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POLICIA / Villa Gesell
jueves 18 octubre, 2012

Se cumplen dos años de la desaparición de Agostina Sorich

El caso de la nena de 12 años pone en la mira a los investigadores. Fotos.

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por Redacción Perfil


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Foto: Cedoc

Agostina Sorich tenía 12 años cuando su nombre se volvió famoso en Villa Gesell. Su desaparición sorprendió a extraños y conocidos, conmovió la tranquilidad invernal de la ciudad balnearia y dos años después permanece como una historia inquietante, que siembra dudas sobre los que la investigaron.

Fue el 15 de octubre de 2010, un viernes en el que abandonó su casa en Monte Rincón (un modesto barrio a 30 cuadras del mar y cercano a la Ruta 11), sin ropa, dinero o documentos, para irse el fin de semana a lo de la misma tía donde había pasado los últimos cuatro fines de semana. Nunca llegó.

La madre creía que estaba con la tía y ella suponía que se había quedado con su madre. Por eso, ambas se percataron de la ausencia recién el lunes 18, cuando una de las hermanas de Agostina dijo que la nena no había ido al colegio y disparó entonces la intriga en el entorno de la chica.

Esa misma noche, Andrea Sorich radicó la denuncia por averiguación de paradero en la Comisaría Primera de Gesell, lo que derivó en una investigación judicial a cargo de la UFID n°3 de Pinamar. Intervinieron más de cien autoridades policiales y judiciales y alrededor de 200 declarantes, formando todos ellos una verborrea que alimentó infinitas teorías, aunque jamás se contaron (ni se encontraron) elementos suficientes para orientar la búsqueda en una dirección determinada.

En derecho, postular muchas hipótesis es lo mismo que no postular ninguna. Más es mejor, pero demasiado es nada, y así fue como la investigación naufragó entre datos confusos, descripciones imprecisas y lugares comunes que condujeron a la deriva. El Caso Agostina es una historia intrigante y un fracaso judicial: muchos habían oído bastante pero nadie había visto nada. Y el que vio, calló o lo olvidó pronto.

“En la comisaría no me querían tomar la denuncia porque decían que había que esperar 48 horas y, además, tenía que estar presente el papá, que no quiso venir y hubo que ir a buscarlo en un patrullero”, dice Andrea, que comenzó a sospechar algo raro desde el primer momento. “Nunca hubo un operativo cerrojo en las salidas de la ciudad y esas primeras horas fueron determinantes. Me dejé llevar por la gente que tenía la causa a cargo creyendo que podía confiar en ellos”, confiesa, resignada, dos años más tarde.

La fiscalía le solicitó a Gendarmería que prohibiera la salida de Agostina del país recién dos meses después de su desaparición.

Algunos indicaban haber visto a Agostina circulando por distintos puntos de la ciudad, mientras que otros señalaban domicilios en la zona sur de Gesell en donde presumiblemente la chica podía estar por propia decisión o contra su voluntad. Se realizaron varios rastrillajes, algunos cinematográficos, todos tardíos, dejando solo la arena removida de su atildado paso por zonas que ya no estaban dispuestas a revelar sus secretos, si es que acaso los tenían.

Sin órdenes de allanamiento, los efectivos iban a los domicilios señalados con una foto, preguntando a sus moradores si habían visto a la chica en cuestión y retirándose con remanidas negativas de parte de los consultados.

“Estamos buscando a una chica que no sabemos si quiere aparecer”, dijo del Subcomisario Claudio Arnouk, una de las referencias de la investigación que meses más tarde fue procesado por su aparente vinculación en el asesinato de un delator de la policía ocurrido a principios de 2011 en la vecina localidad de Valeria del Mar. Ése episodio que también salpicó a otras autoridades involucradas en el Caso Agostina.

“No sé que pasó, pero estoy convencida de que mi hija no se fue por su propia voluntad. Mi intuición de mamá me dice que está viva y fuera de Gesell, ya que no quedó centímetro de la ciudad sin revisar”, expresa Andrea, que viaja dos veces por mes a Dolores para entrevistarse con Diego Torres, el nuevo fiscal actuante.

Increíblemente, varios siguen empecinados en creer que una nena de 12 años urdió un fabuloso plan para abandonar su naturaleza sin despedirse de nadie y extraviarse en los dominios de lo inabarcable. Dos años después, la efeméride no aporta demasiadas precisiones al respecto pero deja expuesto tamaño absurdo, como un tímido murmullo que pretende resonar en la conciencia moral de quienes aún hoy no se asumen en deuda.

(*) Especial para Perfil.com


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