En la localidad de Agua de Oro, en las Sierras Chicas, un movimiento impulsado por un filósofo, educador y productor cultural junto a artistas consagrados desafían el centralismo cultural y los estigmas sobre la juventud. Se trata de “Ya Son”, un semillero sin fines de lucro para artistas adolescentes a quienes se busca profesionalizar y dar una oportunidad en el medio. El proyecto, ideado por Jesús Silveyra, propone que figuras con trayectoria acompañen a jóvenes talentos locales con la intención de visibilizar las expresiones adolescentes que se detectan en las escuelas. Utiliza la creación artística como una herramienta de empoderamiento y de prevención.
Así, respaldado por un mentor, cada joven enfrenta después de meses de trabajo un “desafío anual” profesional, que va desde grabar en estudios hasta realizar muestras en espacios culturales.
Silveyra vive en las Sierras Chicas hace ocho años, pero lleva más de 15 trabajando en América Latina en proyectos donde convergen la educación, el arte y la innovación pedagógica. Lideró en Buenos Aires una ONG de arte y transformación social cuyo lema era “Todos somos necesarios”. “Hoy retomo esa premisa para referirme a los artistas adolescentes: ellos también son fundamentales para nuestra escena cultural y así deberíamos integrarlos”, asegura. Actualmente, divide su tiempo entre el acompañamiento a gobiernos locales en el desarrollo de proyectos educativos territoriales y la coordinación de “Ya Son”, este semillero que busca potenciar el talento emergente, tanto a nivel local como regional.
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El origen de la idea
Silveyra cuenta que la idea nació el día que fue a votar a una escuela de su pueblo. Mientras esperaba, le llamó la atención una muestra de arte estudiantil. Le impactó un retrato realizado por una chica de 16 años. “Aunque llevo años desarrollando proyectos educativos y utilizando el arte como motor de transformación, ese día se me reveló una carencia sistémica: existen muchísimos adolescentes que son artistas excepcionales pero que no cuentan con una red que los conecte, los potencie y los visibilice más allá del ecosistema escolar”, subraya.
La idea del mentoreo surgió aprovechando la gran cantidad de creadores radicados en esta zona de las sierras, con la intención de que estos referentes pudieran nutrir a los más jóvenes, acompañando sus procesos creativos con la experiencia del oficio.
El artista visual Mateo Argüello Pitt, licenciado en Pintura y residente en Agua de Oro, suma su apoyo a este espacio que rescata el contacto de los adolescentes con el arte. En este momento acompaña a Angelina, una joven pintora, en su proceso de producción plástica. “La dinámica consiste en observar en reuniones mensuales lo que está pintando, analizarlo en relación a sus potencialidades y sugerir herramientas prácticas plásticas en las cuales investigar”, explica. Lo más importante -agrega- es respetar la individualidad de cada joven, intentar descubrir cómo profundizar sus singularidades y potenciar su expresividad.
Cristal Farías (18) hizo su primera exposición de pintura (titulada “Los ojos de Cristal”) en diciembre pasado. Argüello Pitt fue su mentor. “Me sirvieron sus consejos para mejorar los dibujos que hago y también su punto de vista para saber qué interpreta alguien que lo ve desde afuera”, destaca.
Para Mateo Salo Gira López, apasionado por el canto, estos referentes ayudan también a confiar más en uno mismo. “Nos aconsejan, nos motivan y siempre buscan sacar lo mejor de nuestro lado artístico. En mi caso, me ayudaron a perder la vergüenza al cantar y a animarme más a expresar lo que siento. Hicieron que mi imaginación creciera y que pudiera ver nuevas posibilidades”, valora. Mateo asegura que este acompañamiento transformó su forma de ver el arte y sus capacidades. “Antes sentía que mi lado artístico estaba un poco apagado, pero gracias a ellos volví a conectar con esa pasión que tenía desde chico. Me enseñaron a confiar más en mí, a no tener miedo de expresarme y a disfrutar nuevamente de lo que hago”, señala.
Acompañamiento
“Ya Son” es un semillero de acompañamiento artístico; no es una escuela ni un taller. No tienen un lugar físico fijo ni dan clases magistrales. Lo que pretende es conectar a jóvenes que ya poseen una búsqueda estética con artistas experimentados que los reciben en sus propios estudios, talleres o escenarios. La idea es que lleguen a hitos concretos: grabar en un estudio, montar una muestra individual o estrenar una obra de teatro. “El talento no es una promesa a futuro: hay muchos adolescentes que ‘ya son artistas’. Es sólo cuestión de que los veamos, les demos espacio y, por supuesto, los tomemos en serio, sin importar su fecha de nacimiento”, sostiene Silveyra.
