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CULTURA / palabras finales XI
domingo 21 junio, 2015

El enigma del traductor fantasma

Una fija: la historia de la literatura está plagada de toda suerte de equívocos. Entre ellos, el de la autoría del poema “Instantes”, atribuido a Borges, por la culta dama mexicana Elena Poniatowska, ha sido uno de los más insignes. Chapuza, confusión o fechoría, la realidad es que ese poema mediocre, famoso más que cualquier otro poema del bardo más grande de Palermo, sigue cabalgando el horizonte sin rumbo fijo.

por Redacción Perfil

default Foto: Cedoc
domingo 21 junio, 2015

Si uno guglea o, quizá mejor dicho, tipea “el último poema de Borges” en la barra de Google, las primeras tres o cuatro páginas mostrarán como resultado más de diez sitios de internet y algunos videos en YouTube donde se reitera que fue Instantes, aquel que empieza diciendo “Si pudiera vivir nuevamente mi vida/ en la próxima trataría de cometer más errores”. Sólo dos o tres sitios, incluido Wikipedia, advertirán que esa atribución es falsa, si bien en algún caso incluirán el poema completo justificando su publicación “por las numerosas búsquedas del mismo”. Cuántas personas seguirán creyendo que lo escribió Jorge Luis Borges (1899-1986) es algo imposible de calcular, sobre todo si cada tanto reaparece alguien que vuelve a enviarlo por mail o mostrarlo en una fotocopia. O si todavía se reeditan libros de ensayos como Borges y México, que debió ser retirado del mercado en 2012 porque contenía un texto de Elena Poniatowska en donde se insistía en la autoría borgeana de ese verso.

La falsedad fue revelada hace un cuarto de siglo por los reclamos de María Kodama, naturalmente. En Argentina, fue la revista Uno Mismo la primera que publicó Instantes en noviembre de 1988; según Juan Carlos Kreimer, director de esa revista , el texto llegó de la mano de Luis Frejtman, fundador de una escuela y una organización ecologista llamada Fundación Elpis, de Aguas Claras, provincia de Córdoba. Dice Kreimer que el poema le resonó parecido al famoso El remordimiento. Al poco tiempo, de los lectores new age pasó al campo literario: la prestigiosa revista mexicana Plural, fundada por Octavio Paz, incluyó Instantes en mayo de 1989, junto a una nota titulada “Un poema a pocos pasos de la muerte”. Para rematarla, una de las revistas literarias más serias de Canadá, Queen’s Quarterly, publicó en 1992 una traducción al inglés de ese verso, titulada Moments por Alastair Reid, respetado poeta y traductor escocés de Borges. Parece que Reid no sabía que el texto original ya venía del inglés, que era más extenso y estaba totalmente en prosa, según fue descubierto más tarde.

Por intimación de la Fundación Jorge Luis Borges, la revista Uno Mismo debió rectificarse y publicar una nota aclaratoria firmada por la propia Kodama. Allí se planteó que la verdadera autora de Instantes había sido una poetisa de Kentucky llamada Nadine Stair, de una edad cercana a la de Borges, lo cual explicaría la frase final del verso: “Pero ya ven/ tengo 85 años/ y sé que me estoy muriendo”. Esta otra leyenda fue más tarde desmitificada por la periodista Joannie Liesenfeld, quien viajó a Kentucky para descubrir que la supuesta poeta tampoco había existido nunca, aunque su nombre y apellido coincidieran con una tal Nadine Strain (1892-1988) de Louisville, Kentucky, cuya familia afirma que jamás escribió un poema y menos aun aquel atribuido a Borges. Entretanto, el Borges Center, que en los años 90 estaba en Dinamarca y hoy está en la Universidad de Pittsburgh luego de pasar por Iowa, siguió recibiendo miles de consultas sobre la autoría del verso en cuestión.

En 1999, Iván Almeida, investigador de ese centro, sostuvo que el autor de algo parecido a Instantes había sido el humorista, ilustrador y dibujante norteamericano Don Herold (1889-1966). En prosa, el texto If I had my life to live over (Si pudiera vivir de nuevo mi vida) fue publicado en la revista Reader’s Digest en 1953, aunque en realidad se trataría de una nueva versión de otro publicado bajo el título I’d pick more daisies (Recogería más margaritas) en la revista College Humour en la década del 30. Lo cierto es que Don Herold, quien tuvo dos hijos, vivió en Los Angeles y Nueva York y murió en el estado de Florida a los 77 años, luego de realizar una enorme producción en revistas y libros de cartoons en inglés, probablemente no presentaría mayor interés entre los lectores de habla hispana si no fuera porque alguien, un traductor o traductora fantasma, utilizó (pirateó) fragmentos de su prosa para armar un verso que tituló Instantes y se lo atribuyó a Borges.

Hoy muchos siguen pisando el palito. Como Elena Poniatowska, quien finalmente reconoció su error luego de que Random House retirara el libro Borges y México de circulación por culpa de la inclusión de una entrevista que ella le hizo a Borges en 1973. Según Poniatowska, Borges había escuchado atentamente la lectura en voz alta de Instantes y la del célebre poema El remordimiento (aquel que dice: “He cometido el peor de los pecados/ que un hombre puede cometer. No he sido/ feliz”). Y parece que Borges reaccionó con cierta incredulidad, aunque no por la autoría de los textos sino por el contenido que de alguna manera conecta a ambos, al auténtico y al que ahora conocemos como apócrifo. Borges le habría dicho a Poniatowska: “¿Qué puede importarme ser desdichado o feliz? Eso pasó hace ya tanto tiempo”. La cuestión es que el tiempo pasa, los mitos quedan y el fantasma del traductor que enredó la memoria de la obra borgeana sigue siendo un enigma. Claro que también lo es averiguar qué escribió Borges, si algo, en sus últimos días de vida en Ginebra.


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