que obtuvo una medalla de bronce en los Juegos de 2008. De las mismas competencias de equitación participan este año dos príncipes sauditas, Faisal Al-Shalam y Abdallah bin Mitleb, dispuestos a alcanzar el podio.

La relación entre la realeza y los Juegos Olímpicos viene de muy atrás y es muy estrecha: los hijos del rey Jorge I de Grecia colaboraron en 1896 con el Barón Pierre de Coubertin para poner en marcha la primera edición de los Juegos Modernos, en Atenas. El primer medallista olímpico de sangre azul fue el príncipe Federico Carlos de Prusia, familiar del temible Káiser de Alemania, que formó parte del equipo alemán ecuestre durante los Juegos de Estocolmo (1912).

Catorce años más tarde llegó la victoria para el príncipe Olav (Rey de Noruega desde 1957 hasta 1991), que participó de las competiciones de vela en Ámsterdam 1928 y obtuvo la medalla de oro. El segundo monarca en obtener un oro olímpico fue el rey Constantino II de Grecia, venció con el equipo nacional de su país en vela, en los Juegos de Roma (1960).

En los mismos Juegos también participó como suplente su hermana Sofía, la actual reina de España, aficionada a los deportes náuticos, y a quien se vio este viernes en el Estadio Olímpico de Stratford alentando a los atletas españoles. Su esposo, el rey Juan Carlos, compitió en los Juegos de Múnich (1972), quedando en el quinto puesto en las competiciones de vela, con un barco llamado «Fortuna».

Pero tal vez el recuerdo olímpico más grande de los españoles tiene como protagonista al hijo de Sofía y Juan Carlos, el príncipe Felipe, que en los Juegos de Barcelona (1992)  fue el abanderado de honor de los atletas de su país. Cuatro años antes fue la abanderada su hermana, la infanta Cristina, miembro del equipo español de vela, en Seúl. Mientras tanto, el esposo de Cristina, Iñaki Urdangarín, ex jugador de baloncesto y ex “yerno perfecto” del rey de España, recibió medallas de bronce en los Juegos de Atlanta (1996) y Sidney (2000).

En Mónaco, la pasión olímpica es vivida de cerca por el príncipe Alberto II y su esposa, Charlene. El soberano compitió en cinco juegos consecutivos, de 1998 a 2002, como parte del equipo de trineo, aunque nunca ganó, mientras que Charlene Wittstock ("la Sirena de Mónaco") representó a su país, Sudáfrica, en el equipo de natación de Sidney 2000, llegando al quinto puesto del relevo 4 x 100 metros.

De Medio Oriente proviene otra de las “glorias” de la equitación mundial: la princesa Haya de Jordania -medio hermana del rey Abdallah II y casada con el multimillonario Emir de Dubai- llegó a participar de las competiciones ecuestres, pero no lo hace en esta ocasión. Actualmente se dedica a preparar algunos de los caballos de carreras más exitosos del mundo.

(*) especial para Perfil.com


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