Además del apoyo individual, se busca formar una comunidad, potenciando un colectivo de artistas adolescentes locales. “Nuestra visión es que esta propuesta sea federal y llegue al interior de las provincias, generando una red de talento argentino que ya está acá y que sigue llegando”, apunta Silveyra. Para lograrlo, los impulsores trabajan junto a docentes de arte, talleristas y referentes comunitarios para identificar quiénes tienen ese fuego artístico y conversar con sus familias.
Las tres barreras
Silveyra asegura que existen tres barreras principales que impiden a los jóvenes del interior llegar a los grandes escenarios del país: la geográfica, la económica y, la más invisible de todas, “la adulta”. “Muchas veces el sistema mira al adolescente como alguien que recién ‘va a ser’ artista algún día, negándole el acceso a los espacios de legitimación hoy. Falta infraestructura que entienda sus lenguajes y valide su mirada sin caer en la infantilización”, sostiene.
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“Hay muchísimos adolescentes con un talento increíble que hoy pasan totalmente invisibles, que no encuentran los espacios para mostrarlo”, agrega.
La expresión artística también actúa como una herramienta de empoderamiento y de prevención frente al impacto de las pantallas. “La hiperconexión digital muchas veces condena a los adolescentes a una posición pasiva: son consumidores de algoritmos diseñados por otros. La profesionalización artística les da vuelta el juego, los saca del rol de espectadores y los pone en el rol de creadores de su propia realidad”, dice Silveyra.
En este sentido, explica que cuando un adolescente discute su obra con un mentor, lidia con el tiempo que lleva secar un óleo o grabar una toma, recupera algo que la red le quita: la paciencia, el contacto con el error y la presencia física. “Tener un proyecto propio, algo que te pertenece y que querés mostrar al mundo, genera un sentido de propósito. Ese propósito es el mejor antídoto contra la ansiedad, el vacío y la soledad que a veces genera el mundo digital. El arte les da una voz propia para narrar lo que les pasa”, agrega el impulsor.
Sostiene, además, que sentirse valorado por un adulto al que admiran y ver su obra en un espacio profesional les devuelve una imagen de sí mismos mucho más potente y real que cualquier like en una red social. “Creo que es una herramienta de salud mental porque los vuelve a conectar con el mundo real, con sus deseos y con su comunidad", concluye.
Historias en primera persona
Cristal Farías (18) es estudiante de Diseño de Indumentaria, y el año pasado hizo su muestra de pintura en la Casona Histórica de Ismeria, un espacio cedido por el municipio de Agua de Oro, donde permaneció un mes en exposición.
“Mostrar mis creaciones me daba nervios porque era algo muy personal, pero también sentí orgullo y felicidad de poder compartir mi trabajo con otras personas”, comparte. Su expectativa es seguir aprendiendo, mejorar sus habilidades. “El semillero me parece una idea muy buena porque da oportunidades a los jóvenes para expresarse y seguir creciendo como artistas. En lo personal, me permite aprender, ganar experiencia y sentirme más segura con lo que hago”, apunta la joven que desea combinar el diseño de indumentaria con el arte.
Mateo Salo Gira López cursa sexto año del secundario en IPEM 387 de Agua de Oro en la especialidad de Arte. “Desde chico el arte fue una parte muy importante de mi vida, especialmente el canto, porque siempre encontré en él una manera de expresarme y transmitir lo que siento. Mis papás me apoyaron mucho desde el principio y gracias a eso nunca dejé de cantar”, cuenta.
Considera este proyecto como una oportunidad que lo ayuda a crecer, aprender y conectar más con su lado artístico. Su mentora es la cantante Coty Donadei. “La propuesta nos da un espacio para expresarnos, crear y demostrar lo que somos capaces de hacer como artistas. Creo que también nos ayuda a conocernos más a nosotros mismos y a confiar en nuestras capacidades. Siento que me ayuda a creer más en mí y en todo lo que puedo lograr a través del arte”, subraya el adolescente, que planea estudiar psicología sin abandonar la expresión artística.
Más información: IG: @ya_son_artistas. Mail: [email protected]