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COLUMNISTAS / REVOLUCION Y DERECHOS HUMANOS
domingo 1 septiembre, 2013

Panes, penes y peces

por Redacción Perfil

El presidente venezolano Nicolás Maduro, en un lapsus linguae en el marco de sus habituales referencias religiosas, dijo que Cristo multiplicó “los penes”. Quiso decir “los peces”, pero los misterios de la lengua y el subconsciente le hicieron cometer el traspié. Cualquiera tiene este tipo de errores y no hay que darles un valor que no tienen, pero no deja de ser ilustrativo que ese lapsus sea cometido cuando el Gobierno viene retrocediendo ampliamente respecto de la época de Hugo Chávez y ha incrementado los ataques homófobos contra Henrique Capriles, principal opositor. En la campaña, y entre aplausos de sus seguidores, besó públicamente a su esposa y dijo con tono sarcástico: “porque a mí sí me gustan las mujeres”.

Más recientemente, acusó a Capriles de usar su despacho en la gobernación de Miranda para organizar orgías “denigrantes hacia la condición humana” (supuestamente homosexuales), y de integrar una red de prostitución gay, luego de que el director de Despacho y ex jefe de campaña Oscar López fuera acusado de estar vinculado a delitos de lavado y defraudación tributaria por lo cual su vivienda fue allanada. El diputado del Partido Socialista Unido de Venezuela Pedro Carreño, en el propio recinto parlamentario lanzó: “Responde, homosexual. Acepta el debate, maricón”, mientras mostraba una foto de López vestido de mujer y abrazado con otro hombre. Después “aclaró” que “el problema no es la homosexualidad (…) pueden hacer lo que quieran con su culo”, sino la implicación de opositores en una red delictiva. 

Mario Silva, desde el programa de choque La Hojilla (recientemente levantado) leyó una vez una supuesta denuncia policial contra Capriles por tener sexo en un auto con otro hombre, y dio supuestos detalles íntimos. Y mostró imágenes de un joven de la organización radical JAVU, Julio César Rivas, colocadas en un portal de contactos gay. Y con sarcasmo se preguntó; “¿habrá visto su mamá esas fotos?”. Otras veces habló de “mamagüevos hijos de puta”, pero pese a todo, Silva dijo que apoyaba a los grupos homosexuales aunque estos deben “evitar el exhibicionismo” en sus reclamos. Maduro, por su parte, aseguró que “ninguno de nosotros es, ha sido ni será homofóbico; por el contrario, la revolución ha reivindicado la libertad, la igualdad, el respeto al ser humano”. Incluso salió levantando una bandera con el arco iris.

Sin duda, presentar como antagonismo al pueblo viril contra la burguesía amariconada puede ser atractivo, pero no parece la mejor vía para combatir a la derecha y a las viejas élites desplazadas. En los años veinte, parte de la izquierda alemana asociaba la “degeneración sexual” de prominentes homosexuales nazis como Ernst Röhm –y otros de las SA– con su “degeneración política” ultraderechista delirante. En los sesenta y setenta, en Cuba, hubo una obsesiva persecución a los homosexuales –quienes eran enviados a campos de trabajo y hostigados–pero hoy esa situación cambió, en parte gracias al trabajo de Mariela Castro, la hija de Raúl desde el Centro Nacional de Educación Sexual.

En países como Argentina, Uruguay y otros se ha avanzado en los derechos civiles y se aprobaron el “matrimonio igualitario” y leyes de identidad de género de avanzada. Ojalá el lapsus de Maduro le haga ver que, a veces, las obsesiones juegan malas pasadas. Resulta poco alentador que en un proceso de cambio social y transformaciones sociopolíticas que dieron voz y dignidad a millones de excluidos se apele a recursos primitivos para combatir a opositores, más allá de cuán de derecha sean. Una revolución debe servir para elevar el debate y la cultura política. No para primitivizarla en nombre de la lucha contra la reacción.


*Jefe de redacción de Nueva Sociedad.


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