martes 06 de diciembre de 2022
CULTURA Critica

El compromiso de la mística

15-12-2019 18:49










La serie de textos aquí presentados de Simone Weil fueron incluidos en el primer tomo de las obras completas editadas por Gallimard, y que por vez primera vez han sido traducidos a nuestro idioma.

Los primeros de ellos, fechados en la clase de Alain, su maestro entre 1925 y 1928, persiguen un fin específico: establecer el ejercicio de la buena escritura mediante la relación dialógica entre diversas ideas y autores.

Así, y de forma pionera, Weil fue capaz de establecer mediaciones muy amplias, entre los pensadores clásicos como Platón, el pensamiento oriental y los cuentos populares de los hermanos Grimm (artificio luego explotado por los culturalistas y la antropología interpretativa).

En esta primera parte encontramos, además, el diálogo entre las sagradas escrituras (“Yo soy el pan de la vida”) aunque concebidas de forma platónica, por su belleza eterna, por su evidente verdad; así como el sentido negativo e intercambiable entre naturaleza y poesía –ambos territorios mudos– en la obra de Alfred de Vigny.

La segunda parte del volumen refleja lo que posteriormente se fue desarrollando en la escuela francesa de la percepción, un intento de superar la percepción vulgar frente al reduccionismo metodológico cientificista. De la misma forma que Maurice Merleau-Ponty, Weil fue una gran lectora de Descartes, y para llegar a lo indeterminable optó por el mismo camino, la verdad, discernible solo entre lo que es bello: “De entre los objetos existentes, solo el cuerpo humano tiene el poder de afectar a un alma”.

La tercera parte de este volumen, “Ciencia y percepción en Descartes”, profundiza con matices plenamente creativos la doctrina cartesiana, advirtiendo: “No tengamos ningún escrúpulo comentado a Descartes. Escuchemos a ese pensador ficticio”.

El último apartado, “Temas diversos”, inicia un diálogo entre la teoría del conocimiento y la perspectiva política, faceta revolucionaria muy conocida de Weil, en textos como “La división del trabajo...”, donde las contradicciones fundamentales se encarnan por encima de la abstracción: “El trabajo es una acción indirecta del espíritu sobre el mundo, y puede medirse, bien en relación con el espíritu, bien en relación con la materia”.

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