3rd de March de 2021
DOMINGO medios y seguridad
27-12-2020 01:32

Esa preocupación ciudadana

Brenda Focas*
27-12-2020 01:32

Pocos temas nos interpelan tanto como la seguridad. Nos movemos con precauciones por el entramado urbano, estamos atentos a las zonas y los horarios, procuramos no llevar elementos de valor e incorporamos a nuestra vida diaria dispositivos preventivos, como rejas o alarmas. Pensamos que no estamos exentos de ser las próximas víctimas de la inseguridad, y en pos de esa creencia consumimos noticias policiales, nos informamos sobre las modas delictivas, reenviamos mensajes de WhatsApp que alertan sobre sospechosos rondando por el barrio, evitamos salidas y encuentros que serían potencialmente peligrosos. 

Cuando comenzamos este trabajo, en 2011, la inseguridad era el principal tema de preocupación para la opinión pública, solo competía con cuestiones económicas en algunos períodos, pero insistía en mantenerse en el centro de atención. Hoy, el tema sigue estando entre los problemas más importantes para los argentinos, pero nos encontramos con una agenda de la seguridad más amplia que se cruza con medidas de higienismo decimonónicas y de control sanitario. En gran parte de Latinoamérica, las policías han actualizado viejas prácticas, incluso con el uso de fuerzas punitivas y totalitarias, ya no para combatir el delito, sino en nombre del cuidado de la salud. Tal como antes, ahora existe un reposicionamiento del tema de la seguridad en la agenda pública, política y mediática, y nuevas aristas significativas del debate emergen en torno a él. 

La pretensión de este libro, entonces, es mostrar los modos en que ciertos actores sociales, en determinados contextos, se posicionan en un lugar privilegiado dentro del espacio público, y cómo algunos relatos mediáticos sobre la seguridad logran una mayor aceptación y legitimidad social. Así, en estas páginas el/la lector/a encontrará un recorrido entre dos temas controvertidos: el consumo de noticias y las percepciones de la seguridad/inseguridad. 

Los procesos de recepción de las noticias tienen principalmente dos dimensiones, una cognitiva y otra emocional/afectiva, que surgen cuando miramos, leemos, escuchamos, en fin, consumimos información. Cuando las noticias tienen componentes de violencia y/o riesgos, el motor emocional se intensifica dando lugar a una serie de sentimientos subjetivos experimentados. Esto se vincula con que los riesgos no se expresan siempre como cálculos de probabilidades, sino también como experiencias de incertidumbre. El límite entre el miedo representado y el miedo experimentado se vuelve difuso.

La exposición constante a noticias de riesgos y miedos profundiza sensaciones de victimización, de malestar y de vulnerabilidad personal. Los medios promueven así una victimización indirecta; es decir, la percepción de que podemos ser las próximas víctimas del delito, pero también de un virus. Desde este enfoque pretendemos reflexionar sobre los comportamientos y creencias en torno a los riesgos y a la inseguridad, así como analizar los efectos que muchas veces llevan los procesos de (sobre) información. 

En este libro abordamos el tema de la inseguridad como preocupación ciudadana estable y problema público, focalizando en el rol de los medios de comunicación en tanto dimensión relevante en la construcción del fenómeno. La indagación se contextualiza en un escenario local con tasas criminales relativamente estables (altas, si las comparamos con décadas pasadas) y elevados índices de temor al delito. Este panorama, que muestra que no hay una relación causal o directa entre ambas dimensiones, da lugar a explicaciones relacionadas con una configuración sociocultural del delito. 

En este escenario de discusión pública, los medios se erigen como voces legitimadas para la intervención, constituyéndose en “propietarios” del problema de la inseguridad, en tanto actores con capacidad de influir en definiciones, responsabilidades y soluciones sobre un tema que acapara gran interés del público. Así, no solo resultan relevantes las posturas explícitas de los medios, sino también los criterios de selección, edición y categorización de las noticias. (…)

Los estudios locales sobre el cruce entre medios e inseguridad han analizado las representaciones o los contenidos de las noticias, considerando las recurrencias y las operaciones mediáticas que estas promueven. La especificidad de esta investigación radica en proponer una mirada desde la recepción; es decir, desde los modos en que las audiencias se posicionan frente al tema. Repensar la incidencia de los medios sobre la seguridad implica una visión de estos como actores públicos más que como instrumentos de adoctrinamiento de conciencias y manipulación de prácticas. Por eso, no buscamos en este trabajo encontrar respuestas categóricas sobre los efectos de los medios en el sentimiento de inseguridad, sino en todo caso vislumbrar entramados discursivos mediáticos que se condensan en experiencias y prácticas vinculadas con el delito.

Sabemos que la exposición constante a noticias de riesgos y miedos profundizan sensaciones de victimización, de malestar y de vulnerabilidad personal. Incluso la proliferación de memes, videos y bromas equilibra la dimensión emocional (provoca risas), pero no logra apartarnos de la omnipresencia del mismo tema. Nos movemos como audiencias entre el entretenimiento, la angustia y la seguridad, en un mundo que se presenta inestable.

El escenario de los medios y la seguridad se ha complejizado con la explosión de las redes sociales, de las fake news, las false news, y con noticias constantes que nos interpelan en un vaivén entre la sobreinformación y la desinformación. La duda que persiste, y que vuelve a ponerse en evidencia cuando emergen situaciones como el Covid-19, es si podrán regularse los contenidos mediáticos, capacitar el trabajo periodístico y promover audiencias críticas. 

En relación con los públicos, el trabajo muestra que hemos adquirido herramientas y competencias para decodificar las noticias, desconfiamos de la información, armamos la noticia con distintas fuentes y persiste cierto distanciamiento reflexivo con los medios. Pero este conocimiento convive, a la vez, con un fetichismo en el consumo de medios como nunca antes habíamos experimentado. En esta vorágine de relatos, visibilizar las intersecciones entre la agenda mediática, política y pública resulta crucial para todo análisis social. 

*Autora de El delito y sus públicos. Inseguridad, medios y polarización, Unsam Edita (fragmento).

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