El debate por la reforma laboral llega al Congreso con un dato clave: la mayoría de los argentinos no acompaña la iniciativa. Un informe nacional de Delfos muestra que el 52% de la población está en desacuerdo, mientras que el 31,8% se manifiesta a favor y el 16,2% no tiene posición definida. El relevamiento, realizado entre el 18 y el 25 de enero de 2026 sobre 2.345 casos, confirma que la discusión se inscribe en un escenario de fuerte polarización política y social.
El principal motivo del rechazo es contundente: el 61,8% de quienes se oponen cree que la reforma implica reducción de derechos laborales y precarización. Muy por detrás aparece la idea de que solo beneficiará a grandes empresas y sectores ricos (17,6%).
Otros argumentos críticos incluyen la percepción de que no generará empleo, que aumentará la desocupación o que se impulsó sin consenso ni debate técnico. En conjunto, el diagnóstico dominante es que el proyecto podría deteriorar las condiciones laborales existentes.
Los argumentos del apoyo
Entre quienes respaldan la reforma, el eje central es la necesidad de actualización normativa. El 26,5% menciona la modernización de la legislación, el 19,2% la generación de empleo y el blanqueo, y el 14,2% considera que la reforma es necesaria en términos generales. También aparecen argumentos vinculados a la reducción del poder sindical, la baja de costos laborales y la atracción de inversiones, aunque con menor peso relativo.
Trabajo: entre expectativas y miedo
La encuesta detecta una fuerte división sobre el impacto laboral.
- 30,8% cree que generará empleo
- 31,7% piensa que destruirá puestos de trabajo
- 24,5% cree que no tendrá efecto
Esta paridad refleja la incertidumbre que rodea el proyecto y confirma que la discusión no está saldada en la opinión pública. Uno de los hallazgos centrales es que la postura frente a la reforma está más ligada a la identidad política que a variables sociodemográficas.
El estudio muestra que los votantes de Sergio Massa, Myriam Bregman y Juan Schiaretti son los más convencidos de los efectos negativos en el empleo, mientras que los votantes de Patricia Bullrich y Javier Milei presentan niveles mucho más altos de expectativas positivas. En tanto, las mujeres y las personas con mayor nivel educativo muestran mayor pesimismo respecto al impacto laboral de la reforma, lo que complejiza el mapa de apoyos y resistencias.
Las conclusiones del informe son claras: la resistencia social es mayoritaria y se explica por la valoración positiva que aún conservan ciertas condiciones del trabajo formal en Argentina. El estudio advierte que el respaldo a la reforma y su impacto en el empleo varían fuertemente según el perfil político del votante, lo que anticipa dificultades para construir legitimidad social y política en torno a la iniciativa.